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Gogoan-por una memoria digna

~ Gogoan-por una memoria digna trabaja por una memoria que deslegitime la violencia y que sea pedagógica para prevenir situaciones como las vividas en Euskal Herria los últimos 50 años.

Gogoan-por una memoria digna

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«Eskerrik asko eta barkatu»

23 domingo Feb 2020

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Discurso de Lourdes Oñederra pronunciado en el acto «In Memoriam» por el XX aniversario del asesinato de Fernando Buesa y Jorge Díez.


«Eskerrik asko eta bartatu»

Lourdes Oñederra – El Mundo

Errazak dira gaur lehenengo hitzak: eskerrik asko. Eskerrik asko Nati, Sara, Marta, Carlos; eskerrik asko, Begoña, José Antonio, Lorena. Agradezco, abrumada por el privilegio, la oportunidad de expresarme hoy aquí.

Gracias, muchas gracias a las víctimas del terrorismo vasco que nos han enseñado que la convivencia puede ser mejor, que se puede responder a la violencia sin violencia, gracias a quienes nos han demostrado que el ser humano puede llegar a comportarse con esa dignidad.

muchas gracias a las víctimas del terrorismo vasco que nos han enseñado que la convivencia puede ser mejor, que se puede responder a la violencia sin violencia, gracias a quienes nos han demostrado que el ser humano puede llegar a comportarse con esa dignidad.

En lo que sigue voy a compartir unas reflexiones a partir de mi propia biografía, no porque tenga nada de particular, sino precisamente porque podría ser la de otras muchas personas del País Vasco, cada una con sus particularidades, pero que en lo que les es común, en sus zonas de intersección, representan a la mayoría de esta sociedad.

Para esbozar mi perfil en pocas líneas diré que me crié en una familia nacionalista en la que se me hizo entender por qué no estaba bien celebrar el asesinato de Carrero Blanco como era habitual en nuestro entorno, yo tenía 15 años. Luego fui de Elkarri-Lokarri, algo tampoco demasiado común en mi ambiente. Después, demasiado tarde, fui miembro de Gesto por la Paz, algo que marca un salto cualitativo en mi vida y que es una de las mejores cosas que he hecho. Ahora soy miembro de la asociación Gogoan por una memoria digna. Por lo demás fui, soy, una de tantos.

 

Silencios

Cito del libro, imprescindible, de Ana Rosa Gómez Moral[1]:

«Allí estaba el terrorismo, sus ejecutores y los que les exhortaban. Allí estaban las víctimas, muchas de ellas sin más papel que morir. Allí estaba la sociedad, omisa y extraviada.»

En esa sociedad, omisa y extraviada… estaba yo, estábamos muchos. Como sociedad, en conjunto y salvo honrosas excepciones, no hemos hecho lo suficiente, desde luego no lo hicimos a tiempo; aún hoy seguimos sin romper silencios. Hubo miedo, pero creo que muchos, muchas de nosotros no nos callamos por miedo, no al menos por miedo directo a lo que nos pudiera pasar; fue más bien el miedo al entorno inmediato, cedimos a la presión directa o indirecta de los compañeros de clase, de trabajo, de los parientes, de los amigos. La perversión moral que esta sociedad ha sufrido no ha funcionado en abstracto. Impregnaba y aún impregna bares, cuadrillas, lugares de trabajo, asociaciones deportivas. Callamos…

fue más bien el miedo al entorno inmediato, cedimos a la presión directa o indirecta de los compañeros de clase, de trabajo, de los parientes, de los amigos. La perversión moral que esta sociedad ha sufrido no ha funcionado en abstracto. Impregnaba y aún impregna bares, cuadrillas, lugares de trabajo, asociaciones deportivas. Callamos…

…Por el euskera, por el franquismo, por la relaciones familiares, por las de cuadrilla, por las de trabajo, porque también los otros… El caso es que hemos preferido callar, o no nos hemos atrevido a no hacerlo y, a ratos al menos, hemos conseguido no ser conscientes de que lo hacíamos. (Oí una vez a Sara hablar de la burbuja de la vida cotidiana)

Fuera lo que fuera hay que decirlo, nos lo tenemos que confesar a nosotras mismas. «Que no se repita», decimos, como si sólo con decirlo exorcizáramos el peligro. ¿Qué legado dejamos a las siguientes generaciones, qué les vamos a contar si no nos lo contamos a nosotros mismos? ¿Cuáles van a ser las raíces de los nuevos árboles, si no les hablamos de corazón? ¿Van a tener que hacer comisiones de la verdad para reconstruir lo que ocurrió? Y ¿para poder entenderlo? Si quienes lo vivimos en directo estamos aún aquí, esa parte nos toca a nosotros. Tenemos una responsabilidad histórica: somos quienes podemos hacer que permanezca viva la conciencia de lo ocurrido, del mal. Esa conciencia sería el mejor antídoto para que el horror no se repita.

¿Qué legado dejamos a las siguientes generaciones, qué les vamos a contar si no nos lo contamos a nosotros mismos?

No vale denunciar los silencios tras la Guerra Civil para hacer lo mismo nosotros ahora. No tenemos la más mínima excusa. Si no lo hacemos, nadie lo podrá hacer igual. No debiéramos cargar a las siguientes generaciones con una responsabilidad que nos corresponde. Ya nos hemos «escaqueado» bastante.

Mientras vivimos… inoiz ez da ezer erabat bukatzen: bizi izan duguna, gertatu zaiguna. Egin duguna eta ez duguna, zintzilik daramagu beti. Hor dago, begibistan edo estalita, baina hor, norberaren baitan. (Decía Lourdes Pérez que cada cual lleva su mochila.)

¿Quién va a decir, cuándo, que lo que ETA ha hecho es responsabilidad directa de ellos, pero que además tiene que ver con cada una, cada uno de nosotros, con lo que dije o dejé de decir, con lo que hice o no hice? No se trata de fustigarse, sino de tomar conciencia cada individuo, de ser conscientes. Sólo así surgirá una sociedad mejor, es decir, una comunidad de personas que ha aprendido, que ha avanzado por su reconocimiento de lo ocurrido… no de lo ocurrido a otros, ni al nosotros colectivo frente a los otros, sino a cada individuo, de lo que nos ha pasado a cada una, a cada uno de nosotros. Sólo desde esa actitud tendría sentido decir que «todos hemos sufrido» porque, cuando ETA actuaba, quienes no hemos sido víctimas, mientras no nos acercábamos a ellas, perdíamos dignidad como seres humanos.

No se trata de fustigarse, sino de tomar conciencia cada individuo, de ser conscientes. Sólo así surgirá una sociedad mejor, es decir, una comunidad de personas que ha aprendido, que ha avanzado por su reconocimiento de lo ocurrido…

¿Qué nos ocurría?

Quienes nos dedicamos a la lingüística y, dentro de la lingüística, a la fonología, sabemos que los seres humanos no percibimos (aunque los produzcamos) aquellos sonidos que nuestra lengua no necesita para distinguir significados. Así, hay por ejemplo, un tipo de «s» que no distinguimos quienes tenemos como lengua primera el euskera, el español o ambas. Sin embargo, en francés es suficiente esa «s» para distinguir, por ejemplo, pez de veneno. Se podría decir que no se percibe aquello que no nos es lingüísticamente necesario. Haciendo una analogía diría que durante mucho tiempo una gran parte de esta sociedad hemos podido hablar la lengua de la opulencia, del bienestar, de lo bien que se vive aquí. Nos pudimos callar porque nos iba bien así. La sociedad vasca ha sido un lugar cómodo que nos ha permitido «no meternos en líos». Pudimos hacer como que la solución a la violencia no iba con nosotros, nuestra percepción fue, en el mejor de los casos, parcial: se nos abotargó la conciencia. Alberto Surio habla de «una conciencia mutilada«. Y ahora que la violencia ha cesado, me temo que el abotargamiento se afianza. No tiene paralelo desde luego en la creciente sensibilización de la sociedad ante otras violencias como la machista, el acoso escolar, los abusos de menores, las consecuencias de la precariedad laboral, todas ellas causas que tienen precisamente en la sociedad vasca una visibilidad particular. Algo de lo que enorgullecernos. Supongo. Pero, junto a eso…

Nos pudimos callar porque nos iba bien así. La sociedad vasca ha sido un lugar cómodo que nos ha permitido «no meternos en líos». Pudimos hacer como que la solución a la violencia no iba con nosotros,

Durante 25 años las comparsas de la tamborrada de San Sebastián han pasado por delante del bar donde asesinaron a Gregorio Ordóñez como si aquello no hubiera ocurrido y los demás hemos comido deliciosos pinchos allí mismo sin que nos temblara nada y a eso le hemos llamado ambiente, buen ambiente.

Los profesores de la Universidad del País Vasco mayormente hemos vivido en silencio, dando nuestras materias como si nada, salvo las muy honrosas excepciones, que han tenido a menudo que marcharse. No se les ha hecho ningún homenaje.

No hemos sido conscientes de la atrocidad, no calibramos el horror porque no estábamos con la víctima, no la veíamos, no estaba presente en nuestra vida. Sin duda, una gran parte de esta sociedad tuvo menos dificultad en percibir el sufrimiento de los presos de ETA, la injusticia de las torturas, la dureza de los exilios o el terrorismo de Estado. Eso sí formaba parte de nuestra vida.

No hemos sido conscientes de la atrocidad, no calibramos el horror porque no estábamos con la víctima, no la veíamos, no estaba presente en nuestra vida. Sin duda, una gran parte de esta sociedad tuvo menos dificultad en percibir el sufrimiento de los presos de ETA, la injusticia de las torturas, la dureza de los exilios o el terrorismo de Estado. Eso sí formaba parte de nuestra vida. Estaba en la calle, en las paredes de los bares y la decoración popular de las fiestas. Por eso y por lo que hoy nos reúne, quiero hablar de nuestra pasividad ante la violencia de ETA, de ésa que aparentemente era como la «s» francesa en esta sociedad. En ese sentido, en el Manifiesto firmado por mi gran maestro Koldo Mitxelena y otros 32 en 1980, titulado con optimismo «Aún estamos a tiempo» se leen las trágicamente clarividentes palabras:

«la violencia que ante todo nos preocupa es la que nace y anida entre nosotros, porque es la única que puede convertirnos, de verdad, en verdugos desalmados, en cómplices cobardes o en encubridores serviles.»

Palabras

Junto a nuestro silencio ante el horror, han estado las palabras (públicas, cotidianas), arropándolo consolidándolo, sosteniéndo la inercia. Palabras insensatas. Hablar se dice en euskera hitz egin, literalmente ‘hacer palabra’ y las palabras se hacen ligando una forma a un contenido y viceversa. El lenguaje humano tiene dos funciones básicas, la comunicativa y también la cognitiva, esa ligazón entre forma y contenido participa en la formación del pensamiento y a menudo está contaminada por la manipulación interesada de ese pensamiento.

No vamos bien cuando el pronombre nosotros no rebota en un vosotros, sino en un ellos, los otros.

– cuando circulan palabras como españolista, de denotación brumosa y connotación envenenada.

– cuando se acepta la utilización de gudari, tanto para referirse a quienes se alzaron a favor de la República contra los golpistas como para referirse a los terroristas.

– cuando no se sabe distinguir conflicto de violencia,

– cuando contextualización equivale a justificación.

– cuando se llama equivocación a lo que fue una opción, la de considerar que la vida humana valía menos que la idea de patria de unos cuantos.

Si son molinos de viento, son molinos de viento, no gigantes. Digámoslo. Puede ser divertido hablar de gigantes, puede dar mucho juego en literatura; las metáforas, las imágenes están muy bien en poesía y la poesía tiene su valor, pero no nos conviene hacer poesía cuando lo que hay que hacer es otra cosa. Hay que intentar que nuestras palabras se atengan a su significado y su significado a la palabra. No podemos quedarnos, por ejemplo, en vaguedades como que todos hemos sufrido, en inexactitudes como aquí ha habido un conflicto como si hubiera ocurrido una glaciación. Aquí ha habido agentes y pacientes, asesinos y asesinados, extorsionadores y extorsionados, ha habido quien ha apoyado a los asesinos y extorsionadores, ha habido gente, valiente, que se ha opuesto a ellos y ha habido otra mucha gente que nos hemos quedado (en distintas maneras, circunstancias y grados) mirando a otro lado.

Hay que intentar que nuestras palabras se atengan a su significado y su significado a la palabra. No podemos quedarnos, por ejemplo, en vaguedades como que todos hemos sufrido, en inexactitudes como aquí ha habido un conflicto como si hubiera ocurrido una glaciación

La violencia tuvo a favor, además de sus instigadores intelectuales, además de quienes llevaron a la práctica las acciones criminales y además de quienes las apoyaron políticamente, el silencio de casi todos los demás, nuestra pasividad.

Euskal kultura

Hemen gaizkileak egon dira, beraiek nahi bezalakoa ez zena hil egin dutenak. Batzuek ez dituzte gaizkiletzat hartu: «askatasun haizea» dio Hertzainak-en kantak. Beste batzuek bai, baina ez gara gaizkileek kaltetuengana hurbildu, ez ditugu gutakotzat hartu, gurekin zerikusirik izan ez balute bezala, kaltea besterena balitz bezala.

Acabo de mencionar una canción vasca que oíamos con emoción en los últimos 80 y en los 90. ¡Cómo no compadecerse de quien espera en soledad al lado de la cama vacía de la hija, del marido o el hijo encarcelado a muchos kilómetros de distancia! Cómo no entristecerse con eso. Es bueno que sea así, seríamos monstruos si no lo fuera. Lo grave es que cuando yo, fan de Hertzainak desde sus comienzos, oía a Gari cantar aquello en un concierto, ni me acordaba ni me compadecía de esas otras madres que habían perdido al hijo asesinado, no pasaba por mi mente la imagen de esas otras camas vacías. Taupadak gure bihotzean, como si no latiera también el corazón de tantos hermanos, hijas, parejas de todos aquellos que ETA luchando por el pueblo vasco, su cultura, su independencia mataba inmisericorde. Gure bihotzean, a nuestro corazón sólo se añadían unos latidos y no los otros, latíamos con los encarcelados y no con los asesinados. Sentimentalismo frente a sentimiento humano, afectividad de trinchera.

‘Gure bihotzean’, a nuestro corazón sólo se añadían unos latidos y no los otros, latíamos con los encarcelados y no con los asesinados

Me digo esto intentando sacudir diacrónicamente mi yo de entonces preguntándome qué me pasaba y me preocupa particularmente pensar que hoy aún hay gente a la que le sigue pasando lo mismo. Pienso, por ejemplo, en quienes han actualizado esta misma canción adecuando el número de camas vacías al número de presos actuales para corearla en plazas de pueblos vascos las pasadas Navidades. Esa bella canción sigue sosteniendo la creencia de que ignorar el mal causado puede ser «askatasun haizea» ‘viento de libertad’. Estamos contaminados.

El foso

Recurro (perdón por el egocentrismo y por la repetición) a dos anécdotas, que suelo repetir, porque fueron verdaderas epifanías para mí. Una se refiere a cuando dediqué un premio a la memoria de las víctimas de ETA; alguien vino a decirme que no estaba mal que lo hubiera hecho, pero que cómo se me había ocurrido decirlo delante de los otros…. La otra anécdota es de cuando, tras una reunión extraordinaria del Consejo Asesor del Euskera del Gobierno Vasco por el cierre del diario Egunkaria, otro miembro del Consejo, me recordó la parábola del hijo pródigo para explicarme por qué el Consejo había participado como tal en la gran manifestación en contra del cierre del periódico, pero no había protestado por el asesinato de Joseba Pagazaurtundua ocurrido veinte días antes de esa reunión. Quien cerraba el periódico -me dijo- no era de los nuestros, quien había matado a Joseba sí, aunque estuviera equivocado. Ese foso abierto entre el mundo nacionalista y el no-nacionalista es más profundo que el existente entre violentos y no-violentos. Ahí creo que ETA sí ha conseguido algo, algo que no es bueno. Amparada en el ultranacionalismo, apoyada en ignorancias interesadas o ingenuas, cuando no directamente en el miedo, ha conseguido afianzar en nuestra sociedad la sensación de que no ser nacionalista es algo que habría que justificar. Nuestro silencio lo ha legitimado.

Quien cerraba el periódico -me dijo- no era de los nuestros, quien había matado a Joseba sí, aunque estuviera equivocado. Ese foso abierto entre el mundo nacionalista y el no-nacionalista es más profundo que el existente entre violentos y no-violentos.

Arazoa da ezin dugula gaia alderdi moraletik hartu erabat eta bereiz, ezin dugula gainditu zatiketa ideologikoa: gureak eta ez-gureak, besteak. Gurearekikoa da maitasuna, gogo ona, noski; baina onartezina da besteenganako gogo onik eza, zenbaiten gorrotoan sustraitua eta besteren gorrotoa bazkatu duena.

Ese foso entre nosotros y ellos arrastró por el espejismo de la progresía y la revolución incluso a quienes no eran nacionalistas o no lo éramos muy fervorosamente; siempre hubo una brumosa y difusa idea de autenticidad, de lo que era más de aquí y que iba envuelto en el manto protector del sufrimiento histórico, específicamente el de la Guerra Civil, como si la Guerra Civil hubiera sido entre vascos y españoles, más exactamente de España contra Euskadi. Hay entre nuestros alumnos quienes aún lo conciben así.

ETA sí ha conseguido algo: ha conseguido afianzar en nuestra sociedad la sensación de que no ser nacionalista es algo que habría que justificar.

Todas estas cosas hay que decirlas, no contra el nacionalismo en su conjunto (nacionalismo al que pertenece una parte grande de mi corazón y de mi historia), pero sí para quitar peso a ciertos esencialismos, para facilitar la convivencia, para aligerar el aire, para aliviar el peso de algunas palabras… porque, cuando se reflexiona sobre ellas, cuando se deja de decir nuestro país en singular, nuestra lengua en singular, el pueblo vasco en singular, nuestro pasado en singular, nuestro conflicto en singular y, sobre todo, cuando se quitan las mayúsculas, resulta aún más absurdo y más cruel que se haya llegado a asesinar a tantas personas en nombre de esas ideas, de esos conceptos.

Yo misma no me moví, más allá de firmar algún manifiesto colectivo y algún artículo en la prensa en euskera, no hice nada físicamente, hasta que asesinaron hace veinte años a Fernando Buesa y Jorge Díez en nuestro campus y vibraron las ventanas de mi despacho en la Facultad de Letras. No sé si asociarlo a la cercanía física es un mero recurso narrativo. Lo que es cierto, lo que debe constar en mi parte del relato es que fue cuando participé por primera vez en las concentraciones de repulsa contra ETA, la primera vez que salí a la calle con «los otros». También es de ese año aquel manifiesto no equidistante que firmamos 140 personas del mundo de la cultura vasca contra ETA, «El silencio no es cobijo / Isiltasuna ez da aterpe«.

Cuando hace veinte años asesinaron a Fernando Buesa y Jorge Díez fue cuando participé por primera vez en las concentraciones de repulsa contra ETA, la primera vez que salí a la calle con «los otros».

Fin, relato

Nos tenemos que reeducar, hay que avanzar y, para ello, hay mucho que repensar. Las personas asesinadas por ETA no sólo tenían derecho a vivir, sino que tenían derecho a ser quienes eran y pensar como pensaban. Ahora tampoco deberíamos callar ante el hecho de que ETA sólo se excuse por unas muertes y no por otras. No podemos regalar ni un gramo de legitimidad a nadie sólo por dejar las armas, no podemos dar por buena una sociedad de nosotros y ellos, los otros.

No podemos regalar ni un gramo de legitimidad a nadie sólo por dejar las armas, no podemos dar por buena una sociedad de nosotros y ellos, los otros.

Ya que la lección ha sido tan amarga, aprendámoslo todo: venimos de años sin oxígeno, en los que la tiranía de las armas iba acompañada de la tiranía de las miradas que controlan quién simpatiza con quién, quién canta qué; esa tiranía de comportamientos que, como por ósmosis, se han ido contagiando de los más convencidos a los no-tanto-pero-bueno, a los del esto-es-lo-que-hay, formando entre todos esa masa de silencio, de ceguera que nos ha permitido vivir a la mayoría de vascos y vascas como si el asunto no fuera con nosotros. Cada cual en sus circunstancias, sin juzgar a nadie en el plano personal, tenemos que seguir reaccionando; muchos lo hemos hecho tarde, otros aún no lo han hecho…

la tiranía de las armas iba acompañada de la tiranía de las miradas

No es un ejercicio de auto-flagelación sino de auto-redención; redimirnos, otra palabra sobre la que hay que pararse a pensar sin prejuicios: el mayor beneficiario de reconocer lo ocurrido es uno mismo, una misma. Tenemos ahora la oportunidad de redimirnos, de hacer lo único bueno que se puede hacer  con el horror que hemos vivido. Hagámoslo.

Hagamos cada cual nuestro relato, sin preocuparnos tanto de si el relato general, el relato con «R» mayúscula será uno o varios, si saldrá un cuadro abstracto o un patchwork de colores. En esta parte individual del ejercicio no hay que perder energía en adelantar el resultado final. Es trampa escudarse en la dificultad de llegar a un consenso para no asumir la responsabilidad que corresponda a cada una, a cada uno. La práctica misma del ejercicio nos cambiaría, nos curaría: ¿Qué hice cuando mataron en Bilbao a José María Aguirre? Y ¿cuando hirieron a Recalde en San Sebastián? ¿Dónde estaba yo, cuando un coche bomba mató a seis niños y cinco adultos en Zaragoza? Y ¿qué dije a quién? ¿Cómo es que ni me acuerdo de aquello que pasó en una calle del centro aquel mes de octubre mientras yo preparaba una oposiciones? O ¿iba mucho a la playa aquel verano en el que hubo 20 muertos en 12 semanas, aquel año en el que más de 40 personas fueron asesinadas? ¿Qué firmé o dejé de firmar, qué comenté en el trabajo, cómo (me) justifiqué el no ir a una concentración? ¿Dónde estaba yo y cómo reaccioné cuando mataron al hermano de Ana, y al de Maite, al padre de Iñaki, al de Jaime, al marido de Maixabel? ¿Cuántos años tenía yo cuando mataron al padre de Ángel y Lourdes?[2] Aquel otro día… ¿en qué bar estaba y qué fotos había en las paredes? ¿Ponía «agur eta ohore» a quien había secuestrado o mandado secuestrar a Revilla? ¿Por qué no fui al concierto de Imanol tras el asesinato de Yoyes? Cada cual sus preguntas, cada cual sus respuestas, pero nunca la indiferencia. Si cada una, cada uno lo hacemos ya no saldremos a la calle igual, ni diremos las misma palabras, ni respiraremos del mismo modo. Ciertamente, al recordar nuestra pasividad, cuesta respirar pero el aire es más limpio. Se trata ver el mundo con otros ojos, transformarse.

el mayor beneficiario de reconocer lo ocurrido es uno mismo

Se trata de no olvidar, de obligarnos a recordar los hechos, lo ocurrido, de releer los nombres, edades, circunstancias vitales de cada víctima; el lugar y el día del atentado… y ligarlo con nuestra memoria individual: dónde estábamos, qué hacíamos quienes no temíamos aquellas balas, aquellas bombas, aquellos secuestros. Ahora que las armas han callado, que no falten las palabras, que no siga el silencio, la mirada escorada.

Ahora que las armas han callado, que no falten las palabras, que no siga el silencio, la mirada escorada.

Plantearnos el futuro perdidos en generalidades y abstracciones, en la confusión de sufrimientos es, además de fundamentalmente injusto con las víctimas, como construir viviendas en suelo contaminado.

Que vea cada una, cada uno cómo lo hace, a quién le cuenta sus trozos de verdad. Que lo haga al menos consigo mismo, cada una ante su espejo. Si lo hacemos sinceramente ya no podremos reeditar como si fueran de actualidad los discos clandestinos del franquismo, jugando a que seguimos allí. Ya no nos resultará tan fácil cantar «Haurtxo-haurtxoa» como si el padre preso lo estuviera por la libertad de Euskadi: zu bihar libro izaiteko, hemen gertatuaz lotsatzen ikasi behar genuke. Para que nuestros hijos sean libres, habremos de reconocer que durante años hemos dado cobijo a la bestia que nos ha ido engullendo la conciencia.

Para que nuestros hijos sean libres, habremos de reconocer que durante años hemos dado cobijo a la bestia que nos ha ido engullendo la conciencia.

Cada cual se tendrá que enfrentar a lo que le corresponda. En este terreno no vale ampararse en la culpabilidad de otros, no avanzamos enrocándonos en las inercias, aunque sean las de la pasividad. Es necesario reconocer nuestras propias vivencias para reconducir esta sociedad: hay que contribuir a deshacer la idea perversa de los dos bandos, romper los bloques para pasar a la convivencia de ciudadanos diversos.

He empezado dando las gracias y quiero terminar pidiendo perdón a todas las personas a quienes nuestros largos y amplios silencios, el vacío que las ha rodeado, han re-victimizado. Quiero también pedir perdón a las víctimas porque las acciones de ETA se ejercían en nuestro nombre y porque sólo el encuentro con las víctimas nos devolverá la ilusión de mirarnos de frente en el espejo.

También debería seguramente pedir perdón porque sinceramente temo que este pueblo del que formo parte no se está esforzando en recordar lo que tantas, tantos durante tanto tiempo, mientras ocurría, conseguimos no percibir. Ojalá me confunda y las semillas de bondad e inteligencia lleguen a germinar para que brote savia de conciencia y perdón.

También debería seguramente pedir perdón porque sinceramente temo que este pueblo del que formo parte no se está esforzando en recordar lo que tantas, tantos durante tanto tiempo, mientras ocurría, conseguimos no percibir. Ojalá me confunda y las semillas de bondad e inteligencia lleguen a germinar para que brote savia de conciencia y perdón. Horrela izango ahal da.

 

[1] Un gesto que hizo sonar el silencio, Bilbao, Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria, 2013, página12.

[2] Nombro a víctimas con las que he tenido una relación personal, en agradecimiento sincero porque conocerlas me ha acercado a las víctimas, me ha llevado a percibirlas como mis iguales.

 


Nuestro agradecimiento a la Fundación Fernando Buesa.  Discurso de Lourdes Oñederra (pdf) y el vídeo: In Memoriam, Vitoria-Gasteiz, 20 de febrero de 2020.

Vitoria-Gasteiz, 22 de febrero de 2000

22 sábado Feb 2020

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Ajuria-Enea, Antonio Rivera, asesinato, atentado, Centro Memorial de Víctimas del terrorismo, El Correo, Fernando Buesa, Gaizka Fernández Soldevilla, Gesto por la Paz, Jorge Díez, Juan José Ibarretxe, La Vanguardia, Lehendakari, Lorena Gil, Loreno Gil, Pello Salaburu, PNV-EAJ, PSE-EE, Raúl López Romo, UPV-EHU

Pello Salaburu, miembro de ‘Gogoan, por una memoria digna’ recuerda  lo que vivió en torno al asesinato de Fernando Buesa Blanco y Jorge Díez Elorza.


HUBO TRES… PERO UNA NO CUENTA

Tengo muy grabado, supongo que como muchos de quienes vivimos aquellos momentos tan trágicos, el día del asesinato de Fernando Buesa y de Jorge Díez. El hecho fue terrible, y me pilló en un momento de mi vida marcada por otras circunstancias. No sé si era al día siguiente, o quizás fuera a los dos días, teníamos prevista en la UPV/EHU la celebración de un claustro con un tema no menor en el orden del día: la elección de mi sustituto como rector. Yo estaba acabando ciclo, en esa fase en la que estaba convertido en pato cojo desde semanas antes. Cuando llegué a la universidad ya me estaba esperando un grupo de universitarios, a los que conocía bien, a la puerta del despacho: «Rector, hay que parar de inmediato las clases y suspender el claustro«. Hablé con ellos y les indiqué que tenía que estudiar las medidas más adecuadas que iba a adoptar y que lo haría de inmediato. Se fueron, y tras varias llamadas de medios que tuve que atender, y otras que hice yo mismo a la familia y al PSE-EE, me indicaron que en la puerta tenía esperando otro grupo de universitarios, incluyendo estudiantes, a los que también conocía: «Rector, esto no es una cuestión interna de la universidad. Las clases deben seguir«. Lo he querido reflejar como espejo perfecto de lo que sucedía en aquellos momentos en la sociedad.

No me podía quitar de la cabeza que el lehendakari Ibarretxe no hubiera acudido de inmediato al lugar del atentado, a unos metros de Ajurianea.

Mis recuerdos son más borrosos a partir de esos momentos, y me estoy guiando por mi memoria (ese «instrumento maravilloso, pero falaz», al que aludía Primo Levi), una memoria que el paso del tiempo ha ido adaptando, moldeando y distorsionando. Por supuesto, se suspendieron muchas clases, la mayoría, supongo, aunque para esas cosas la orden de un rector en aquellos momentos no dejaba de ser algo bastante esotérico. Lo que es seguro es que el claustro se suspendió. Salí hacia Vitoria, a la capilla ardiente, y participé en las concentraciones. No me podía quitar de la cabeza que el lehendakari Ibarretxe no hubiera acudido de inmediato al lugar del atentado, a unos metros de Ajurianea. Eso es algo que se me quedó también muy grabado. Se convocó una manifestación para el sábado.

La manifestación del sábado, que debía ser en principio única y unitaria, acabó dividida, como todo el mundo sabe, al final. Al llegar me estaba esperando Antonio Rivera, vicerrector de campus en mi equipo. Formaba parte de la lista de Manuel Montero, aspirante al rectorado en aquellos momentos, que acabaría sustituyéndome a los pocos días. Había más miembros de mi equipo en la misma situación. Sin embargo, solo Antonio, de entre los que querían seguir, y a quien se lo agradecí en aquel momento, acompañó al pato cojo. «Por supuesto -me dijo-, eres mi rector«.

El Correo daba cuenta al día siguiente, en primera página, de lo sucedido en Vitoria: «Decenas de miles de personas hicieron un único recorrido pero en manifestaciones distintas, tras dos pancartas, coreando consignas a menudo enfrentadas y hasta con dos discursos finales. El PNV convirtió su marcha en un acto de exaltación del lehendakari, en el que los gritos de apoyo a Ibarretxe fueron mucho más numerosos que los de reivindicación de la paz. Atrás, la viuda y los hijos de Buesa abrían el segundo bloque exigiendo libertad y la desaparición de ETA, arropados por socialistas y populares. En medio, Gesto por la Paz. La mayor concentración humana jamás vista en Vitoria […]». Al margen de detalles concretos, en similares términos contaron lo sucedido el resto de los medios. Allí percibí un ambiente de agresión que me descolocó por completo. No sabía, literalmente, dónde meterme. Estimaba mucho, y estimo, al lehendakari Ibarretxe a nivel personal. Pero no había ido a ningún acto de exaltación de nadie ni de nada en aquellos momentos.

El PNV convirtió su marcha en un acto de exaltación del lehendakari. Atrás, la viuda y los hijos de Buesa abrían el segundo bloque exigiendo libertad y la desaparición de ETA. En medio, Gesto por la Paz.

Mi lugar era la fila de la viuda e hijos, pero no me sentía cómodo acompañando a gente que coreaba cosas que no me gustaban mientras veía alrededor pancartas de «Basta ya». No había ido a eso. Había ido a solidarizarme con la familia, en primer lugar, no a apoyar proclamas, y a protestar sin matices ni justificaciones políticas contra aquella barbaridad. A denunciar la salvajada. Todo lo demás no me importaba demasiado. No me importaba nada.

Por eso respiré cuando pude localizar al grupo de Gesto, guiado por el móvil de un compañero, en medio de las dos manifestaciones. Tan solo, y no era poco, denunciando la barbarie. Pensé que aquellos carteles caseros que reclamaban unidad frente a la violencia y huían de siglas era lo único necesario, por muy solos ante el resto que nos pudiéramos sentir. Un soplo de aire en un ambiente de actitudes dislocadas. Unos centenares, no más, pero sosteniendo la llama de la ética, y creo que del sentido común, también entonces.

El Correo, Vitoria-Gasteiz, 26 de febrero de 2000

El Correo, Vitoria-Gasteiz, 26 de febrero de 2000

Aquellos carteles caseros que reclamaban unidad frente a la violencia y huían de siglas era lo único necesario. Un soplo de aire en un ambiente de actitudes dislocadas. Unos centenares, no más, pero sosteniendo la llama de la ética, y creo que del sentido común

Para cuando acabamos el recorrido, hacía media hora que se había marchado el lehendakari. Todo esto también lo recogieron los medios, con nombres y apellidos. Una manifestación dividida en tres. Tres manifestaciones paralelas, dos de ellas plegadas a intereses que parecían alejados de lo que la inmensa mayoría de la sociedad pedía y, sobre todo, necesitaba.

Y ahora, a los veinte años, procede una vez más, recordar aquello. Así lo hacen Raúl López Romo y Gaizka Fernández Soldevilla, del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, en un artículo publicado también en El Correo («La moral en la política» 20.02.2020), en el que cuentan la historia con una versión que no coincide con la que el periódico dio en primera página en aquella ocasión y que acabo de recoger más arriba. Así es como plasman su relato: «En un clima de tensión, dos manifestaciones masivas recorrieron las calles de Vitoria. Una se convirtió en un acto jeltzale de apoyo al lehendakari Ibarretxe […]. La otra, siguiendo la llamada de la familia de Buesa, reunió a los constitucionalistas«. Todas las palabras mágicas recogidas en pocas líneas. La tercera manifestación, la de Gesto por la Paz, inexistente. Simplemente, desaparecida del mapa. Algunos no estuvimos allí.

La tercera manifestación, la de Gesto por la Paz, inexistente. Simplemente, desaparecida del mapa. Algunos no estuvimos allí

Todo esto no lo debería recordar yo, sino un historiador, porque ese es su trabajo. Mirar lo sucedido con la cabeza fría. La moral en política debe darse la mano con la moral en la historia también.

 

Pello Salaburu, miembro de Gogoan por una memoria digna


 

Adjuntamos el reportaje escrito por la periodista Lorena Gil en El Correo el 16 de febrero de 2020 en el que recupera con fidelidad y exquisita profesionalidad lo que ocurrió veinte años antes: «El atentado que partió Euskadi»

La moral en política debe darse la mano con la moral en la historia también.

 

 

 

 

Valores intermitentes

16 jueves Ene 2020

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Joseba Eceolaza

La violencia hace que las vidas y los valores se resientan. Porque entre quienes la han defendido, a veces con un entusiasmo cruel, se da un cambio evidente de los parámetros morales. Así hay quienes, mientras exigen el respeto a los derechos humanos de los “suyos”, defienden la historia política de quienes han sido el principal colectivo vulnerador de los derechos humanos en nuestra historia reciente; ETA. Es lo que se podrían llamar  valores intermitentes. Pero los valores, si representan algo, es la universalidad, es decir, la necesidad de aplicarlos ante cualquier situación, incluso ante aquellos hechos que más nos incomodan.

Por eso tienen tanta validez las enseñanzas que la memoria histórica de lo sucedido en el 36 y en la dictadura franquista nos apunta. La tríada verdad, justicia y reparación vale para aquello y también para abordar las consecuencias dramáticas de los asesinatos de ETA. Porque la impunidad y la ausencia de verdad es negativo en cualquier caso.

Así el espacio de los valores, de la reconstrucción de la moral colectiva, tiene tanta importancia en el relato. Porque tras la “costumbre de la muerte”, como decía Primo Levi, tiene que venir necesariamente la deslegitimación social de la violencia. Sólo así lograremos sanar todas las heridas que, aunque no queramos, aún siguen abiertas.

Decía Sara Buesa que con el relato buscamos el “nunca más” y es cierto que esa es la base de cualquier debate sobre el tema. Por eso ha tenido también tanta importancia la polémica  sobre los recibimientos a presos de ETA que se ha dado este verano, porque es central huir de la autoafirmación y acercarse a la empatía con las víctimas. El potencial de un momento post violencia no solo reside en lo retórico, sino que se basa sobre todo en la necesidad de generalizar actitudes más conciliadoras.

Acto de Gesto por la Paz, 2000. El Mundo

La reivindicación orgullosa del historial de ETA retrasa la tarea pendiente del espejo, que es la más dura y más intensa de las tareas. Porque el dolor que ETA estaba generando hubiera sido descifrable mucho antes si nos hubiéramos quitado el velo de la política y sus autoengaños.

Por eso, buscar refugio en una verdad consoladora que llena nuestra historia de victimarios generosos que ejercían una violencia de respuesta, es romper el círculo de los valores y la coherencia. Porque en ese discurso hay un perturbador odio que todavía resiste en el lenguaje, en actitudes, en la mirada tuerta al pasado, porque aceptar la lógica de la violencia de respuesta es tanto como defender la pena de muerte y la venganza.

La representación socialmente predominante de ETA debe ser aquella que niega la secuencia conflicto político-violencia, porque el hecho de la muerte no fue algo inevitable. Quienes decidieron ejercer algo tan brutal como el asesinato lo hicieron solo condicionados por la decisión que tomaron, de forma autónoma, porque creían que así se conseguirían mejor sus objetivos políticos. El entorno social, un contexto histórico o incluso el terrorismo de Estado no justifican semejante caudal violento que afectó a miles de personas asesinadas, amenazadas o chantajeadas.

Por eso, tener el impulso de justificar la historia de ETA a través de la compensación entre víctimas diferentes, por encima de la sensibilidad y el sentido del dolor ajeno, eterniza la salida ante este periodo de violencia. Porque en la compensación, en la existencia de otras víctimas, no puede encontrarse la coartada perfecta para no abordar una revisión crítica de lo hecho y defendido. En ocasiones, el terrorismo de Estado se convierte así en una escapatoria evidente en la asunción de responsabilidades colectivas e individuales ante la historia de ETA.

Katrim Himmler decía que “escarbar en aspectos secundarios tenía a la postre su sentido, pues fue así como se resolvieron los cautiverios mentales”, y es que profundizar en lo que sucedió tras los disparos de ETA suele impactar. Porque en ocasiones solo hemos visto los grandes atentados, las víctimas más conocidas, pero tras los atentados hay tanta barbaridad, que merece la pena rescatarla como elemento pedagógico.

Sacar a la luz que dos personas de Portugalete murieron abrasados en un ataque a la Casa del Pueblo, nos hace ser conscientes de la magnitud de lo que nos ha sucedido. Porque buena parte de la sociedad, especialmente sectores de izquierdas, hemos tenido una falta de empatía aterradora con las víctimas del terrorismo de ETA.

No solo hubo silencio o ambigüedad, también hubo un entusiasmo por el asesinato que se expresaba de muchas formas y en muchos ámbitos, desde el champán hasta el “ETA mátalos” y eso ha formado parte de nuestro paisaje. Por eso ahora toca, aunque canse, consolidar el “nunca más”, especialmente centrado en la garantía de no repetición de ese discurso del desprecio que ha hecho que el discrepante haya sido objeto del odio. Es importante también lo que Reyes Mate llama proceso de rehumanización de quienes ejercieron la violencia.

Por eso, el documental Zubiak de Jon Sistiaga, es tan relevante en este itinerario de paz positiva al visibilizar la importancia de quienes se acogieron a la Vía Nanclares, porque pone en valor muchas cosas, entre otras, el nuevo papel que un victimario puede jugar en su comunidad como agente defensor de los derechos humanos, porque en su dolor, en su autocrítica, en el acercamiento al daño causado, aparece el ser humano, solo y frente a su pasado, sin más bandera, ni más épica, ni más recibimiento que ese.

Que no transcurra demasiado tiempo y que no se sobrescriban los recuerdos, es una responsabilidad de quienes hemos vivido en un tiempo en el que, a veces, nos despertábamos con la noticia fatal de la muerte. Habrá sin duda diferentes relatos, pero contemos al menos la verdad de lo sucedido, sin compensaciones, sin relatos auto justificatorios, sin despreciar a quien piensa diferente, porque la buena convivencia se construye con valores consistentes y universales.

Joseba Eceolaza miembro de Gogoan, por una Memoria Digna


 

Este artículo ha sido publicado en los principales periódicos de la Comunidad Autónoma Vasca y Comunidad Foral Navarra.

#OrainPresoak

11 sábado Ene 2020

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acercamiento de presos, cárcel, colectivo de presos vascos, Cristobal Díaz García, daño injusto, dispersión, Gesto por la Paz, izquierda abertzale, Josu Uribetxebarria Bolinaga, los niños de la mochila, Orain Presoak, presos de ETA, presos enfermos, reagrupamiento, reinserción de presos, SARE, víctimas de ETA

Dicen que no ha llegado aún la paz porque está sin resolver el tema de los presos de ETA. ¿Seguro? Convendría preguntarnos qué es exactamente lo que nosotrxs tenemos que resolver porque están en la cárcel por haber asesinado directamente o haber contribuido a que se cometa dicho delito; así pues, tienen que cumplir la condena que les corresponde.

Diario Información

¿Qué podemos hacer por los presos?

Podemos reclamar su acercamiento a cárceles más próximas a Euskadi. Es verdad, pero esto lo llevamos pidiendo desde que en 1994 Gesto por la Paz acuñó esa novedosa reivindicación frente a la dispersión que imponía el Gobierno y al reagrupamiento que exigía la izquierda abertzale (por cierto, daba igual que estuvieran todos juntos en Herrera de la Mancha. Lo importante era que estuvieran juntos).

Podemos reclamar que se excarcele a los presos enfermos de gravedad, tal y como indica la ley, pero esto que también lo pedimos hace muchos años, incluso cuando ETA asesinaba sin piedad, y además, ya se está aplicando.

La Vanguardia. Josu Uribetxebarria Bolinaga

La Vanguardia. Josu Uribetxebarria Bolinaga

Sare y el resto de asociaciones convocantes interpelan a la sociedad sobre la situación en la que viven los presos y sus hijxs como si tuviéramos alguna responsabilidad sobre ello, pero no es del todo cierto:

  • Fueron libres para tomar la decisión de asesinar. No les animamos a ello; más bien, todo lo contrario. Lo que hicieron es su responsabilidad y de quienes les jalearon. Y esa responsabilidad la tienen que asumir y no tratar de cargarla en otros.
  • Fueron libres para engendrar hijxs en los bis a bis, aún sabiendo que llenaban la mochila de lxs pequeñxs de kilómetros y ausencias. Y son libres de utilizar a estxs niñxs para tratar de «humanizar» la reivindicación de los mayores.
  • Y muy importante: son libres para iniciar, o no, un proceso de reinserción que comience con una profunda y seria reflexión sobre lo que hicieron, reconozcan el daño injusto que causaron y manifiesten un mínimo de humanidad hacia las víctimas que originaron. Teniendo en cuenta que por este camino podrían conseguir muchas de sus reivindicaciones, ¿por qué no lo hacen?

El colectivo de presos y la propia izquierda abertzale opta por descargar en toda la sociedad la responsabilidad de la situación de los presos de ETA. Una vez más, se equivocan. La responsabilidad fue y es suya y no les queda otra opción que asumirla.

Nos presentan un cuadro de injusticia cuando la mayor de todas fue el daño irreparable que causaron a sus víctimas.

Cuando Cristóbal fue asesinado, su hijo tenía 7 años.

Tenemos paz, pero sin duda alguna queda mucho camino para eliminar la perversión moral y política con que la violencia impregnó nuestra sociedad y que aún perdura.

 

 

Sobre la nueva versión de ‘Herenegun’

19 jueves Dic 2019

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acercamiento de presos, astilleros Euskalduna, atentados, Conferencia de Aiete, Coordinadora Lurraldea, Diario Vasco, elkarri, ETA, euskera, franquismo, Gesto por la Paz, Glencree, HB, Herenegun, insumisión, izquierda abertzale, Koldo Mitxelena, movilización social, Pilar Zubiarrain, ponencia Oldartzen, reinserción de presos, secuestros, separación de conflictos, vía Nanclares, violencia de persecución, yihadismo

En relación a los materiales didácticos Herenegun, tras la modificación realizada ante las distintas quejas de diversos colectivos, desde Gogoan por una memoria digna deseamos manifestar que el material presentado supone una mejora sustancial con respecto a la primera versión.

Sin embargo, al margen de algunas afirmaciones tan precisas como inexactas (ni Koldo Mitxelena presentó en Arantzazu “las bases de un nuevo euskera”, ni es cierto tampoco, dicho con esa rotundidad, que “el euskera estaba prohibido”) queremos hacer algunas observaciones que pensamos pueden contribuir a mejorar el material presentado.

[Aquí puedes ver los nuevos vídeos de Herenegun: «Así son los nuevos videos de Herenegun» Diario Vasco]

 

 

 

Ausencia del papel de la izquierda abertzale

La primera y fundamental es la ausencia del papel de la izquierda abertzale en toda esta historia de violencia. Es verdad que los partidos políticos no tienen un papel protagonista en los vídeos, pero en el caso de la izquierda abertzale, ocultar su papel protagonista es desvirtuar la realidad.

A ETA le hubiera sido complicado subsistir sin el apoyo de una parte de la población, la aglutinada en torno a la autodenominada izquierda abertzale. El apoyo de esa parte de la población, citado en los vídeos, pero sin añadir más explicaciones, diluye por completo responsabilidades de actores centrales que han condicionado por completo esta historia. ETA secuestraba y mataba, sí, pero era alentada por estos sectores que organizaban manifestaciones, jaleaban sus acciones y extendían el sufrimiento atacando comercios, quemando autobuses y amenazando de forma directa a quien no comulgase con ellos: “Hoy tú de negro, mañana tu familia”; manifestación frente a la familia del secuestrado Ibarra… En los documentos NO se informa suficientemente sobre este apoyo.

De modo sorprendente, no se habla de HB ni de las organizaciones de la izquierda abertzale con su nombre propio. Es como si no existieran. Parece que se trata de un apoyo indefinido y poco estructurado, cuando lo cierto es que fue un apoyo organizado hasta en los últimos detalles. Con actividad incansable en la calle, y apoyando a los terroristas tanto en los momentos de activismo como cuando el militante es detenido, está en la cárcel condenado, y regresa a su origen una vez cumplida la pena. HB como tal (al margen de referencias muy de pasada -imágenes de titulares de periódicos, por ejemplo) no aparece hasta el año 1996, con el mitin de Anoeta y la estrategia Oldartzen. Esto nos parece incomprensible. No se puede explicar la historia de ETA si al mismo tiempo no se indica con claridad que gran parte de su trayectoria la recorrió de la mano de las organizaciones de la llamada izquierda abertzale. Hubo una complicidad directa con el terrorismo, algo que todos hemos visto durante años.

 

El papel de los movimientos sociales

También conviene apuntar algunas cuestiones sobre el papel de los movimientos sociales.

  • Resulta llamativo que no exista ninguna referencia a la coordinadora Lurraldea, dado que es fundamental para comprender el sentido que tuvo posteriormente Elkarri.

En el vídeo 3 se silencia por completo, de forma sospechosa, la actividad de Lurraldea para “solucionar” el problema del trazado de la autovía de Leitzaran. Lo de Lurraldea sí que es, a diferencia de otros muchos hechos que aparecen en los vídeos, una cuestión periférica, pero directamente relacionada con la actividad de ETA. Basta con echar un vistazo a la prensa de la época: aquello acabó porque una coordinadora que se presentaba como ecologista, dirigida por personas directamente vinculadas a HB, presionó en la Diputación de Gipuzkoa para que esta adoptase un acuerdo en la línea que ETA propugnaba. Ese es un ejemplo claro e ilustrativo de apoyo social, como lo demuestra la famosa foto del brindis con champán.

[Un poco de memoria con la hemeroteca: El País, 10 de agosto de 1991]

 

  • También resulta llamativo el papel residual concedido a Gesto por la Paz.

Es llamativo no solo porque lo que se recoge de la entrevista es testimonial y personal, sino porque su actividad se incluye en los 80 obviando, por una parte, que continuó trabajando hasta 2013 y, sobre todo, obviando todas las singulares aportaciones que realizó esta organización en temas como la reinserción (Vía Nanclares), el acercamiento de presxs (familiares en el bus), la violencia de persecución, la separación de conflictos, etc.

Resulta hasta doloroso que se oculten los dos años de movilización social pidiendo la libertad de las personas secuestradas y las contramanifestaciones, sin valorar la enorme violencia y tensión que supuso en la sociedad y sin crítica alguna de la pasividad de fuerzas policiales y judiciales frente a esa conculcación de derechos básicos.

El Correo, 1995

 

Respecto al modo de realizar el relato

Es una realidad que en los años del franquismo y durante los primeros años de la democracia, las actuaciones de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado fueron escandalosamente reprobables. Y de esa manera se refleja en los vídeos; sin embargo, a lo largo del resto de las décadas, se queda una especie de tic, una insistencia constante de toda la descripción histórica de los hechos como de dos bandos, con una de cal y otra de arena: atentados de ETA / torturas y asesinatos por parte del Estado. Ese relato introduce una enorme nebulosa que tiende, si no a ocultar la actividad de ETA, sí a debilitar su protagonismo.

 

Otras observaciones de menor calado

Además, hay algunas observaciones de menor calado, pero que deberían tenerse en cuenta:

  • En todos los capítulos se sitúa lo sucedido (básicamente, la acción terrorista de ETA atacando a la sociedad, y los abusos policiales y de grupos de extrema derecha) en un contexto demasiado amplio de hechos, que tienden a confundir y a diluir la acción de los principales causantes de la violencia.
  • Hay “cuestiones ajenas” cuya referencia es absolutamente prescindible en el tema que nos ocupa, porque poco tuvieron que ver con la historia de la violencia motivo de análisis:
      • el movimiento de la insumisión,
      • el atentado yihadista de Madrid -más allá de la repercusión negativa que tuvo en ETA-,
      • o, por ejemplo, la lucha en los astilleros de Euskalduna que proyecta un contexto muy conflictivo que contribuye a dar una imagen de violencia de respuesta. Eso se complementa con la falta de referencias a la normalidad y la indiferencia con la que ha vivido durante décadas una buena parte de la sociedad vasca.
  • La referencia a Glencree está cogida ‘por los pelos’ y es muy posible que más allá de las personas interesadas, nadie pueda llegar a saber en qué consistió esa iniciativa, de dónde partió, cuáles fueron sus principales aportaciones…
https://euskalpmdeushd-vh.akamaihd.net/multimediahd/videos/2013/01/09/1013240/20130109_16005620_0005595344_001_001_PROMO_GLENCR.mp4
  • Todo el tema “Vía Nanclares” está tratado más desde el sentimiento (necesario) que como una vía política que daba en la línea de flotación de ETA. No se explica qué fue, cuántos tomaron parte en la iniciativa y su importancia en la organización, por qué se impulsó, por qué no tuvo más éxito, cómo se acogió el posicionamiento dentro de ETA y por los comités de apoyo a presos (cuya actividad queda, por cierto, absolutamente diluida en los materiales presentados), etc. En definitiva, nadie que vea los vídeos sabrá qué fue aquello de la “Vía Nanclares”. Sería deseable incluir el testimonio conjunto de Maixabel Lasa e Ibon Etxezarreta.
  • Se dan muchos datos estadísticos de lo ocurrido. Imprescindibles para conocer la dimensión del terror. Pero faltan testimonios de víctimas anónimas y ocultas: testimonios de quienes llevaron el cuerpo de su hijo asesinado a un pueblo pequeño y quedaron sepultados en el olvido durante años o testimonios como el de la abogada Pilar Zubiarrain. A veces eso es mucho más esclarecedor que un listado frío de datos.

  • En el capítulo 5 se intenta hacer un resumen de la década prodigiosa que antecedió a la Conferencia de Aiete y a la actividad de los organizadores de Conferencias de Paz. Se ha preferido concentrar el tema en Aiete. Pero, ¿cómo se llegó ahí? En la descripción (cierta) de los hechos se silencian de forma cuidadosa cuestiones que explican, más que cualquier otro argumento, el cese de la actividad de ETA. Bastaría con haber incluido una frase de este estilo: “La población vasca había llegado a tal nivel de hartazgo insoportable con la actividad de ETA, que se manifestó de forma continua contra la banda en movilizaciones sociales de todo tipo. Por otro lado, la acción eficaz y continuada de policías y jueces llevó a la organización a una situación insostenible y de difícil salida. No cupo otra opción que el abandono de la actividad. Máxime hasta cuando sus referentes políticos habían decidido tomar caminos que ellos mismos habían vetado durante decenas de años a los miembros de la banda encarcelados: aceptación del marco constitucional, acuerdos con fiscales y jueces, beneficios penitenciarios, etc.”. Nada de eso aparece. Pero una frase de ese tipo, leída con un poco de convicción, acaba siendo más ilustrativa que un listado de asesinatos.

Aun siendo conscientes de la dificultad de realizar un retrato que satisfaga a todas las personas, confiamos en que estas aportaciones sean tenidas en cuenta porque están elaboradas pensado exclusivamente en el bien común y en la necesidad de crear una memoria basada en la verdad y en el análisis crítico del pasado.

 

 

Presentación de #MetaCultura2019

19 jueves Sep 2019

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Denis Itxaso, Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Gipuzkoa, deslegitimación de la violencia, Encuentros Restaurativos, Eraikiz, Fundación Goteo.org, Gesto por la Paz, Memoria, MetaCultura2019, pacifismo Gipuzkoa, pacifismo vasco, vía Nanclares

Esta mañana, se ha presentado en Tabakalera (Donostia-San Sebastián) los 14 proyectos que este año forman parte de la iniciativa «Metacultura2019«. Como bien ha manifestado el diputado de Cultura, Denis Itxaso, este método de ayuda, de colaboración es muy democrático porque es la propia ciudadanía la que decide la ayuda que prestará a cada proyecto.

Entre los proyectos seleccionados, se encuentra el que ha presentado Gogoan, por una memoria digna titulado «Memoria pacifista de Gipuzkoa«. Esta ha sido la presentación:

Antes de nada, queremos agradecer tanto al Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Gipuzkoa, como a la Fundación Goteo, haber elegido nuestro proyecto para formar parte de ‘MetaCultura2019‘

¿Qué es Gogoan?

Gogoan, por una memoria digna es una asociación que oficialmente se creó en octubre de 2016, pero que prácticamente hasta 2018 tuvo una actividad de baja intensidad.

Gogoan está compuesta por personas procedentes de organizaciones que han trabajado por los derechos humanos y la paz en Euskadi, personas que trabajan en temas relacionados con la memoria histórica, etc.

Nuestra preocupación es la memoria que se construya sobre lo ocurrido en los 50 años de terrorismo y violencia. Los objetivos que nos hemos marcado son fundamentalmente dos:

      • Que se construya una memoria deslegitimadora de la violencia
      • Y que se construya una memoria digna. Entendemos por memoria digna que se conozca el máximo de verdad como un derecho que asiste a las víctimas de lo ocurrido y a toda la sociedad; que la memoria sea una lectura crítica del pasado y que se identifiquen y asuman las responsabilidades de lo ocurrido.

Nuestras referencias en el pasado son aquellas iniciativas que han supuesto aportaciones especialmente positivas para nuestra sociedad como el movimiento pacifista vasco, especialmente Gesto por la Paz, la iniciativa conocida como la Vía Nanclares, el mensaje del colectivo de víctimas Eraikiz y los encuentros restaurativos celebrados en su día entre víctimas y victimarios.

Proyecto “Memoria pacifista de Gipuzkoa”

El objetivo de este proyecto es recuperar para la memoria los testimonios de las personas que trabajaron por la paz en este territorio histórico: qué les motivó para dar ese paso, cómo consiguieron mantener ese compromiso durante tantos años, qué recuerdos tienen de aquella época, qué anécdotas, cuál es su valoración de tantos años de trabajo por la paz, etc. todo ello con un enfoque fundamentalmente humano.

No queremos que queden en el olvido los testimonios de estas personas que realizaron una firme apuesta por la paz, al margen de cuál fuera el precio que muchos tuvieran que pagar, y que contribuyeron de manera decisiva a transformar la sociedad.

Con este proyecto, recogeremos con grabaciones audiovisuales, al menos los testimonios de algunas de ellas.

Aquí podéis ver el vídeo de parte de la presentación del diputado de Cultura, Denis Itxaso, y de la representante de Gogoan, Isabel Urkijo.

Campaña #GestoMemoria

27 sábado Jul 2019

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Borja Bergareche, crowdfunding, documental sobre Gesto por la Paz, Dori Monasterio, Edorta Cobreros, Eva Ferreira, Gesto por la Paz, GestoMemoria, Goteo, Iñaki García Arrizabalaga, Izaskun Bilbao, Joseba Eceolaza, Josu Elespe, Juanjo Alvarez, Maixabel Lasa, María Guijarro, org, Pello Salaburu, Xabier Euzkutze

Desde el 3 de junio, estamos realizando una campaña de crowdfunding en la plataforma Goteo.org con objeto de recaudar los fondos necesarios para producir un documental sobre la organización pacifista Gesto por la Paz.

Esta campaña finaliza el próximo domingo 28 de julio y la valoración que hacemos de ella es altamente positiva: prácticamente, hemos alcanzado el objetivo marcado. Concretamente, a día de hoy, 342 personas han aportado 27.800 €. Con este dinero podremos enfrentarnos al deseado reto de narrar a través de un documental lo que fue Gesto por la Paz a partir de sus propios protagonistas.

En nuestra opinión, esta respuesta de la sociedad supone un reconocimiento colectivo del trabajo realizado por esta organización pacifista. Por otra parte, observamos que existe un cierto vacío en la defensa de aquellos planteamientos y actitudes que defendieron los pacifistas y que hoy en día continúan siendo necesarios. Y, finalmente, interpretamos que la sociedad considera que es necesario incluir el trabajo de Gesto por la Paz en el relato que se haga de lo ocurrido, para que las generaciones más jóvenes lo conozcan como un elemento de referencia clave para la convivencia en este país.


Queremos volver a dar las gracias a quienes cofinanciaron el proyecto y de manera muy especial a quienes públicamente manifestaron su apoyo al mismo: Eva Ferreira, Pablo García de Vicuña, Pilar Landa, Borja Bergareche, Martín Zabalza, Izaskun Bilbao Barandica, Markel Urkijo, Maite Leanizbarrutia, Joseba Eceolaza, Arrate Laespada, Edorta Cobreros, Amagoia López de Larruzea, Juanjo Álvarez, Anna Urkijo, Milagros Rubio, Sergio Campo, Xabier Euskitze, María Guijarro, Eneko Ariz, Fabián Laespada, María San Miguel, Gorka Landaburu, Pello Salaburu, Edurne Portela, Juanan Urkijo, Lourdes Oñederra, Jesus Herrero, Itziar Aspuru, Alberto López Basaguren, Eduardo Madina, Asunta De la Herran, Pello Munain, Javi Doval, Patxi Elola entre otras personas y familiares de víctimas como Dori Monasterio, Carmen Hernández, Maixabel Lasa, Iñaki García Arrizabalaga o Josu Elespe. Los vídeos recibidos se pueden ver en la cuenta de Gogoan en Youtube

Y para terminar, anunciamos que, desde Gogoan, continuaremos realizando proyectos de memoria centrándonos de manera singular en aquellas iniciativas que fueron especialmente positivas en aquellos años de terror y violencia.

 

Soldaditxs de paz

10 miércoles Jul 2019

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campañas de secuestros, Cosme Delclaux, Garbiñe Santacoloma Ibáñez, Gesto por la Paz, José Antonio Ortega Lara, José María Aldaya, lazo azul, Miguel Ángel Blanco, movilización social, Partido Popular, secuestros, unidad ante la violencia

Recuerdo que estaba con una amiga en una tienda de ropa del Casco Viejo de Bilbao aprovechando las rebajas. De repente, sonó el móvil de Gesto por la Paz. Era Garbiñe Santacoloma Ibáñez. Me dijo, «Isa, han secuestrado a un concejal del PP de Ermua«.

No me lo podía creer. Hacía tan solo diez días, habíamos «celebrado» el final de los secuestros de Ortega Lara y Delclaux. Para ellos, sin duda alguna, aquel cautiverio había sido una cruel tortura; todos aquellos días privados de libertad y sin saber si saldrían vivos de su zulo. Una locura.

Y quienes había estado lunes tras lunes pidiendo su libertad soportando la violencia de los insultos, cuando no agresiones, de quienes se ponían enfrente, quienes habíamos recorrido Euskadi, subido montañas, invadido las playas, organizado marchas de coches, en bici, a pie, soltado globos azules, palomas, repartimos miles de lazos azules por toda Euskal Herria, quienes fuimos creando una enorme bandera azul con retales llegados de muchísimos sitios, habíamos colgado de puentes pancartas que exigían la libertad primero de José María Aldaya y luego de Ortega Lara y Delclaux… estábamos exhaustos. Habíamos estado dos años, un mes y 22 días manteniendo -creando y participando- un nivel de movilización como pocos se habían generado en Euskal Herria.

 

enero de 1996
El Correo
Miembros de Gesto por la Paz haciendo lazos en el local de Bilbao

La liberación de aquellos secuestrados, también fue un poco la nuestra. Sin embargo, aquella tarde de verano, la llamada de Garbiñe me hizo pensar que no había descanso, que teníamos que ser corredores de fondo, que nos querían borrar de nuestras caras las sonrisas de aquel 1 de julio de la liberación de los secuestrados, incluso, que aquello no iba a acabar nunca.

Inmediatamente volví al local de Gesto. Llamadas a unxs y otrxs, reuniones, mucha gente participando… y, a pesar del agotamiento, éramos muy conscientes de que aquello requería todas nuestras fuerzas y nuestro empuje. No había ninguna duda: empezábamos de nuevo. Nadie tiró la toalla. Nadie se movió de su sitio. A nadie le costó recuperar el lazo azul que teníamos en todas las camisetas, camisas, jerseys… De nuevo, teníamos que ocupar la calle para pedir la libertad de aquel concejal que nadie conocía. Teníamos que salir todos juntxs, cuantos más mejor, se tenía que escuchar más fuerte que nunca que no consentiríamos ese secuestro de la libertad de toda la sociedad.

Desde aquí quiero hacer un sentido homenaje a los anónimos que lucharon por la paz, que abandonaron la comodidad del sofá y, sobre todo, la ‘comodidad de la indiferencia’, a esas personas que se implicaron y se retrataron ante su entorno más cercano como ‘soldaditxs de paz‘ dispuestos a luchar por ella tanto tiempo y con tanta energía como hiciera falta.

Aquel 10 de julio, sólo sabíamos que Miguel Angel Blanco era concejal del PP y que tocaba la batería en un grupo de música. Nada más. Y nadie nos imaginábamos lo que pasaría unos días después, pero todxs estuvimos dispuestos a sembrar paz, una vez más, por las calles de Euskal Herria.

No creo que me pueda sentir más orgullosa de algo como de haber pertenecido a Gesto por la Paz y haber compartido con sus soldaditxs casi treinta años de mi vida. ¡Gracias!

Isabel Urkijo Azkarate

Cosas de campaña VII

07 domingo Jul 2019

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El 3 de junio, iniciamos esta campaña de crowdfunding en Goteo-org sin saber qué respuesta podríamos conseguir. Como ya dijimos en medios de comunicación, recurrimos a las instituciones para obtener subvenciones y en algunas conseguimos que apoyaran nuestro proyecto, pero comprobamos que a ese ritmo, no terminaríamos nunca el documental. Tocamos otras puertas, pero nos dijeron NO, salvo una excepción. Total, un fracaso.

En estas circunstancias nos lanzábamos al crowdfunding. Recurríamos a un medio distinto, a  una plataforma digital que algunxs de nosotrxs habíamos utilizado, pero que no teníamos certeza de que muchas de las personas posiblemente interesadas en colaborar con el proyecto, estuvieran familiarizadas con ella.

Como se puede ver en el gráfico, después de un mes, la respuesta está siendo buena. 300 personas y tres entidades han hecho ya su aportación al proyecto de realizar un documental sobre Gesto por la Paz. Aún no es suficiente. En este momento, faltan aún 3.831€, así que hay que hacer un último esfuerzo y tratar de llegar a quienes participaron y protagonizaron aquel movimiento pacifista o, sin más a quienes consideran que es importante recuperar para la memoria aquel trabajo y que lo conozcan las personas más jóvenes.

Os recordamos que todas las donaciones que se hagan a través de Goteo.org DESGRAVAN en la declaración de la renta:

    • En Alava y Gipuzkoa: 20%
    • En Bizkaia, el 30%
    • En Navarra: 25%
    • En el resto, el 75% hasta 150€ y el 30% a partir de esa cantidad.

http://goteo.cc/gestoporlapaz

Y que también se puede colaborar por otras vías, pero sin desgravar:

    • Ingresando directamente tu donativo en la cuenta que Gogoan, por una memoria digna tiene en Fiare, banca ética: ES36 1550 0001 2600 0416 7524
    • A través de PayPal [pulsa AQUÍ]
    • Rellenado este documento [AUTORIZACION] en el que nos autorizas a cargar en tu cuenta un recibo por la cantidad que nos indiques. Una vez completado, lo puedes enviar a gogoan.memoria@gmail.com

Os invitamos a ver y escuchar los vídeos de apoyo que hemos difundido esta semana:

 

 

 

 

 

 

Todos ellos los puedes ver en el canal de youtube de Gogoan por una memoria digna.

Y también os invitamos a leer las dos últimas entrevistas concedidas sobre este proyecto:

El Correo, 26 de junio

Deia, 7 de julio


A todas las personas que participaron en Gesto por la Paz, a todas las que apoyaron ese movimiento y a todas las que nos estáis ayudando a recuperar y poner en valor el trabajo que se hizo, muchas gracias.

Cosas de la campaña VI

30 domingo Jun 2019

Posted by gogoanmemoria in Memoria

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Anna Urkijo Amman, crowdfunding, Deia, derechos humanos, documental sobre Gesto por la Paz, Gesto por la Paz, Goteo.org, Juanjo Alvarez, manifestación, Memoria, Milagros Rubio, movilización ciudadana, pacifismo vasco, pluralidad, prepartidista, reconocimiento, Sergio Campo, sociedad vasca, Víctimas, Xabier Euzkitze

En ocasiones, cuando se habla de la reacción de la sociedad vasca ante el terrorismo y la violencia, el reconocimiento que algunas personas hacen de Gesto por la Paz es que «fueron los primeros», pero es que al ser esto una verdad objetiva, en realidad, no es ningún reconocimiento.  Si al menos añadieran que también “fueron los últimos”, quedarían reconocidos los casi 30 años de trabajo por la paz

Manifestación de Gesto por la Paz, 1997. Deia

Fue importantísimo que Gesto por la Paz arrancara en plena década de los 80, pero también fue muy importante todo el mensaje que elaboró, las formas que utilizó, la manera en la que fue transformando la sociedad poco a poco, la mirada que extendió a todas las víctimas, la defensa de los derechos humanos para todas las personas… Compartió con la sociedad mensajes éticos y prepartidistas que fueron elaborados con consenso desde la pluralidad de su organización. Todo un ejemplo, entonces y hoy en día.

Desde Gogoan por una memoria digna pensamos que es muy importante recuperar para la memoria aquel ejemplo, no sólo como un acto de recuerdo y reconocimiento, que también, sino como un elemento esencial en el relato de lo ocurrido porque hubo gente que en un entorno social muy violento ocupó un espacio en la calle para la paz. Y es fundamental que tengamos presente todo cuanto aportó esta organización pacifista y la manera como lo hizo; no solo para el presente, sino también para el futuro que queremos forjar.  Es un paso importante en la construcción del relato y la deslegitimación de la violencia.

En la campaña de crowdfunding que estamos desarrollando en Goteo.org para hacer un documental sobre Gesto por la Paz hemos contado con el apoyo de muchas personas. Algunas fueron miembros activos de Gesto por la Paz, otras, simpatizantes y todas manifiestan la conveniencia de recuperar aquello que Gesto por la Paz hizo por y para esta sociedad.

 

 

 

 


A todxs ellxs, muchas gracias por su apoyo. Entre todxs, conseguiremos ubicar en el lugar que se merece, el trabajo que realizó Gesto por la Paz.

http://goteo.cc/gestoporlapaz

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