Nuestras raices también están en esta sociedad

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Zer eskatzen du herriak? / Askatasuna! / Zer eskatzen du herriak? / Presoak kalera! / Zer eskatzen du herriak? / Txakurrak barrura! / Zer eskatzen du herriak? / Gora Euskadi askatuta!

Gora Euskadi sozialista, gora… gora Euskadi askatuta!

(“¿Qué pide el pueblo? / ¡Libertad! / ¿Qué pide el pueblo? / ¡Qué los presos salgan a la calle! / ¿Qué pide el pueblo? / ¡Que los perros (policía) entren en la cárcel! / ¿Qué pide el pueblo? / ¡Una Euskadi libre!

¡Viva una Euskadi socialista, viva… viva una Euskadi libre!”)

En la década de los 70, en nuestra niñez, solíamos cantar esta canción y otras parecidas. El estado español salía a duras penas de una dictadura que duraba 40 años y poco a poco llegó la democracia, con toda su grandeza, y una transición en la que para algunos las cosas se dejaron demasiado atadas, haciendo imposible que se pudieran materializar los anhelos de los defensores de determinadas opciones políticas, y para otros en cambio, el nuevo marco era suficiente y daba la oportunidad de desarrollar cualquier idea. Lo que es innegable es que con la democracia se recuperaron la libertad y los derechos, y como ocurría en los países avanzados la soberanía volvía al pueblo y se establecía el juego de las mayorías.

Y para cuando los aires de libertad empezaron a entrar por nuestras puertas y ventanas un elemento intruso ya se había colado por las rendijas: la banda terrorista ETA.

Y para cuando los aires de libertad empezaron a entrar por nuestras puertas y ventanas un elemento intruso ya se había colado por las rendijas: la banda terrorista ETA. No está de más recordar que el brazo político de ETA no ha obtenido nunca, ni de lejos, una mayoría suficiente para gobernar, pero se ha valido de las pistolas y las bombas de su “hermano mayor” ETA para incidir en nuestra sociedad de manera absolutamente desproporcionada y para autoproclamarse en la voz del pueblo en innumerables ocasiones: sin la legitimidad que en democracia da el respaldo de las mayorías, y por medio de la violencia, que no tiene legitimidad alguna. Justo cuando estábamos emancipándonos del autoritarismo de “papá” Franco, llegó el “hermano mayor” ETA, vestido con un colorido disfraz de libertad, despreciando la voluntad y la soberanía de los que vivíamos en casa y pretendiendo imponerse por la fuerza.

No tenían el respaldo de la sociedad vasca y navarra, pero gracias al comodín de la violencia y a una potente maquinaria de hacer propaganda –sectaria y engañosa- lograron influir en la política, en la cultura y en los movimientos sociales con el ánimo de manejarlos a su antojo, y consiguieron que las proclamas que se recogen en la canción que citamos al inicio de este texto fueran las únicas que se expresaran en la sociedad, como si la sociedad entera estuviera detrás de ese todo compacto que proclamaban. Se autodenominaron Movimiento de Liberación Nacional Vasco y se apropiaron de la calle.

No tenían el respaldo de la sociedad vasca y navarra, pero gracias al comodín de la violencia y a una potente maquinaria de hacer propaganda –sectaria y engañosa- lograron influir en la política, en la cultura y en los movimientos sociales con el ánimo de manejarlos a su antojo

La niebla de su propaganda distorsionaba la realidad, y además ya se encargaban ellos de mezclarlo todo: el conflicto político con el uso de la violencia y con la reivindicación de los derechos de los suyos –defendiendo a su vez la conculcación de los derechos de los otros-. En relación al conflicto político huelga decir que en democracia las diferencias se encauzan a través del debate y de los acuerdos. Y qué bien que exista el conflicto político, porque durante 40 años no lo hubo, ya que unos iluminados que estaban por encima de la voluntad de la ciudadanía así lo decidieron, pues ya sabían ellos que lo mejor para el pueblo era su ideología totalitaria y su régimen fascista, y cuando parecía que la ciudadanía recuperaba la mayoría de edad, llegaron los otros iluminados, y emponzoñaron la política, los movimientos sociales y culturales, y lo pervirtieron todo.

Y a pesar de que hacían una defensa sectaria de los derechos de las personas que les eran afines, por desgracia está probado que tal y como denunciaban, hubo torturas y conculcación de derechos, y que el terrorismo de estado hizo de las suyas, con todo lo que eso supuso: el inmenso e injusto sufrimiento que se infligía a esas víctimas –llegando en algunos casos a ocasionarles la muerte- y el daño que se le hacía al estado de derecho.

Pero existía otra cruda realidad que nunca se denunciaba en las movilizaciones callejeras, una realidad de la que casi nadie hablaba: la de los asesinatos de ETA, los secuestros, las extorsiones, las amenazas… ¿Y por qué se silenciaba de todo esto? ¿Quizás porque era ETA la autora de estos crímenes? ¿Quizás porque ETA y su brazo político manipulaban los hilos de las reivindicaciones callejeras? ¿Quizás porque habían inoculado el virus del miedo? ¿O porque toda la propaganda que maquinaron estaba haciendo su efecto en la sociedad?

Hay que reconocer que lo que ofrecía este autodenominado movimiento de liberación era muy atractivo, sobre todo para la juventud: nos vendían que ofrecían la forma más auténtica de ser jóvenes, y a su vez necesitaban a los jóvenes para nutrir su militancia. Pero no se trataba de una militancia cualquiera, el uso de la violencia o su legitimación era algo que se aceptaba con normalidad, con lo cual los valores éticos se dejaban de lado. Y no faltaron en los pueblos y en los barrios elementos que se dedicaron a captar a chicos y chicas para a lavarles el cerebro: muchos se radicalizaron, otros llegaron a participar en algaradas callejeras e incluso en la “kale borroka” y algunos acabaron en ETA. Qué poco se ha hablado de estos procesos de radicalización, qué poco se mencionan los efectos tan nocivos que ha tenido la violencia en la juventud vasca. Cuánta gente joven se echó a perder. Todo esto merecería una reflexión profunda, pero no parece que esto esté entre las prioridades de muchos.

Y no faltaron en los pueblos y en los barrios elementos que se dedicaron a captar a chicos y chicas para a lavarles el cerebro: muchos se radicalizaron, otros llegaron a participar en algaradas callejeras e incluso en la “kale borroka” y algunos acabaron en ETA

Nosotros también crecimos rodeados de esa niebla, pero por suerte nuestras familias y nuestro entorno nos tenían agarradas de la mano para que no nos perdiéramos en la bruma, y los mensajes que nos emitían en contra de la violencia eran claros. De cualquier manera no era difícil enredarse, ya que como es natural todos aspirábamos a ser más “progres” que nuestros padres y madres, y era bastante habitual sucumbir y acabar sintiendo simpatía por ese movimiento “liberador”.

Y entonces apareció en escena la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria, que con sus movilizaciones propició en ciertos sectores de la sociedad una reflexión en torno a esa violencia que nos atenazaba casi sin darnos cuenta, y nos pusieron frente a esa realidad que aunque estaba delante de nuestros ojos nos resistíamos a mirar: ETA asesinaba casi todas las semanas y varios días por semana . Pero esos muertos no contaban; se les quitaba la vida, todo lo que tenían, pero eso se pasaba por alto y además a las víctimas se le asignaba una infame presunción de culpabilidad: seguro que ETA tenía alguna razón para actuar.

Por lo tanto la lucecita que iluminó nuestros inicios en el camino de la paz fue un principio ético, el fundamental: “no matarás”. Y lo pusimos por encima de nuestros miedos y de nuestras dudas, porque en esos principios está la salvaguardia del bien común y de la convivencia. Y nos pusimos en marcha, y comenzamos a ir a las concentraciones de Gesto por la Paz, que nos ofreció un pequeño mapa para el camino, y aunque el recorrido que nos proponía no era nada fácil, nos atrevimos y nos lanzamos a la calle. Y a lo largo de los años fuimos desarrollando principios como el derecho a la vida, el respeto a las personas, la paz, la justicia, la libertad, la solidaridad, etc. y los aplicamos a nuestra realidad, intentando transformar la sociedad con nuestras acciones.

aunque el recorrido que nos proponía Gesto por la Paz no era nada fácil, nos atrevimos y nos lanzamos a la calle. Y a lo largo de los años fuimos desarrollando principios como el derecho a la vida, el respeto a las personas, la paz, la justicia, la libertad, la solidaridad, etc.

En los inicios nos movió una responsabilidad cívica, acudíamos a las concentraciones de Gesto pero la mayoría de las veces no sentíamos a las víctimas como algo afín. Pero llegó la víctima cercana, y con ella empezamos a sentirnos cerca de las otras. Más tarde empezamos a disgustarnos por los asesinatos, por los secuestros, y comenzamos a empatizar con las víctimas y sus familiares, y según pasaba el tiempo el sentimiento de indignación ante los atentados era total, así como el convencimiento de que todo aquello era una tremenda injusticia. Y a lo racional se le unió lo emocional y nos fuimos haciendo fuertes y cada vez estábamos más convencidas de que lo que hacíamos era lo correcto.

Lo que he relatado en los últimos párrafos es una experiencia personal mía y de muchos compañeros y compañeras de camino, y lo comparto porque es posible que pueda servirle de ayuda a alguien. Creo que es imprescindible analizar todo lo sucedido a la luz de los principios éticos, revisar lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer. Nunca es tarde y se lo debemos a esta sociedad, sobre todo a las generaciones futuras, porque si no revisamos lo acontecido, si no corregimos nuestros errores, si hacemos como si nada de esto hubiera pasado es posible que la historia se repita y, sinceramente ¿Queremos que nuestro futuro sea un reflejo de nuestro pasado? Si la respuesta es no, algo tendremos que hacer. Y hay personas que por sus actos y por la responsabilidad que han tenido en los tristes hechos acontecidos en las últimas décadas deben hacer una profunda autocrítica; éste sería el mejor legado que podrían dejar. Esto no se arregla con un “todo el mundo tiene su parte de responsabilidad” y “todo el mundo ha cometido errores”, porque esa es la fórmula perfecta para que nada cambie, porque si no hay autocrítica y cada uno no asume su responsabilidad, todo vale y no hay nada que mejorar.

si no revisamos lo acontecido, si no corregimos nuestros errores, si hacemos como si nada de esto hubiera pasado es posible que la historia se repita y, sinceramente ¿Queremos que nuestro futuro sea un reflejo de nuestro pasado?

En resumidas cuentas, todos y todas hemos salido perdiendo con la violencia y la pérdida de valores, sobre todo las víctimas, que fueron las que sufrieron el ataque directo de la violencia, pero nuestra sociedad también se ha quedado muy tocada ya que la violencia ha dejado una huella muy oscura y profunda.

Acabo este escrito citando las clarividentes palabras que pronunció Maixabel Lasa en el acto de homenaje a su marido en el 20 aniversario de su asesinato a manos de ETA: “no se le puede pasar este marrón a la siguiente generación para decir que lo que sucedió no pudo haber sucedido. Simplemente eso”.

todos y todas hemos salido perdiendo con la violencia y la pérdida de valores, sobre todo las víctimas, que fueron las que sufrieron el ataque directo de la violencia, pero nuestra sociedad también se ha quedado muy tocada ya que la violencia ha dejado una huella muy oscura y profunda.

 


Maite Leanizbarrutia Biritxinaga

Miembro de la desaparecida Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria y de “GOGOAN-Por una Memoria digna”.

Gu ere gizarte honetan sortu ginen

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Gora Euskadi sozialista, gora… gora Euskadi askatuta!

Horrelakoak eta antzerakoak sarri entzuten eta abesten genituen gure ume denboran. 70. hamarkada zen eta 40 urteko diktaduratik ateratzen ari zen estatu espainiarra. Apurka-apurka demokrazia iritsi zen, bere handitasun guztiarekin. Batzuen iritziz trantsizioan gauzak lotuegi utzi ziren, zenbait aukera politikoren alde zeudenen asmoak betetzea ezinezkoa bilakatuz, beste batzuentzat aldiz, marko eta gobernamendu berriak ideia guztiak garatzeko abagunea eskaintzen zuen. Dena den ukaezina da demokraziarekin askatasuna eta eskubideak berreskuratu zirela, eta herrialde aurreratuetan gertatzen zen bezala subiranotasuna herrira bueltatuko zen eta erabakiak gehiengoaren babesarekin hartuko ziren.

Eta askatasun haizea gure ate eta leihoetatik sartzen hasi zenerako, bitxo txar bat sartu zitzaigun zirrikituetatik zehar ia konturatu barik: ETA talde terrorista. Ezin dugu ahaztu ETAren adar politikoak ez duela inoiz, ezta hurrik eman ere, gobernatzeko gehiengorik lortu, baina ETAren pistola eta bonben laguntzarekin neurriz kanpoko eragina lortzen ahalegindu zen gure gizartean, askotan herriaren ahotsa izango balira bezala agertuz: demokrazian hiritarren babesak ematen duen derrigorrezko zilegitasunik izan gabe, eta inongo zilegitasunik ez duen indarkeriaz baliatuz. “Aita” Francoren agintekeriatik emantzipatzen hasiak ginenean, ETA “anai nagusiak” sartu zuen muturra, askatasun mozorro koloretsuarekin jantzita, etxean bizi ginenon borondatea eta burujabetza gutxietsiz bere nahia bortxaz ezartzeko.

Ez zuten Euskadiko eta Nafarroako gizartearen babesik, baina indarkeriaren laguntzatxoari esker eta propaganda sektario eta gezurrezkoa jaurtitzen zuen makineria indartsu bat martxan jarri ondoren, politikan, kulturan eta gizarte mugimenduetan bilatzen zuten eragina izatea lortu zuten, hauek euren nahierara maneiatuz, eta kalean idatzi honen hasieran aipatzen dugun kantuan jasotzen ziren aldarrikapenak baino ez ziren adierazten, gizarte oso bat balego bezela aldarrikapen multzo trinko horren atzean. Euskal Nazio Askapenerako Mugimendua deitu zioten beren buruari eta kaleaz jabetu ziren.

indarkeriaren laguntzatxoari esker eta propaganda sektario eta gezurrezkoa jaurtitzen zuen makineria indartsu bat martxan jarri ondoren, politikan, kulturan eta gizarte mugimenduetan bilatzen zuten eragina izatea lortu zuten

Euren propagandaren behelainoak errealitatea distortsionatzen zuen, eta eginahalak eta bi egiten zituzten gauzak ondo nahasteko: gatazka politikoa indarkeriaren erabilerarekin, eta beraien hurbilekoen giza eskubideak aldarrikatzen zituzten beste askoren eskubideen urraketa bultzatu eta babesten zuten bitartean. Gatazka politikoari dagokionez esan beharrik ez dago demokrazian ezadostasunak eztabaida eta akordioen bidez bideratzen direla. Eta zer osasuntsua den gatazka politikoa! 40 urtetan zehar bahituta izan zuten, hiritarren borondatearen gainetik zeuden “iluminatu” batzuk hala erabaki zutelako, bazekitelako euren ideologia totalitarioa eta erregimen faxista zirela herriarentzat onena, eta hiritarrek adin-nagusitasuna berreskuratu zutela zirudienean beste “iluminatuak” etorri ziren, politika, gizarte mugimenduak eta kultura pozointzera, eta guztia usteldu zuten.

Eta giza eskubideen defentsan sektario hutsak ziren arren, zoritxarrez frogatuta geratu zen askotan salatzen zuten bezala, torturak eta tratu txarrak egon zirela eta estatu terrorismoak ere izugarrikeria ugari egin zituela, guzti horrek suposatzen zuenarekin: biktima horiei eragiten zitzaien oinazea eta mina –batzutan heriotza eragiteraino- eta zuzenbide estatuari egiten zitzaion kaltea.

Baina bazegoen beste errealitate gordin bat, kaleko mobilizazioetan salatzen ez zena, publikoki inork gutxik aipatzen zuena: ETAren hilketak, bahiketak, estortsioa, mehatxuak… Eta zergatik ez zen honetaz hitz egiten? Agian ETA zelako indarkeria guzti horren egilea? Agian ETAk eta bere adar politikoak mugitzen zituztelako gizarte-aldarrikapenen hariak? Agian beldurra sartu zigutelako? Agian aipatutako propaganda bere eragina egiten ari zelako gure gizartean?

Onartu beharra dago bere burua askapen mugimendutzat zeukan honek eskaintzen zuena oso erakargarria zela, batez ere gazteentzat, gazte izateko erarik benetazkoena eskaintzen zutela saltzen zigutelako, eta aldi berean gazteak behar zituzten euren militantzia hornitzeko. Baina militantzia hura ez zen nolanahikoa, indarkeria erabiltzea edo zilegitzea normaltasunez onartzen zen, eta balore etikoak albo batera uzten ziren. Eta herri eta auzo guztietan zeuden gazteen buruak berotzera eta neska-mutilen buruak jatera dedikatzen ziren elementuak, eta asko erori ziren euren sareetan: gazte pilo bat erradikalizatu zen, asko kaleko istiluetan eta kale borrokan parte hartzera iritsi ziren, eta beste batzuk ETAren barruan bukatu zuten. Zer gutxi hitz egin den radikalizazio prozesu hauetaz, zer gutxi aipatu den guzti honek euskal gazteriari eragin dion kalte ikaragarriaz. Zenbat gazte alperrik galdu ziren. Guzti honek hausnarketa sakona merezi du, eta ez dirudi askoren lehentasunen artean dagoenik.

Zer gutxi hitz egin den radikalizazio prozesu hauetaz, zer gutxi aipatu den guzti honek euskal gazteriari eragin dion kalte ikaragarriaz. Zenbat gazte alperrik galdu ziren. Guzti honek hausnarketa sakona merezi du, eta ez dirudi askoren lehentasunen artean dagoenik.

Gu geu ere aipatutako behelaino horretan hazi ginen, baina zorionez etxekoek eta ingurukoek eskutik helduta geunzkaten lanbro artean ez galtzeko, eta indarkeriaren aurkako mezu argiak igortzen zizkiguten. Dena den ez zen zaila nahastea eta nahiko ohikoa zen gurasoak baino aurrerakoiagoak izateko nahiak bultzatuta, “askapen” mugimendu horrekin kidetzea.

Hatan-horretan Euskal Herriko Bakearen Aldeko Koordinakundea sortu zen eta gizarteko eremu batzuetan indarkeriari buruzko hausnarketa bultzatzen lagundu zuen, eta begi bistan egon arren gizartean inor gutxik ikusi nahi zuen errealitatea aurrez-aurre jarri ziguten: ETAk ia egun birik bat norbait hiltzen zuela. Baina pertsona hauei bizitza kentzen zitzaien arren, zeukaten guztia, ez ziren aintzakotzat hartzen, eta horretaz gain “erruduntasun” presuntzio iraingarri bat ezartzen zen euren gain: ziur ETAk egin zuena egiteko arrazoiren bat izango zuela.

Beraz gure bakearen ibilbidea argitu zuen lehen argitxoa printzipio etiko bat izan zen, oinarrizkoena: “ez duzu inor hilgo”. Printzipio horietan dago guztien onaren eta elkarbizitzaren estalpea eta gure beldur eta zalantzen gainetik jarri genituen. Eta martxan jarri ginen eta Gestok deitutako isiluneetara joateari ekin genion, zeinek biderako mapatxo bat eskaini zigun, eta ibilbidea zaila iruditu zitzaigun arren ausartu egin ginen eta kalera atera. Urteetan zehar bizitzeko eskubidea, pertsonei zor zaien errespetua, bakea, justizia, askatasuna eta elkartasuna bezalako printzipioak landu genituen, gure errealitatera aplikatuz, eta gizartea aldatzeko ahalegina egin genuen gure ekintza eta hausnarketekin.

ibilbidea zaila iruditu zitzaigun arren ausartu egin ginen eta kalera atera

Hasieran gizabidezko erantzukizunak eragin zigun, Bakearen aldeko Koordinakundearen bilkuretara joaten ginen baina askotan ez genituen biktimak hurbil sentitzen. Baina iritsi zen hurko biktima eta berarekin batera besteak ere gertukoak bezala sentitzen hasi ginen. Ondoren atsekabea etorri zen, hildakoengatik, bahitutakoengatik, senitartekoengatik eta biktimekin enpatizatzen hasi ginen, eta denborak aurrera egin ahala sumindura sentitu genuen, eta guzti hura erabateko injustizia zenaren uste osoa. Eta emozioek arrazoiarekin bat egin zutenean indartsuagoak bilakatu ginen eta gero eta argiago geneukan hartutako bidea zuzena zela.

2 de febrero de 1992

Idatzi honetan nire esperientzia pertsonala jasotzen dut, baita bidelagun izan ditudan beste askorena ere, eta hemen partekatu nahi izan dut norbaitentzat lagungarria izan daitekelakoan. Nire ustez ezinbestekoa da gertatutako guztia printzipio etikoen argitan aztertzea, egin duguna eta egin gabe utzi duguna begiratzea. Inoiz ez da berandu eta gizarte honi zor diogu, batez ere gure ondorengoei, zeren eta gertatutakoa aztertzen ez badugu, akatsak zuzentzen ez baditugu, gertatu dena ahazten badugu, baliteke jazotako guztia berriz gertatzea. Esan dezagun zintzotasunez: Gure etorkizuna iraganaren isla izatea nahiko genuke? Erantzuna ezezkoa bada zerbait egin beharko dugu. Eta pertsona batzuk, euren ekintzengatik eta azken hamarkadetan gertatutakoaren inguruan duten erantzukizunagatik autokritika sakona egin beharko lukete, hau izango litzateke gure gizarteari, beraien gizarteari egin liezaioketen ekarpenik onena. Hau ez da konpontzen “mundu guztiak du erantzukizuna” edo “guztiok egin ditugu akatsak” esanda, hori bait da ezer ez aldatzeko formula perfektoa, zeren eta autokritikarik ez badago, norberak bere erantzukizuna bere gain hartzen ez badu, gertatu den guztia balekoa da eta ez dago hobetu beharreko ezer.

Amaitzeko esan beharra dago istorio honetan guztiok atera garela galtzaile, batez ere biktimak, beraiek jasan dutelako indarkeriaren eraso gordina, baina gizartea ere oso ukituta geratu da, sarritan oinarrizko baloreak alperrik galdu direlako eta azken hamarkadetako indarkeriak bere arrasto beltza eta sakona utzi duelako.

istorio honetan guztiok atera garela galtzaile, batez ere biktimak, beraiek jasan dutelako indarkeriaren eraso gordina, baina gizartea ere oso ukituta geratu da

Idatzi hau Maixabel Lasak bere senarraren hilketaren 20. urteurrenean esandako hitz argiekin bukatuko dugu: “Ezin zaio hurrengo belaunaldiari utzi gertatutakoa ez zela inoiz gertatu behar esatearen fardela. Hori besterik ez “.

Ezin zaio hurrengo belaunaldiari utzi gertatutakoa ez zela inoiz gertatu behar esatearen fardela. Hori besterik ez

 


Maite Leanizbarrutia Biritxinaga

Euskal Herriko Bakearen Aldeko Koordinakundeko kide ohia eta “GOGOAN-Por una Memoria digna” taldeko kidea.

La tentación del olvido

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Para superar de forma suficiente el trauma de la violencia hace falta abordar un sinfín de tareas. Especialmente importantes y urgentes son las que se refieren a la necesidad de desarmar la cultura de la violencia que penetró en capas amplias de nuestra sociedad. Sólo rompiendo todos los cautiverios mentales que hicieron posible una barbaridad como el asesinato, será posible rehacer todo el tejido social y moral roto por la violencia.

En ese camino hay dos elementos centrales donde nos la jugamos; la deslegitimación social de la violencia y la convivencia en una sociedad compleja y plural como la nuestra.

El reto de la paz y la convivencia exigen, al menos, tiempo, voluntad y un trabajo ético enorme. Y la necesaria deslegitimación social de la violencia es incompatible con expresiones públicas que homenajean o ensalzan la figura y la trayectoria de una persona de ETA que decidió matar o colaborar en ello.

Sin duda, el vigor de nuestra convivencia se medirá dentro de unos años, pero hoy sabemos que no hay tareas aplazables. La consideración hacia los victimarios y su presencia en el espacio público y, por lo tanto, la deslegitimación social de la violencia, es una asignatura todavía pendiente.

En este sentido, conviene no subestimar el efecto devastador que tiene en la memoria y la ética pública la presencia, todavía, de los homenajes a presos de ETA. Porque normalizándolos podríamos estar enviando un mensaje equivocado a las siguientes generaciones, pues a través de esos actos se nos traslada la imagen de una gente generosa ensalzada por su participación en una violencia que no se cuestiona, cuando la violencia es, sobre todo, un trauma.

Es absolutamente legítimo criticar la política penitenciaria de alejamiento y reivindicar el acercamiento de cualquier preso. Pero es bien distinto tratar acríticamente, como si fueran mártires de nuestros pueblos, a quienes cometieron graves atentados contra sus víctimas y contra la convivencia de la sociedad.

Abrir la puerta a una relativización de los atentados o a una nostalgia criminal es un mal camino para reforzar la convivencia, porque después de enterrar las armas una de las cosas más urgentes es anular la épica que existió hacia la violencia en buena parte de la sociedad.

La convivencia real se construye sobre la base de un escenario en el que los victimarios no sean considerados héroes. Y hoy, en el espacio público de muchos pueblos, se nos impone aún un desequilibrio enorme entre la presencia pública de los agresores (victimarios) y la presencia de las víctimas, lo que merece una reflexión sobre el uso de los espacios comunes y públicos (frontones, calles principales, etc.).

La paz exige actitudes a favor de la paz y estas tienen que ser constantes y permanentes. Proyectar valores conciliadores que refuercen la convivencia y la deslegitimación de la violencia es incompatible con estos actos de auto elogio en los que se desprecia nuevamente el dolor generado en las víctimas por los mismos a los que se homenajea.

El silencio de las armas tiene un efecto sonoro evidente; en él se oye con más nitidez el desprecio con el que a veces se ha tratado a las víctimas. Hoy sin embargo tenemos el deber histórico y ético de hacer las cosas de otra forma. En la nueva sociedad post ETA no caben más humillaciones hacia las víctimas. En esto no podemos seguir siendo prisioneros del pasado porque para avanzar como sociedad necesitamos extender la cultura de la deslegitimación de la violencia en toda la sociedad.

Además de ello, hay que tener en cuenta que la convivencia se construye en el espacio común, en la vida cotidiana, en el paisaje urbano, desde el respeto hacia quienes sufrieron la violencia, sin más matices que la cercanía al dolor de quienes se vieron en una diana. Por eso, los homenajes a los presos de ETA, que se realizan precisamente porque eran de ETA, deterioran la calidad de nuestra convivencia, porque la convivencia se basa en un ejercicio diario de empatía y afecto.

Hace años, hubo una suma de cegueras colectivas que nos hicieron una sociedad peor al no darnos cuenta de las humillaciones y la soledad por la que estaban pasando las víctimas. Por eso, el deber de memoria, la necesidad de convivir, implica necesariamente la honestidad de reconocer los hechos tal y como fueron. Porque si adecuamos el presente a un escenario que perpetúa la seducción hacia la violencia y, por lo tanto, hacia quienes la ejercieron cerraremos en falso lo sucedido.

Después de todo el trabajo que se ha hecho en la memoria histórica, hoy sabemos que pasar por alto este tipo de cuestiones siempre es la antesala de la desmemoria. No caigamos, otra vez, en la tentación del olvido.

Joseba Eceolaza, miembro de Gogoan-Memoria digna

 

 

Este artículo ha sido publicado en El Correo, El Diario Vasco, Diario de Noticias de Navarra

Biktimagileen lekua gure plazetan eta herrietan

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Necesitamos trabajar en una gran lista de temas para abordar el impacto social de la violencia, ya que la violencia no solo afectó el momento específico de la amenaza y la muerte. La violencia y sus consecuencias destrozaron muchas cosas y por eso llevará mucho tiempo normalizar una sociedad tan marcada por el terrorismo.

En el camino de la convivencia es inaceptable homenajear y elogiar a los presos a través de diversos actos públicos, murales, grafitis y pancartas, como se ha visto en varias localidades este verano.

Bakearen eta bizikidetzaren erronkak denbora, borondatea eta lan etiko handia eskatzen ditu gutxienez. Eta indarkeriaren nahitaezko deslegitimazio soziala bateraezina da hiltzea edo horretan laguntzea erabaki zuen norbaiten irudia eta ibilbidea omentzen edo goraipatzen duten adierazpen publikoekin.

Bizikidetzaren bidean onartezina da hainbat ekitaldi publiko, horma-irudi, pintada eta pankarten bidez presoak omentzea eta goraipatzea

Guztiz legitimoa da urruntzeko espetxe-politika kritikatzea eta edozein presoren hurbilketa aldarrikatzea. Baina oso desberdina da, gure herrietako martiriak balira bezala, biktimen eta gizartearen bizikidetzaren aurkako atentatu larriak egin zituztenak modu akritikoan tratatzea.

Gure ustez, gure bizikidetzaren indarra urte batzuk barru neurtuko da, baina badakigu gaur bertan ez dagoela gerorako uzteko zereginik. Biktimagileak aintzat hartzeak eta espazio publikoan egoteak agerian uzten du gure gizartearen zati batean gabezia handia dagoela, hau da, oraindik ez duela onartu indarkeriaren deslegitimazio soziala.

Baina oso desberdina da, gure herrietako martiriak balira bezala, biktimen eta gizartearen bizikidetzaren aurkako atentatu larriak egin zituztenak modu akritikoan tratatzea.

Esan dugun bezala, uda honetan hainbat herritan kale nagusiak presoen inguruko pankartekin bete dira eta, horrela, espazio itogarriak sortu dira gizartearen gehiengoarentzat eta, are gehiago, biktimentzat.

Zentzu horretan, komeni da ez gutxiestea oraindik ere omenaldi horiek egoteak oroimen eta etika publikoan duen ondorio suntsitzailea. Zeren eta, halakoak normalizatuz gero, hurrengo belaunaldiei mezu okerra bidal baikeniezaieke; izan ere, ekintza horien bidez, zalantzan jartzen ez den indarkerian parte hartzeagatik goraipatzen den jende eskuzabalaren irudia helarazten zaigu, haatik indarkeria batez ere trauma bat denean.

halakoak normalizatuz gero, hurrengo belaunaldiei mezu okerra bidal baikeniezaieke; izan ere, ekintza horien bidez, zalantzan jartzen ez den indarkerian parte hartzeagatik goraipatzen den jende eskuzabalaren irudia helarazten zaigu, haatik indarkeria batez ere trauma bat denean

Atentatuen erlatibizazioari edo nostalgia kriminalari atea irekitzea bide txarra da bizikidetza indartzeko; izan ere, armak lurperatu ondoren, gauzarik premiazkoenetako bat gizartearen zati handi batean indarkeriaren inguruan eraikitako epika deuseztatzea da.

Zalantzarik gabe, auzi hau ez da bide penaletik konpontzen, ez da hori bere eremua. Aitzitik, hausnarketarako eta indarkeriari zilegitasuna kentzeko espazioak behar dira.  Horrelako ekitaldiak antolatzen jarraitzen dutenei eta ETAren tren berean joan direnei dagokie zeregin hori. Massimo Carlotto Lotta Continuako kidearen hItzetan esanda, “krimenarekin harreman erromantiko-errebeldea izan zuten ” haiei.

Benetako bizikidetza eraikitzen da biktimagileak heroitzat hartzen ez diren agertoki batean oinarrituta. Gaur egun herri askotako espazio publikoan oraindik ere desoreka handia dago erasotzaileen (biktimagileen) eta biktimen presentziaren artean, eta horrek espazio komunen eta publikoen erabilerari buruzko hausnarketa merezi du (frontoiak, kale nagusiak, etab.).

Gaur egun herri askotako espazio publikoan oraindik ere desoreka handia dago erasotzaileen (biktimagileen) eta biktimen presentziaren artean

Bakeak bakearen aldeko jarrerak eskatzen ditu, eta jarrera horiek etengabeak eta iraunkorrak izan behar dute. Ezin da bizikidetza indartu krimenen zigorgabetasun faltsuaren aldeko apustua egiten den bitartean, “Denok etxera”, “Presoak kalera”, “Free them all” edo “maite zaituztegu” bezalako mezu engainagarriak erabiltzen baitira.

Bizikidetza eta indarkeriaren deslegitimazioa indartuko dituzten balio adiskidetzaileak proiektatzea bateraezina da laudoriozko ekintza horiekin, non berriz ere mespretxatzen den omentzen direnek biktimei eragindako mina, ekintza horiek gure gizartearen oinarri etikoak ere zalantzan jartzen baitituzte.

Armen isiltasunak soinu-efektu nabarmena du; bertan garbiago entzuten da biktimak batzuetan jasan izan duten mespretxua. Gaur egun, ordea, gauzak beste era batera egiteko betebehar historiko eta etikoa dugu. ETAren ondoko gizarte berrian ez dago biktimenganako umiliazio gehiagorako lekurik. Horretan ezin dugu iraganaren preso izaten jarraitu, gizarte gisa aurrera egiteko espazio guztietan zabaldu behar dugulako indarkeriaren deslegitimazioaren kultura.

Armen isiltasunak soinu-efektu nabarmena du; bertan garbiago entzuten da biktimak batzuetan jasan izan duten mespretxua

Bizikidetza osasuntsua elementu askoren inbrikazioaren gainean eraikitzen da eta, zalantzarik gabe, funtsezkoa da kontuan hartzea sortutako biktimek,  jasandako indarkeriaren jatorria edozein izanda ere, egia eta justizia izateko eskubidea dutela. Horrez gain, kontuan izan behar da bizikidetza espazio komunean eraikitzen dela, eguneroko bizitzan, hiri-paisaian, indarkeria jasan zutenekiko errespetutik abiatuta eta inolako ñabardurark gabe, ez bada xede batean ikusi zirenen minarekiko hurbiltasuna. Horregatik, presoei egiten zaizkien omenaldiek, hain zuzen ere ETAkide izateagatik egindakoek, gure bizikidetzaren kalitatea hondatzen dute, eguneroko enpatia eta afektu ariketa batean oinarritu behar delako bizikidetza hori.

Oroimenerako betebeharrak etika eta biktimak gure jardunaren erdigunean jartzea eskatzen du. Horrela bakarrik lortuko dugu gizarte kohesionatuagoa, indarkeriaren drama gainditzeko gai dena. Gaur egun badakigu horrelako kontuak baztertzea beti izaten dela ahanzturaren atarikoa. Horregatik planteatzen dugu:

  1. Presoei egindako omenaldi publikoak amaitzea.
  2. Udalek bermatzea beren udalerrietako espazio publikoak bizikidetza-eremu izango direla, ETAkideak idealizatzen dituzten mezurik gabeak eta ez daudela ETAko presoen ikonografiak beteta.
  3. Memoria demokratikoaren, bizikidetzaren eta indarkeriaren deslegitimazioaren balioak indartzeko tokiko guneak eta horma-irudiak bultzatzeko udal-foroak eratzea.

 

Fundación Fernando Buesa – Gogoan por una memoria digna – Elkarbizi

El lugar de los victimarios en nuestras plazas y pueblos

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Abordar el impacto social de la violencia exige trabajar sobre un listado enorme de temas, porque la violencia no solo nos afectó en el momento exacto de la amenaza y la muerte. La violencia y sus consecuencias destruyeron tantas cosas que, por eso mismo, llegar a normalizar una sociedad tan profundamente marcada por el terrorismo llevará mucho tiempo.

resulta inaceptable que los presos de ETA sigan siendo homenajeados y ensalzados a través de diferentes actos públicos, murales, pintadas y pancartas

En el camino de la convivencia resulta inaceptable que los presos de ETA sigan siendo homenajeados y ensalzados a través de diferentes actos públicos, murales, pintadas y pancartas como las que se han exhibido este verano en multitud de pueblos.

El reto de la paz y la convivencia exigen, al menos, tiempo, voluntad y un trabajo ético enorme. Y la necesaria deslegitimación social de la violencia es incompatible con expresiones públicas que homenajean o ensalzan la figura y la trayectoria de alguien que decidió matar o colaborar en ello.

Es absolutamente legítimo criticar la política penitenciaria de alejamiento y reivindicar el acercamiento de cualquier preso, demanda que compartimos de conformidad con la legislación penitenciaria. Pero es bien distinto tratar acríticamente, como si fueran mártires de nuestros pueblos, a quienes cometieron graves atentados contra sus víctimas y contra la convivencia de la sociedad.

En nuestra opinión, el vigor de nuestra convivencia se medirá dentro de unos años, pero hoy ya mismo sabemos que no hay tareas aplazables. La consideración hacia los victimarios y su presencia en el espacio público, evidencia una carencia importante en parte de nuestra sociedad que aún no ha asumido la necesaria deslegitimación social de la violencia.

Como hemos apuntado, este verano en varios pueblos las calles principales se han inundado de pancartas en referencia a los presos de ETA, construyendo así espacios asfixiantes para la mayoría de la sociedad y, en mayor medida, para las víctimas.

es bien distinto tratar acríticamente, como si fueran mártires de nuestros pueblos, a quienes cometieron graves atentados contra la sociedad en general

En este sentido, conviene no subestimar el efecto devastador que tiene para la memoria y la ética pública la presencia, todavía, de estos homenajes. Porque normalizándolos podríamos estar enviando un mensaje equivocado a las siguientes generaciones, pues a través de esos actos se nos traslada la imagen de una gente generosa ensalzada por su participación en una violencia que no se cuestiona, cuando la violencia es, sobre todo, un trauma.

normalizándolos podríamos estar enviando un mensaje equivocado a las siguientes generaciones, pues a través de esos actos se nos traslada la imagen de una gente generosa ensalzada por su participación en una violencia que no se cuestiona

Abrir la puerta a una relativización de los atentados o a una nostalgia criminal es un mal camino para reforzar la convivencia, porque después de enterrar las armas una de las cosas más urgentes es anular la épica que se construyó con respecto a la violencia en buena parte de la sociedad.

Sin duda, este asunto no se resuelve por la vía penal, no es ese su terreno. Sino que requiere espacios de reflexión y deslegitimación de la violencia. Y esa tarea corresponde a quienes siguen organizando ese tipo de actos y a quienes han ido en el mismo tren que ETA. A aquellos que, siguiendo las palabras de Massimo Carlotto, miembro de Lotta Continua, tuvieron “una relación romántico-rebelde con el crimen”.

La convivencia real se construye sobre la base de un escenario en el que los victimarios no sean considerados héroes. Y hoy, en el espacio público de muchos pueblos, se nos impone aún un desequilibrio enorme entre la presencia pública de los agresores (victimarios) y la presencia de las víctimas, lo que merece una reflexión sobre el uso de los espacios comunes y públicos (frontones, calles principales, etc.).

en el espacio público de muchos pueblos hay un desequilibrio enorme entre la presencia pública de los agresores (victimarios) y la presencia de las víctimas

La paz exige actitudes a favor de la paz y estas tienen que ser constantes y permanentes. No es posible reforzar la convivencia mientras se apuesta por una ilusoria impunidad de los crímenes al utilizar mensajes engañosos como “denok etxera”, “presoak kalera”, “free them all” o “maite zaituztegu”.

Proyectar valores conciliadores que refuercen la convivencia y la deslegitimación de la violencia es incompatible con estos actos de auto elogio en los que se desprecia nuevamente el dolor generado en las víctimas por los mismos a los que se homenajea, porque también cuestionan las bases éticas de nuestra sociedad.

El silencio de las armas tiene un efecto sonoro evidente; en él se oye con más nitidez el desprecio con el que a veces se ha tratado a las víctimas. Hoy, sin embargo, tenemos el deber histórico y ético de hacer las cosas de otra forma. En la nueva sociedad post ETA no caben más humillaciones hacia las víctimas. En esto no podemos seguir siendo prisioneros del pasado porque para avanzar como sociedad necesitamos extender la cultura de la deslegitimación de la violencia en todos los espacios.

El silencio de las armas tiene un efecto sonoro evidente; en él se oye con más nitidez el desprecio con el que a veces se ha tratado a las víctimas.

Una convivencia sana se construye sobre la imbricación de muchos elementos y, sin duda, es central tener en cuenta que las víctimas generadas, sea cual sea el origen de la violencia sufrida por ellas, tienen derecho a la verdad y la justicia. Además de ello, hay que tener en cuenta que la convivencia se construye en el espacio común, en la vida cotidiana, en el paisaje urbano, desde el respeto hacia quienes sufrieron la violencia, sin más matices que la cercanía al dolor de quienes se vieron en una diana. Por eso, los homenajes a los presos de ETA, que se realizan precisamente porque eran de ETA, deterioran la calidad de nuestra convivencia, porque la misma se basa en un ejercicio diario de empatía y afecto.

El deber de memoria exige colocar en el centro de nuestro actuar a la ética y a las víctimas. Solo así lograremos una sociedad más cohesionada, capaz de superar el drama de la violencia. Hoy sabemos que pasar por alto este tipo de cuestiones siempre es la antesala del olvido. Por eso planteamos que:

  1. Se ponga fin a los homenajes públicos a los presos de ETA.
  2. Los ayuntamientos garanticen que los espacios públicos de sus municipios sean un ámbito de convivencia, sin mensajes que idealicen a los miembros de ETA, y que no estén tomados por la iconografía de los presos de ETA.
  3. Se constituyan foros municipales para impulsar espacios y murales locales destinados a reforzar los valores de la memoria democrática, la convivencia y la deslegitimación de la violencia.

Fundación Fernando Buesa – Gogoan por una memoria digna – Elkarbizi


 

 

Abrazos y memoria

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Tras un par de días intentándolo, hemos conseguido contactar con Kamchatka y nos han dado espacio para continuar el debate. Se lo agradecemos.

Cinco apuntes sobre los abrazos a Josu Urrutikoetxea y la memoria democrática vasca

 

1. El abrazo como punta de un iceberg político y ético

Estos días se ha desatado un considerable debate, a raíz de un abrazo en redes sociales, de Bildu para el dirigente de ETA, y en su día de Euskal Herritarrok, Josu Urrutikoetxea, y que ha contado con la aportación de un interesante artículo de Jonathan Martínez. En cambio ha pasado más desapercibido el mitin de campaña de Bildu, de hace pocas semanas, en el que se leyó, desde la propia tribuna, un mensaje suyo musicado de apoyo electoral (buscar en Twitter: Josu Urritikoetxeak hauteskunde).

Aunque algunos se pierden en disquisiciones, sobre si el gesto del abrazo se ha hecho por su enfermedad actual o por su papel en el final de ETA, conviene no perder la perspectiva. Prácticamente todos y cada uno de los presos oficialistas de ETA han tenido su reconocimiento y homenaje, desde hace décadas y hasta hoy. Sirva de ilustración sobre el carácter político, no familiar, de esos ritos martiriales, el vídeo recientemente visto en redes, el enésimo, firmado, como suele ser más habitual, por Sortu (buscar en twitter: Kepa del Hoyo preso politiko galdakaoztarra). Los consideran sus “gudaris”, hoy por hoy sin ánimo de revisión crítica. No hay más. Es lo que hay. Y mejor abordarlo así, sin camuflajes, trampas, ni auto-engaños.

2. Con los señores de la guerra y contra los soldados rasos ‘conversos’

Jose Antonio Urrutikoetxea ha sido uno de los más importantes dirigentes de ETA. Por cierto, no es un secreto que sus propios compañeros utilizaban con total normalidad “Ternera” para hablar de él, así que lo de ir estampando que eso denota argot policial supongo que será un cortafuegos tramposillo frente a las críticas.

Entiendo fácilmente que cualquier miembro de ETA mienta en un proceso penal. Entendía aún mejor cuando hace años se negaban a reconocer los “tribunales opresores” y directamente no testificaban en los juicios. Pero me cuesta más que a la hora del relato, en un artículo, se reivindique el debut con “participación indirecta” en el atentado contra Carrero Blanco (eso sí que será información policial, porque los militantes de ETA no suelen alardear de curriculum concreto), pero se eludan el resto de responsabilidades de un alto dirigente de ETA desde los 70, que estuvo en los preparativos de Argel (1989), en la comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco (1999), en la negociaciones de Suiza/Loiola (2006) y en la bajada final de persiana de Aiete/Noruega (2011). Y es que Carrero es el muerto número 8 de un listado total de 829.

Resulta llamativo cómo se pretende exculpar el “pasado militar” del Gran General, emplumando las decenas de barbaridades de su mandato ochentero (Ryan, Yoyes, Hipercor, niños de la casa cuartel de Zaragoza…) a los soldados rasos. ¿Dónde queda la modesta verdad que reivindicamos frente al Señor X del GAL?. Incluso se atreven a calificar como invectivas de un “converso” el testimonio contra él de uno de esos militantes de base. Vaya códigos militares gastan algunos.

3. ¿Hacedores de la paz o buscadores de una salida airosa?

Después de años de rechazo social mayoritario y continuas detenciones, ETA y la izquierda abertzale se encontraron, tras las ilegalizaciones, que desde algunas organizaciones rechazamos, con aquella oferta, que cuenta Zapatero y que verbalizó Rubalcaba, ¿votos o bombas?. Y es conocida la opción que tomaron Otegi y Urrutikoetxea.

Eguiguren recuperó hace un tiempo el concepto del artículo de Hans Magnus Enzensberger en 1989, “Los héroes de la retirada”. Pero el pensador alemán diferenció en aquel brillante texto sobre la complejidad política, entre los héroes y los epígonos de la retirada, matizando que “Los epígonos de la retirada se mueven por impulso ajeno. Obran bajo una presión que viene de abajo y de arriba. El verdadero héroe de la renuncia, en cambio, es él mismo, la fuerza motriz”. Ahí queda para la valoración del papel final jugado por ambas personalidades.

Y sí, en ese tránsito se toparon con Bateragune, aquel despropósito judicial, que ya en 2012 en el propio Tribunal Supremo salió adelante por solo 3 votos contra 2, y en el Tribunal Constitucional por 7 contra 5, en la penúltima disputa entre el derecho penal garantista y el autoritario, el del enemigo, que ha sacudido la lucha judicial contra ETA. Y cuyos daños no podrán compensar ya las correspondientes indemnizaciones.

También conste, para ponderar el pretendido carácter pacificador de los protagonistas del caso, que conviene escuchar a Arkaitz Rodriguez en una televisión venezolana, explicando por qué cambiaron de estrategia.

4- La fábula de los pintxos milagrosos de Aiete

La idea de dar una pista de aterrizaje, un puente de plata, a ETA y a Batasuna para acabar con 40 años de alternar política y métodos terroristas, su “bietan jarrai”, me pareció una salida razonable. Pero no poca gente se ha acabado creyendo que aquella escenificación fue la clave de la Paz.

Me unen lazos, de amistad y familiares, con los acompañantes, de Alternatiba y Eusko Alkartasuna, en aquella salida para ETA (Gernika, luego Bildu y Aiete). He compartido militancia política con Jonathan Martínez, en tiempos del ínclito Javier Madrazo, aun en orillas distintas. No tengo ninguna duda de su trayectoria, de todos ellos, contra la violencia de ETA y contra todas las violaciones de Derechos Humanos.

Pero me parece una osadía engañosa atribuirse algún tipo de papel decisivo por aquella operación bikini-flotador de 2009-2010. No, el final de la tragedia vasca no cayó milagrosamente por sus gestiones antes del cóctel palaciego internacional de Aiete. Alivia que no hubiera un final al estilo GRAPO o IRA Auténtico, cuando ya los últimos miembros activos de ETA se alojaban hasta en tiendas de campaña, y sus dirigentes no eran detenidos tras largos años, sino en semanas. Pero la estrategia político-militar sucumbió ante el triunfo de la deslegitimación social pacifista, dentro de la propia Euskal Herria, y por el colapso operativo de combinar violencia y política (mal que nos pese a los que rechazamos las ilegalizaciones).

5. Mas Gabriel Celaya y Martin Ugalde, que Negri, Zizek y compañia, para sembrar la memoria democrática vasca

Euskadi y Navarra afrontan ya sus diversas controversias políticas por fin en condiciones parecidas a otras tantas sociedades del entorno, con sus límites, urgencias y cotidianidades. Pero tantas décadas de violaciones de Derechos Humanos, años en los que se violentó la política, han dejado heridas y retos específicos.

Atender a las víctimas de la persecución de ETA, a las víctimas del “todo valía contra ETA” y contra quien anduviera cerca (BVE, GAL, torturas, atropellos judiciales…), restablecer un derecho penal garantista (sin imputaciones difusas, ni validez total a autoinculpaciones en sede policial) e impulsar una política penitenciaria humanitaria y una reinserción restaurativa de presos (ojalá muchos más abrazos como los de Maixabel Lasa con Ibon Etxezarreta)… sin duda quedan cosas importantes.

Y mientras tanto, a no dejarse impresionar por manifiestos-relatos movidos desde el aparato internacional de la izquierda abertzale, que recolectó a algunos intelectuales para proponerles un frívolo turismo de conflictos. Ese texto que Negri, Zizek y demás firmaron destacando de Urrutikotxea, el gran jefe de ETA durante 30 años, su “determinación y altura moral” y ser “promotor de una resolución justa y duradera”. Y es que hasta a sus hábiles redactores propagandistas, a veces, se les va la mano.

Para cultivar la memoria democrática vasca, mejor que la poca empática complacencia excesiva con victimarios orgullosos, sin autocrítica, creo más valioso acercarse al deslumbrante manifiesto de los 33, donde, entre otros gigantes de la cultura vasca, Gabriel Celaya y Martin Ugalde (primer Presidente de Egunkaria) advirtieron en 1980 de la gangrena moral que amenazaba a nuestra sociedad y que todavía tenemos pendiente curar bien. Que así sea.

 

Sabin Zubiri, miembro de Gogoan, por una memoria digna

 

 

El mito fundacional de ETA

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Se ha estrenado la serie sobre los inicios de ETA ”La línea invisible” y nos vendrá bien verla porque así repensaremos el mito fundacional de ETA basado en los supuestos orígenes bondadosos y antifranquistas de la organización terrorista. De hecho, quienes justifican el actuar de ETA construyen su núcleo argumental en los años que van del 68 al 75 y en ocasiones ocultan el resto de los 50 años de violencia y terror.

se pueden conocer las razones de ETA, sin que ello suponga que se aprueben los hechos que se cometieron en su nombre

Paradójicamente, el 90% de las víctimas de ETA se produjeron en democracia. Pero incluso sin ese importante dato, resulta relevante y necesario deconstruir ese mito fundacional.

Humberto Fouz Escudero, Jorge García Carneiro y Fernando Quiroga Veiga, desaparecidos en 1973

En primer lugar, porque al asesinato de Melitón Manzanas (una de las bases de ese mito) le siguieron por ejemplo; el asesinato del taxista Fermín Monasterio en 1969, la desaparición de tres jóvenes gallegos en 1973, todavía pendiente de esclarecimiento, y el atentado de la Cafetería Rolando que causó 13 muertos en 1974. Destaco estos atentados porque rompen de forma clara el concepto (problemático también) de la legítima defensa que trató de armar ETA y su universo emocional. Así que incluso en esos años de “violencia antifranquista” o de “respuesta legítima” ETA actuó sin ningún tipo de justificación.

El actuar de ETA caminó sobre diferentes contextos históricos. Sin embargo, y de forma recurrente, se selecciona únicamente sus inicios para fortalecer la narrativa de la violencia, para hacernos ver que la violencia de ETA fue, sobre todo, una violencia de respuesta y, se sobreentiende, justa. No existe Isaías Carrasco, ni el resto de víctimas que lo fueron en democracia.

Frente a eso, tenemos que subrayar que el ejercicio de la violencia es, sobre todo, un ejercicio autónomo y no condicionado. ETA escogió intencionadamente, y durante 50 años seguidos, la violencia para imponer su ideario, dentro de una serie de influencias históricas y políticas sí, pero perfectamente podía no haberlo hecho.

ETA escogió intencionadamente, y durante 50 años seguidos, la violencia para imponer su ideario, dentro de una serie de influencias históricas y políticas sí, pero perfectamente podía no haberlo hecho.

Tal y como dice mi compañera de Gogoan por una memoria digna, Isabel Urkijo, “se pueden conocer las razones de ETA, sin que ello suponga que se aprueben los hechos que se cometieron en su nombre”. Que ETA naciera en un contexto determinado no justifica su actuar. Matar, y seguir haciéndolo incluso una vez se murió el dictador, fue una decisión autónoma de ETA solo condicionada a su voluntad de imponer un proyecto político a la sociedad, una dinámica que no todos los antifranquistas ejercieron.

miles los militantes antifranquistas que no usaron la violencia

Fueron miles los militantes antifranquistas que no usaron la violencia y, además, fueron muy eficaces en su lucha. La creatividad organizativa, las nuevas ideas que conectaron con las mayorías sociales, la adaptación a la situación de clandestinidad y la unidad en torno a CCOO fueron claves para esa eficacia contestataria y, en general, pacífica.

Sin embargo, y a pesar de esos ejemplos, se nos hace creer que no había más remedio que matar, pero la violencia es evitable porque la violencia es una elección. De hecho para cuando ETA asesina a Pardines el debate sobre la violencia ya se había decantado a favor del terrorismo.

Además de los hechos históricos, que niegan el mito fundacional de ETA, hay varias consideraciones sobre la violencia “justa” que es necesario también valorar, y que en la justificación de ETA suele estar ausente.

Nada asegura el éxito de una causa por el asesinato de un tirano. Se tiende a la especulación con ese paradigma; es decir, no es una certeza que matando a un líder se termine con sus ideas. Se da como irrefutable ese hecho, pero no es cierto y, en el caso del asesinato de Carrero Blanco, se suele abusar de esa idea.

La izquierda revolucionaria de aquella época, que sirvió de sostén para la violencia de ETA, se sumió en un debate horrible que planteaba un dicotomía peligrosa entre eficacia/no eficacia de la violencia, dejando de lado consideraciones hoy básicas en el análisis sobre los procesos de violencia. Solo se valoraba la violencia desde el hecho contemporáneo de la muerte, sin advertir que tras la muerte violenta vienen años de dolor y duelo no resuelto. No hubo, entre esa izquierda, una consideración sobre el daño que se estaba generando en el futuro, se valoraba la muerte desde el corto plazo.

No hubo una consideración sobre el daño que se estaba generando en el futuro, se valoraba la muerte desde el corto plazo.

Entre quienes se apoyan en ese mito fundacional para justificar las acciones de ETA, tampoco suele existir una consideración crítica sobre el militarismo y los valores intrínsecos que genera el ejercicio de la violencia porque matar embrutece y deshumaniza. Entre quienes matan y entre quienes justifican esa barbaridad, se suele dar un desfallecimiento de la cultura democrática y un desprecio del pluralismo.

Tal y como estamos viendo actualmente, parar de matar no es tan sencillo como el hecho, positivo, de colgar las armas. Porque hay una mentalidad asociada a la violencia que queda tatuada durante años. No se terminan de resolver determinadas cuestiones prepolíticas porque durante demasiado tiempo se ha defendido la causa política como un bien absoluto por el que merece la pena matar y odiar. En realidad morir por la patria se utiliza como eufemismo, porque el morir implica el matar, y eso no tiene nada de romántico.

durante demasiado tiempo se ha defendido la causa política como un bien absoluto por el que merece la pena matar y odiar

Para vivir en el engaño del mito fundacional de ETA hace falta creer en una perversión: matar, hasta un momento concreto, pudo estar bien. Creer que todas las víctimas eran Carrero Blanco tranquiliza las conciencias de quienes no podrían soportar, o no querrían saber, que en su nombre fueron asesinadas una tras otra hasta 842 personas más, pero no deja de ser una historia falseada por un mito construido desde la insensibilidad. Porque tal y como dice Albert Camus ”hacer sufrir es la única manera de equivocarse”.

fueron asesinadas una tras otra hasta 842 personas más, pero no deja de ser una historia falseada por un mito construido desde la insensibilidad.

 

 

Artículo de Joseba Eceolaza, miembro de Gogoan-Memoria Digna. Fue publicado en ‘Diario Noticias de Navarra’ y ‘Diario de Navarra’.

40 años del manifiesto de los 33 contra la violencia terrorista

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Hoy se cumplen 40 años de un manifiesto contra la violencia terrorista que asolaba nuestra sociedad. En aquel 1980, ETA asesinó a 93 personas y el terrorismo ‘tardo franquista’ (BVE, GAE…) asesinó a otras 20 personas.

Merece la pena repasar las palabras de aquel grupo de personalidades de la cultura vasca de diversas ideologías, según reflejó la prensa de la época:

El País, 28 de mayo de 1980

Egin, 27 de mayo de 1980

Retumban hoy tardíamente apelaciones a evitar “el juego de la ambigüedad, tan cómodo personalmente como funesto para la colectividad” y declaraciones como que “la violencia que ante todo nos preocupa es la que nace y anida entre nosotros, porque es la única que puede convertirnos, de verdad, en verdugos desalmados, en cómplices cobardes o en encubridores serviles” o cuando afirman que “nos hallamos ante verdaderos casos de patología social, a lo que hay que buscar remedio, no sólo por vía política o gubernamental, sino también en el dominio de la medicina y el de la sanidad pública”.

En fin, un valioso documento para cultivar la memoria democrática vasca. Un testimonio que desnuda las no pocas contextualizaciones autojustificadoras de aquella tragedia bárbara.

los vascos nos encontramos en la necesidad de denunciar una situación de la que no saldremos si no nos protegemos de nuestros “salvadores” y no logramos salvarnos de nuestros “protectores”. Aún estamos a tiempo

A continuación el texto íntegro.

 

AÚN ESTAMOS A TIEMPO
(Manifiesto de los 33 contra el terrorismo de ETA, 27/05/1980)

Los abajo firmantes, que no poseen otra cualificación que la de su inquietud por la suerte de este pueblo vasco del que se consideran miembros, se sienten obligados a levantar su voz ante propios y extraños, llenos de alarma ante los peligros que de forma cada vez más amenazadora se ciernen sobre la suerte colectiva de nuestro país. No creemos, sin embargo, que estas líneas encierren ninguna novedad— pues somos conscientes de que no expresamos sino algo que, por ser más claro que la luz, constituye en la actualidad motivo de angustia para la inmensa mayoría de nuestro pueblo.

el juego de la ambigüedad, tan cómodo personalmente como funesto para la colectividad

Para no entrar una vez más en el juego de la ambigüedad, tan cómodo personalmente como funesto para la colectividad, empezaremos por decir que el objeto primero de nuestra inquietud es la violencia de todo género que ha echado raíces entre nosotros, como la más penosa consecuencia de una guerra civil que destruyó las instituciones legítimas y se prolongó en 40 años de dictadura; raíces que siguen extendiéndose sin medida y amenazan toda vida que no sea la suya de parásito que se alimenta de la ruina de los demás. Sabemos muy bien -porque no hemos dejado de padecerla- que ha habido y hay una violencia dirigida desde fuera contra la comunidad vasca, así como una incomprensión que raya en ocasiones en la demencia.

Atentado contra el bar Aldana en Alonsotegi el 20 de enero de 1980. Cuatro personas asesinadas: Liborio Arana Gómez, Pacífico Fika Zuloaga, María Paz Armiño y Manuel Santacoloma Velasco

Pero no tenemos el menor reparo en afirmar que la violencia que ante todo nos preocupa es la que nace y anida entre nosotros, porque es la única que puede convertirnos, de verdad, en verdugos desalmados, en cómplices cobardes o en encubridores serviles.

la violencia que ante todo nos preocupa es la que nace y anida entre nosotros, porque es la única que puede convertirnos, de verdad, en verdugos desalmados, en cómplices cobardes o en encubridores serviles

Al mismo tiempo, no podemos olvidar que, muy al contrario de la consideración que parece merecer a sus promotores, esta violencia, relanzada al amparo de las facilidades que ofrece un frágil Estado de derecho, no tendría otra consecuencia final que la de servir de elemento provocador de enemigos que volverían gustosos a aplastarnos durante decenios.

Observamos con asombro que hechos que preocuparon a criminalistas, sociólogos y penalistas de la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, se dan ahora en nuestro país, en 1980, de modo tan semejante como bárbaro: asociaciones más o menos secretas, muertes crueles y brutal encarnizamiento en atentados contra personas, todo ello protegido por la ley del silencio y la complacencia. Exacciones, amenazas utilizando símbolos primitivos y castigos corporales, como el innoble tiro a la pierna, procedimiento del que no se sabe qué destacar más: el hecho físico o la insufrible pedantería que lo reivindica. Lo que para algunos puede parecer novedoso, resulta no ser más que un vulgar anacronismo.

Asesinato de Jose Manuel Román Moreno el 27 de enero de 1980

No debemos, pues, engañarnos. Con el final de nuestro siglo hemos visto esfumarse muchas de las ilusiones que, hace 100 años, podrían tener un sentido teórico. No podemos creer hoy en “los amaneceres que cantan”, ya que es preciso decir, bien alto y claro, que cualquier paso regresivo en el actual camino hacia la libertad y la democracia generaría una indiscriminada represión contra nuestro pueblo. Y, por lo que sabemos en la actualidad acerca de modernas técnicas de represión, esta situación no sería el comienzo de una hipotética espiral “acción-represión”, sino el inicio de un nuevo y largo proceso político que pondría en serio peligro de extinción la cultura, lengua e identidad vascas.

 

Pero hay algo más. No se trata únicamente de meditar sobre las consecuencias de una posible involución política, sino que nuestra angustia nace principalmente del convencimiento de que nuestra única salida radica en la participación, creciente y consciente, de los más amplios sectores de la sociedad vasca; participación a la que el voluntarismo, el atentado individual y el mesianismo impuesto por salvadores profesionales, constituye un freno tal vez insalvable y definitivo.

nos hallamos ante verdaderos casos de patología social, a lo que hay que buscar remedio, no sólo por vía política o gubernamental, sino también en el dominio de la medicina y el de la sanidad pública

Hemos de expresar sin ambages a los que están en el poder, así como a los representantes de los partidos políticos, de que nos hallamos ante verdaderos casos de patología social, a los que hay que buscar remedio, no sólo por vía política o gubernamental, sino también en el dominio de la medicina y el de la sanidad pública. Hay gentes que de continuo están demostrando insensibilidad moral y perversión, unidas a necedad, características todas ellas que nos hacen sospechar puedan haberse convertido en víctimas de ciertas plagas psico-sociales. De todo ello se deduce que deben realizarse campañas eficaces, no sólo contra drogas de mayor o menor efecto, sino una mayor contra el alcoholismo, que produce individuos violentos y desequilibrados, anula el espíritu crítico y favorece la adopción de automatismos gregarios e irracionales. Asimismo, creemos oportuno efectuar una firme campaña contra la ola de insensateces, multiplicada merced a la incidencia de los modernos medios de comunicación, que se oyen de boca en boca y donde menos podría sospecharse. No sólo en calles y plazuelas, sino incluso en Ayuntamientos y Parlamentos.

Asesinato de Yolanda González el 1 de febrero de 1980

Parece como si el derecho a expresar libremente una opinión estuviera supeditado a que ésta sea lo más amorfa y bestial posible, y no se piensa jamás en la posibilidad de una réplica libre, legítima e inteligente. Se alaba y celebra como gracia la zafiedad de ciertos slogans macabros, así como la insultante verborrea desplegada con ocasión de actos colectivos. La réplica no surge como debiera, ya sea por abulia o debilidad, cuando no, y esto es lo más grave, por miedo.

Es hora pues de proclamar que, pese a los peligros y a la posibilidad de ser vilipendiados de forma sistemática, debemos estar dispuestos a defendernos de la ruina y el aniquilamiento a los que nos van llevando, de modo rápido, gentes que dicen amar al País como nadie, pero que sin duda confunden el amor con la muerte.

Es hora pues de proclamar que, pese a los peligros y a la posibilidad de ser vilipendiados de forma sistemática, debemos estar dispuestos a defendernos de la ruina y el aniquilamiento a los que nos van llevando, de modo rápido, gentes que dicen amar al País como nadie, pero que sin duda confunden el amor con la muerte.

José Ignacio Ustaran asesinado el 29 de septiembre de 1980

Porque seamos claros. El tiempo ha corrido igual para todos, y no vemos que los partidarios de la violencia como alternativa “eficaz” contra la pretendida esterilidad de las vías pacíficas hayan conseguido hasta el día de hoy otro logro que no sea el incremento de la represión policial y parapolicial.

El rechazo de la violencia no debe limitarse por tanto a invocaciones platónicas. Significa, en la práctica, negarse a afirmar o asumir cualquier texto o acto en el que se justifique o se haga apología de hechos en los que la utilización de la violencia física sea preferida a cualquier otro método, racional y pacífico, de búsqueda de soluciones a los problemas. En este sentido, nos rebelamos a aceptar que los procesos históricos necesiten, forzosamente, ser acelerados o enderezados por métodos cruentos. En consecuencia, es preciso decir que la amnistía es una medida bella y deseable, pero que amnistía significa ante todo reciprocidad; es decir, poner final definitivo a la escalada de muertes. De lo contrario, hablar de amnistía no sería sino algo más que una broma macabra.

El rechazo de la violencia no debe limitarse por tanto a invocaciones platónicas. Significa, en la práctica, negarse a afirmar o asumir cualquier texto o acto en el que se justifique o se haga apología de hechos en los que la utilización de la violencia física sea preferida a cualquier otro método, racional y pacífico

Por último, es necesario indicar que nuestro pueblo, en cuatro ocasiones y libremente, ha optado por las vías pacíficas para la solución de sus problemas. Aquellos que pretendan imponer sus propias y violentas maneras no se oponen, muy a pesar de sus afirmaciones, a ninguna violencia institucional, sino lisa y llanamente a lo que no son sino los deseos de su propio pueblo. Nadie tiene derecho a erigirse, al igual que los antiguos sindicatos verticales y el extinguido Movimiento, en representantes de un pueblo que ya tiene sus organizaciones políticas y sindicales, a las que sostiene con su afiliación, militancia y votos.

Juan Manuel García Cordero asesinado el 23 de octubre de 1980

Aunque resulte paradójico, no podemos menos de afirmar que, a la hora de encaminarnos por las sendas de la libertad y la democracia, los vascos nos encontramos en la necesidad de denunciar una situación de la que no saldremos si no nos protegemos de nuestros “salvadores” y no logramos salvarnos de nuestros “protectores”. Aún estamos a tiempo.

Firmantes:
José Miguel Barandiarán, Koldo Mitxelena, Julio Caro Baroja, Eduardo Chillida, José Antonio Ayestarán, Idoia Estornés, Pío Montoya, Juan Churruca, Juan San Martín, Xabier Lete, Edorta Kortadi, Eugenio Ibarzábal, José Ramón Scheifler, Gregorio Monreal, Julián Ajuriaguerra, José Ramón Recalde, Jesús Altuna, Ignacio Tellechea Idígoras, Gabriel Celaya, Agustín Ibarrola, Juan Mari Lecuona, Amelia Baldeón, Mikel Atxaga, Manuel Lecuona, José María Satrústegui, Martín Ugalde, Néstor Basterretxea, Iñaki Barriola, Antton Artamendi, Miguel Castells Adriassens, José María Ibarrondo Aguirregaviria, José María Lacarra, Bernardo Estornés Lasa

“Líneas complejas, miradas parciales”

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Dulce et decorum est pro patria mori decía el poeta latino Horacio. La hipocresía de ese “dulce y honroso es morir por la patria” la denunciaba Robert Owen en su poema The Old Lie (La vieja mentira) antes de morir él mismo en las trincheras de la Gran Guerra. Además, el reverso de ese morir por la patria ha sido históricamente el comprometido matar por la patria, y esa constatación nos lleva directamente a nuestro tema, la serie televisiva La línea invisible, recientemente emitida y que ha provocado un notable debate. La serie dirigida por Mariano Barroso consta de seis capítulos y cuenta con un excelente plantel de actores y actrices fundamentalmente catalanes y vascos. Recrea los primeros años de la historia de ETA y, más en concreto, las primeras muertes sobresalientes de esa historia, las del militante de ETA Txabi Etxebarrieta y el guardia civil José Antonio Pardines en junio de 1969, y la del policía y conocido torturador Melitón Manzanas unas semanas después.

La serie, muy recomendable en mi opinión, ha recibido opiniones muy favorables y también, como no podía ser de otra manera, críticas negativas. Me interesa ahora referirme a estas últimas, en concreto a las escritas por Iñaki Egaña y Ramón Zallo en sendos periódicos de ámbito vasconavarro, Gara y Diario de Noticias de Navarra respectivamente. Creo que ambas merecen atención porque, en distinto grado, evidencian un tipo de pensamiento muy presente en la sociedad vasca, en particular en amplios sectores autoconsiderados de izquierda y progresistas. Para ambos autores la serie es burdamente maniquea, ridiculiza a los militantes etarras, blanquea a la dictadura franquista y a sus policías, en particular a Melitón Manzanas y, en consecuencia, falsea la realidad histórica. A partir de ahí, es justo reconocer las diferencias de tono y los matices entre una y otra valoración.

Iñaki Egaña

Iñaki Egaña, con notable trazo grueso, denuncia la, en su opinión, manipulación grosera de la serie, que abusaría de la ridiculización del mundo de ETA y de la presentación de mentiras intencionadas, como en el caso de la muerte de Etxebarrieta y, en general, de la difuminación del franquismo, que asimila, en un concepto que le es caro, al genocidio. En su valoración general, cae en el mismo maniqueísmo que denuncia, pues parece no haber margen entre su crítica radical y quienes aplauden la serie, que serían «quienes habitualmente siguen las directrices de Interior». Serie que, desliza, se habrá financiado con alguna versión actualizada de los fondos reservados y que se añadiría a una larga serie de títulos que participarían del relato único y de la negación del conflicto político.

Ramón Zallo

La crítica de Ramón Zallo parece, en principio, más elaborada y más matizada. En primer lugar, no deja de elogiar la factura de la serie, según él bellamente contada. No obstante, la conclusión es igualmente rotunda: la serie no ayuda a entender nuestra historia, sino que la embarra (al igual que la novela Patria) y, en el fondo, es reaccionaria. A ello contribuirían desde la tergiversación de la historia de aquellos primeros años de ETA, la edulcoración de la dictadura franquista y en especial de sus policías, y la presentación distorsionada de Etxebarrieta. La serie sería particularmente reaccionaria al presentar de forma determinista una continuidad entre aquella ETA, amparada en el legítimo principio de resistencia (se remite incluso a Francisco de Vitoria) y la de las décadas siguientes.

Frente a ambas críticas, y otras posibles, yo comenzaría por recordar que estamos ante una obra de ficción. Santiago de Pablo, colega de la UPV/EHU y él mismo destacado estudioso sobre cine e historia, también en el caso de ETA, lo destacaba recientemente y se remitía a Rosenstone y al concepto de “invención adecuada” para encuadrar la serie y aquilatar las posibles valoraciones.

Más allá de la discusión sobre aspectos concretos de la reconstrucción histórica de la serie, tema importante, pero que merecería otro espacio, quisiera referirme en primer lugar a dos cuestiones que ambos críticos pasan por alto y que considero de particular interés.

La primera hace referencia a un tema central en la serie, esto es, a la decisión de matar que se supone que toman los militantes de ETA en un momento dado y que realmente supone un hito en la historia de la organización y, por extensión, en nuestra historia reciente. Creo que, acostumbrados en las últimas décadas, hasta épocas relativamente recientes, al cómputo regular de asesinatos a manos de ETA y, en mucha menor medida, del GAL y otros grupos, hemos banalizado, y muchos han aceptado casi como normal, ese acto trascendental que supone el que alguien decida que tiene derecho, en aras de un bien superior, a quitarle la vida a otro ser humano. En mi opinión, ese punto es de una enorme trascendencia y una serie de detalles en la serie, por ejemplo, alrededor del asesinato de Pardines, se entienden directamente relacionados con el trauma que implica ese paso. Así, cabe interpretar el tema de las anfetaminas y la actitud de Etxebarrieta frente a Pardines y su histérica reacción posterior al asesinato, no tanto como una frivolización y una ridiculización del personaje, sino como un reflejo del impacto que en cualquiera puede tener la conciencia de haber decidido la posibilidad de matar a alguien y de enfrentarse a la realidad de llevarlo a cabo. Tiendo a pensar que, salvo para los psicópatas (y supongo que habrá un porcentaje -no desdeñable- en las organizaciones terroristas), la posibilidad de matar a alguien debe suponer un trauma profundo, incluso si se justifica la acción por una razón política de orden absoluto y superior.

Tiene esto que ver con el segundo ángulo de crítica que me parece importante analizar. Se trata del supuesto blanqueamiento en la serie del franquismo y, en particular, de los policías, y más en concreto todavía, de Melitón Manzanas.

En mi opinión, la serie tiene la virtud de presentar a estos individuos no solo como agentes de la represión de una Estado dictatorial (Pardines, ciertamente, como agente de Tráfico), sino también como personas con una familia, unas relaciones, un entorno más allá de su función represora. Creo que este es un aspecto esencial a la hora de entender a las víctimas, ausente tradicionalmente en la visión más convencional de la izquierda sobre la violencia política y sus consecuencias. Poner nombre y apellidos a las víctimas, conocer su entorno, pensar en quienes son irremisiblemente golpeados por su pérdida ayuda a subrayar las consecuencias irremediables de toda muerte. Y lo controvertido de un personaje como Melitón Manzanas es que reúne la paradójica condición de victimario y víctima. Y en cuanto a su supuesto blanqueamiento, sorprende que alguien de quien se espera un juicio más sutil diga que es presentado en la serie casi con un reflejo simpático. Un tipo cínico, arrogante, hipócrita en el ámbito familiar, a quien se le ve torturar, ¿puede caer simpático? ¿Hace falta que aparezca cubierto de sangre y ensañándose con su víctima para que lo rechacemos? Creo que no. El problema es que su condición de torturador aparece acompañada de otros elementos que simplemente lo hacen más humano (no mejor), pues dichos elementos no difuminan lo inaceptable de su actividad, pero hacen su figura más compleja, como la de cualquier ser humano.

Dos apuntes adicionales. Se dice también que se naturaliza la dictadura porque, entre otras razones, se ve una sociedad alegre en el parque de Igueldo. Yo he estado en el parque de atracciones de Igueldo a mediados de los años sesenta y realmente allí la gente pretendía disfrutar. El franquismo fue una dictadura implacable, pero en los años sesenta también había espacios de ocio que la sociedad aprovechaba. La burbuja en la que hemos vivido durante mucho tiempo los militantes de la izquierda más radical quizá no nos dejaba ver un mundo en el que, junto a las negruras que distinguíamos y denunciábamos con justeza, había más realidades. Se denuncia igualmente como algo anacrónico y abiertamente reaccionario la pretensión de continuidad que la serie establece entre aquella ETA y la de décadas posteriores, esta sí, aparentemente, más rechazable. Habría que decir que esa continuidad la reivindican la propia ETA y la izquierda abertzale, al haber convertido a Txabi Etxebarrieta en un mártir, símbolo de la lucha de liberación de Euskal Herria. Por otra parte, la continuidad viene dada por la decisión de convertirse en una organización armada que, pese a las presuntas buenas intenciones iniciales y como se confirma en otras experiencias históricas, acaba finalmente convertida en una organización terrorista. Ese es el tema que ofrece mayor interés para el debate, el hecho, en principio negado por la evidencia histórica, de que una organización que opta por la lucha armada pueda superar el militarismo, el sectarismo, su estructura forzosamente antidemocrática y, en definitiva, su deriva terrorista.

En fin, no creo que la serie apueste por el relato único y por la negación del conflicto. Al contrario, pienso que, desde la ficción, aporta elementos de reflexión muy interesantes para abordar la progresiva elaboración de ese necesario relato. Y lo hace con un ángulo novedoso y sugerente, abandonando la épica y centrándose en la complejidad poliédrica de las personas concretas.

 


Antonio Duplá Ansuategui, historiador y miembro de Gogoan, por una memoria digna

Este artículo ha sido publicado en Naiz y en una versión más corta en Diario de Noticias de Navarra,

XX aniversario del asesinato del periodista Jose Luis López de Lacalle

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Hoy, 7 de mayo, se cumplen 20 años desde que ETA asesinó a al periodista José Luis López de Lacalle.

 

Veinte años han pasado de aquel aciago día en el que ETA no solo terminó con la vida de un ser humano, sino que también pretendió taparnos la boca a la mayoría de la sociedad vasca.

 

En tiempos de confinamiento por  pandemia, no ha sido posible recordarle en el parque Andoain como se venía haciendo desde el primer aniversario. Por eso, hoy,  queremos compartir algunos elementos de memoria que nos acerquen a Jose Luis. Uno de ellos es este vídeo en el que su compañero Eduardo García Elosua en un acto organizado en Bilbao. En él explica la trayectoria de López de Lacalle, primero en la lucha antifranquista y luego frente a ETA.

 

 

Lopez de Lacalle pasó cinco años en las cárceles franquistas, tras ser torturado por Melitón Manzanas. Primero Franco, después ETA. Dos totalitarismos contra la libertad. En 2003, el periodista Pablo Ordaz escribía en El País el artículo ‘Torturado por Franco, asesinado por ETA’ (El País, 2 de febrero de 2003).

 

 

Tras su asesinato se mostró la cobertura política con la que contaban las amenazas terroristas de ETA. 

 

 

Jose Luis, mientras te recordemos, seguirás entre nosotrxs.