Lo que nunca debimos amparar. El final de un silencio

Etiquetas

, , , , , , , ,

La asociación ‘Gogoan, por una memoria digna’ organizará el martes, 17 de mayo, un coloquio con el título «Lo que nunca debimos amparar. El final de un silencio» en la que intervendrá Jorge Giménez Bech (Irún, 1956).

Jorge es escritor, traductor y editor de literatura vasca. En 1993 creó la editorial Alberdania junto a Inaxio Mujika y en 1997 fue nombrado Presidente de la Asociación de Editores Vascos. Ha recibido reconocimiento por sus escritos literarios, aunque su trabajo se ha centrado en la traducción de euskera a castellano. También es conocido por sus artículos en los medios de comunicación. Precisamente uno de los últimos artículos publicados fue “Lo que nunca se debió amparar” en el que hace referencia al asesinato de su padre, el guardia civil José Giménez Mayoral (ETA, 9 de octubre de 1982 en Behobia).

El protagonista responderá a los temas que le plantee Sabin Zubiri, miembro de Gogoan, por una memoria digna.

El coloquio se desarrollará en castellano y se celebrará en la sala Koldo Mitxelena de Donostia-San Sebastián (KMK). Comenzará a las 19:00 h. El acceso será libre hasta alcanzar el aforo de la sala.

Animamos a toda la ciudadanía a acercarse al acto del 17 de mayo. En caso de que alguien no pudiera acudir físicamente, podría seguir el desarrollo de la charla a través de la cuenta de YouTube de Koldo Mitxelena Kulturunea.

 

«Los parias de la tierra»

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Aunque tienen diferencias evidentes, ETA intentó emular al IRA en algunos de sus peores atropellos. En ocasiones, de aquella copia salió una versión chapucera del terrorismo que, sin embargo, añadió más drama al asunto. En 1993, tras la Declaración de Downing Street que se leería a posteriori como el prólogo del proceso de paz, hubo diecisiete meses de tregua que el IRA rompió con un atentado en el barrio financiero de Canary Wharf, en Londres. La negociación estaba estancada y el IRA pretendió demostrar su fuerza así, con una potente bomba. Murieron dos personas, Inam Bashir y John Jeffries.

 

ETA hizo prácticamente lo mismo en la tregua del 2006, que rompió con un atentado en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas al colocar una furgoneta bomba en el aparcamiento. La fecha, un concurrido 30 de diciembre. En esa ocasión murieron dos hombres ecuatorianos que, por no tener, no tenían ni un sitio para dormir dignamente, ya que habían pasado la noche en sus respectivos coches. Diego Armando Estacio había nacido en el barrio marginal de Machala, en Ecuador, en una casa con ladrillos desnudos y agujeros en las ventanas.

Carlos Alonso Palate fue la otra víctima que murió bajo los escombros de ese pulso sangriento que ETA diseñó. Carlos era de un pueblo de los Alpes ecuatorianos, lleno de polvo y rodeado de piedras. Picaihua se llama. Su madre viajó hasta Madrid para identificar el cuerpo de su hijo. Era la primera vez que salía de su pueblo porque, pobre hasta las cachas, era Carlos quien alimentaba a toda su familia.

En su delirio, el IRA trató además de imponer una especie de seguridad pública propia. Para ese trabajo, al que se dedicaron con mano dura, actuaban contra los robos y el consumo drogas. Pero, violentos como eran, el exceso solía imponerse a su orden.

Juzgaban como lo hacían los Tribunales Militares del franquismo: ellos eran los jueces, marcaban las normas a seguir, no cabían pruebas contrarias ni existía un esfuerzo probatorio, no había posibilidad de recurso y, por supuesto, la sentencia estaba decidida de antemano

Y, aunque las dos organizaciones tienen diferencias evidentes, en esto ETA tampoco fue muy original. En su particular estrategia de seguridad pública, se dedicó a matar a personas a las que acusaba, en la mayoría de las ocasiones sin fundamento, de chivatos o traficantes. Así fue engordando la lista de damnificados por su locura. Juzgaban como lo hacían los Tribunales Militares del franquismo: ellos eran los jueces, marcaban las normas a seguir, no cabían pruebas contrarias ni existía un esfuerzo probatorio, no había posibilidad de recurso y, por supuesto, la sentencia estaba decidida de antemano. Alguien era chivato, policía secreta o camello que colaboraba con la Guardia Civil porque ETA lo decidía, y nada más.

En 1973, ETA mató a los jóvenes gallegos Fernando Quiroga, José Humberto Fouz y Jorge Juan García porque estando en San Juan de Luz los confundieron con policías. Sus cuerpos, 48 años después, aún están desaparecidos.

En 1981, otros tres chicos jóvenes que iban vendiendo libros a domicilio en Tolosa, Pedro Conrado Martínez Castaños, Juan Manuel Martínez Castaños e Ignacio Ibarguchi, fueron asesinados al ser confundidos también con policías.

Al panadero gallego que vivía en Rentería, Cándido Cuña le intentaron matar dos veces: una en 1979 y otra en 1983. La acusación no podía ser más estrambótica: vender pan a la Guardia Civil. A Luis Domínguez Jiménez lo mataron en Bergara en 1980 por ser “amigo de guardias civiles”. En 1983, en Irún, asesinan a Lorenzo Mendizábal porque en su carnicería compraban guardias civiles. Ramón Díaz fue asesinado con una bomba lapa puesta en su humilde Ford Orion en el año 2001 porque era cocinero en la comandancia de Marina, nada más, solo por eso.

Ramón Díaz fue asesinado con una bomba lapa puesta en su humilde Ford Orion en el año 2001 porque era cocinero en la comandancia de Marina

El pueblo guipuzcoano de Pasajes es oscuro y lluvioso, hecho de inmigración y marineros. En 1985, Ángel Facal, Gelín, con 42 años, iba todas las tardes a comerse un bocadillo a un bar decadente del pueblo. Se quedaba fuera porque aprovechaba para liarse un porro y fumárselo. Delgado, con el pelo desarreglado y barba larga, Ángel caminaba por el pueblo arrastrando los pies porque su dependencia a las drogas le pesaba más que la lluvia que caía incesante. A eso se dedicaba, a encontrar algo de dinero para comprarse el bocadillo y el hachís para el día, aunque en los últimos tiempos se había pasado al caballo. El 26 de febrero, Idoia López Riaño, La tigresa, le pegó un tiro en la cabeza. Gelín ya no volvería a ese bar a comer ese bocadillo porque ETA le había acusado de ser un instrumento de la represión del Estado opresor, a él, que no tenía ni para merendar en un bar viejo de su pueblo.

Cuanto más absurda era la acusación, más miedo se generaba y más intimidatorio se volvía el ambiente. El terror actúa como un disolvente de la libertad porque en el miedo, en la cabeza gacha, es donde crece con comodidad. Esos asesinatos de gente común buscaban precisamente eso, que todos fuéramos cobardes porque la pistola y la lengua acusatoria podían apuntarte en cualquier momento.

Cuanto más absurda era la acusación, más miedo se generaba y más intimidatorio se volvía el ambiente.

Así que, entre acusaciones de tráfico de drogas y chivateo que estiraron hasta el infinito, ETA aplicó su propia justicia popular a docenas de personas. Una actitud que a veces escondía una chapuza evidente y otras, el ánimo de ejercer un control social dictatorial. Porque también los parias de la tierra estuvieron bajo el yugo de ETA.

 

Escrito por Joseba Eceolaza, miembro de Gogoan por una memoria digna

Este artículo ha sido publicado en Diario de Navarra, Diario de Noticias, El Correo y Diario Vasco.

La movilización por la paz tiene que ser parte del relato

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El pasado 10 de noviembre se realizó un acto institucional de agradecimiento a las personas que habían contribuido a la Paz y, entre ellas, a las que participamos en la movilización social frente a la violencia de ETA. Se trataba de un agradecimiento público a quienes reaccionamos al horror de justificar que la vida fuera menos importante que un proyecto político; de justificar que se matara, que se amedrentara y que se extorsionara en nombre del pueblo vasco. Desde nuestro punto de vista, el sentido del acto suponía reconocer que la movilización social contra ETA fue un factor fundamental en su deslegitimación, y que los movimientos sociales que la impulsaron fueron un agente de concienciación esencial en el proceso de mostrar públicamente el rechazo a la violencia de ETA.

la movilización social contra ETA fue un factor fundamental en su deslegitimación y los movimientos sociales que la impulsaron fueron un agente de concienciación esencial en el proceso de mostrar públicamente el rechazo a la violencia de ETA

La articulación de la reacción de la sociedad vasca frente a la violencia de ETA fue evolucionando. Es importante remarcar que fue una evolución progresiva, lo que quiere decir que no todos estuvimos en el mismo sitio a la vez. Durante estos cuarenta años la mayoría de las personas de esta sociedad fue descubriendo, cada cual en su momento, que matar estaba mal, que nada lo podía justificar. Y si importantes y dignas de mención son las primeras personas que lo comprendieron y lo manifestaron, también las últimas lo son. Se puede afirmar que la sociedad reaccionó tarde, porque tenía que haber respondido desde la primera muerte. Pero ese es un análisis demasiado simple para un proceso tan complejo y de tantos años.

Durante estos cuarenta años la mayoría de las personas de esta sociedad fue descubriendo, cada cual en su momento, que matar estaba mal, que nada lo podía justificar.

Lo cierto es que hubo una evolución social en la contestación a ETA y que, a finales de los años 80, grupos pacifistas como Gesto por la Paz crearon un canal de respuesta sistemática a la violencia. Solamente cinco años después, Anoeta se quedó pequeño para acoger a todas las miles de personas que querían manifestar, con su presencia en el estadio, que esa dinámica de violencia y amenaza de ETA tenía que acabar. Aquella respuesta multitudinaria se realizó a propósito del secuestro de Julio Iglesias Zamora, en 1993, y fue activada por el símbolo del lazo azul. Posteriormente, hubo más movilizaciones masivas por asesinatos que, como el de Miguel Ángel Blanco en 1997, fueron percibidos como particularmente trágicos y marcaron a la evolución de la movilización social contra ETA. Como sabemos, hasta que ETA se disolvió hubo todavía muchos más asesinatos injustos, porque, a pesar de la protesta social, ETA tardó unos quince años y muchas vidas más arrebatadas, hasta anunciar su final. Esa movilización social contra ETA, ese rechazo personal y social mostrado, cada vez mayor, fue decisivo para que la organización armada decidiera disolverse y es muy importante reconocerlo así, y que el relato de lo que vivimos tenga en cuenta esa idea de evolución de la sociedad vasca frente a ETA.

Hay que reconocer también que reaccionar frente a ETA exponía a las personas al odio y eso suponía exponerse a sentir miedo, porque el mero hecho de oponerse a ETA marcaba y propiciaba el acoso. La base social de apoyo a ETA fue necesaria en el desarrollo de esta historia de horror de más de 800 personas asesinadas, y esa base social intentó echar de las calles a la voz organizada de respuesta a la violencia.

El Correo

El acoso fue sistemático: intentaron aislar a cada una de esas personas, descalificándolas, y declarándolas enemigas de su pueblo vasco. El hostigamiento por parte de la izquierda abertzale ha sido continuo, en barrios y en pueblos, durante todos estos 40 años, de la movilización social contra ETA. Pero el compromiso desde grupos como Gesto por la Paz era ya decidido y firme, fruto de un largo recorrido. La movilización social contra ETA ha estado constituida por personas resistentes que tuvieron la firme voluntad de contagiar su rechazo a la violencia e impulsar la consecución de la paz en el País Vasco, y esto tiene que formar parte del relato de lo ocurrido en aquellos años.

la izquierda abertzale intentó echar de las calles a la voz organizada de respuesta a la violencia. El acoso fue sistemático: intentaron aislar a cada una de esas personas, descalificándolas, y declarándolas enemigas de su pueblo vasco. El hostigamiento ha sido continuo, en barrios y en pueblos, durante todos estos 40 años

Y tiene que incorporarse también en el relato, la existencia de una base social de apoyo a ETA que, no solo no condenaba o aplaudía los asesinatos, sino que ejercía un papel activo en la perpetuación de la violencia: haciendo de caja de resonancia social de las amenazas y señalamientos de ETA a personas de nuestra sociedad; incrementando el sufrimiento a las víctimas de sus atentados, acosándoles, no solo antes, sino también después del atentado; intentando dinamitar la reacción social en contra de la violencia de ETA; y, por último, ejerciendo un control social férreo sobre su propio entorno para contener las discrepancias, muy especialmente, a propósito de la justificación del uso de la violencia por parte de ETA. Esa base social de apoyo a ETA, necesaria para que la violencia continuara durante cuarenta años, generó mucho sufrimiento y distorsión en la convivencia, y esto tiene que ser reconocido por parte de la Izquierda Abertzale, quien debería enunciar con claridad cuál es su posición actual respecto a ese pasado.

Y tiene que incorporarse también en el relato, la existencia de una base social de apoyo a ETA que, no solo no condenaba o aplaudía los asesinatos, sino que ejercía un papel activo en la perpetuación de la violencia

También hay que agradecer que la reacción social ante ETA se articulara, en general, desde una defensa coherente y radical de los Derechos Humanos, mantenida incluso en los momentos más duros de acoso a la movilización. Desde el principio, Gesto por la Paz quiso desmontar la teoría de los dos bandos, que suponía la justificación del uso de la violencia, en base a una supuesta necesidad de responder a otra violencia. Por eso, el mensaje que se lanzó a la sociedad fue la del rechazo y la deslegitimación de las distintas violencias, no solo la de ETA, sino también la de organizaciones como los GAL, o la violencia ilegítima perpetrada por las Fuerzas de Seguridad del Estado. Reconocer los distintos sufrimientos y vulneraciones de Derechos Humanos que se generaron hizo más contundente la movilización social a favor de la paz.

A día de hoy resulta intolerable que desde la Izquierda Abertzale se haga un reconocimiento del daño que “han recibido” las víctimas de ETA y que se arrogue el mérito de ser la única que reconoce a todas las víctimas de la violencia en el País Vasco. Hace treinta años que Gesto por la Paz exigió el esclarecimiento de la trama de los GAL y de los asesinatos que este grupo parapolicial cometió. En aquel tiempo, fue la misma Izquierda Abertzale la que boicoteó aquellos actos públicos, organizados para denunciar la realidad de esa violencia antiterrorista.

Trataron así de monopolizar la solidaridad y el reconocimiento hacia las víctimas de la violencia antiterrorista para manipular su sufrimiento y poder mantener la teoría de los dos bandos. Sin embargo, la solidaridad con las víctimas de la violencia ha sido uno de los ejes que ha activado la movilización social a favor de la paz. El apoyo y el reconocimiento hacia ellas ha sido, en gran medida, el origen de la progresiva reacción a la violencia. El ataque que las víctimas sufrían individualmente fue, cada vez más, considerado como una agresión al conjunto de la sociedad.

El ataque que las víctimas sufrían individualmente fue, cada vez más, considerado como una agresión al conjunto de la sociedad.

Si las víctimas deben ser las protagonistas del relato del horror que se ha vivido en nuestra sociedad durante cuarenta años, en esa larga historia hay que reconocer también el papel jugado por la articulación de una movilización social, realizada desde la pluralidad de la sociedad vasca. Mientras ETA mataba y amedrentaba a la sociedad, incluso durante los años más duros de polarización social, los representantes de las familias políticas de Euskadi participaron en actos públicos organizados por Gesto por la Paz, que ponían de relieve la existencia de una base ética compartida, capaz de anteponer el compromiso con la defensa de los derechos humanos, a las diferencias partidistas.

Gesto por la Paz fue el artífice de la idea de que era necesario desvincular la violencia de la política, lo que implicaba negarse rotundamente a que ETA consiguiera algún reconocimiento político a cambio de su final.

Gesto por la Paz fue el artífice de la idea de que era necesario desvincular la violencia de la política, lo que implicaba negarse rotundamente a que ETA consiguiera algún reconocimiento político a cambio de su final. El recorrido de esta idea quedó patente en el cese incondicional que la propia ETA anunció en 2011. Desde el convencimiento de que la movilización de la sociedad vasca a favor de la paz había constituido un factor que había contribuido a la toma de esa decisión, Gesto por la Paz celebró en la calle, con el lema Lortu duguLo hemos conseguido, la decisión de ETA de dejar de matar.

El Correo, 2011

Es importante incorporar este relato de la progresiva evolución de la sociedad vasca y de su movilización a partir de acciones inicialmente humildes y, posteriormente, más multitudinarias y relevantes, porque el reconocimiento, en nuestro pasado, de la importancia de la movilización ciudadana para afrontar un conflicto social grave, puede tener implicaciones para el futuro, y puede servir para incentivar otras peleas sociales.

el reconocimiento de la importancia de la movilización ciudadana para afrontar un conflicto social grave, puede tener implicaciones para el futuro, y puede servir para incentivar otras peleas sociales

 

Itziar Aspuru Soloaga, Maite Leanizbarrutia Biritxinaga, Eskolumbe Mesperuza Rotger e Inés Rodríguez Ranz de Gesto por la Paz

 


Una versión reducida de este artículo fue publicado en El Diario Vasco y El Correo en el mes de diciembre de 2021.

José María Aldaya

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Foto Diario Vasco

José María Aldaya nos ha dejado para siempre. Como si hubiera podido elegir la fecha, murió el día de los inocentes porque Aldaya fue inocente. ¡Cuántas pintadas de ‘Aldaya, paga y calla’ tuvimos que leer por las paredes de nuestros pueblos! ¡Cuántas justificaciones de la vileza que ETA estaba cometiendo contra aquel “empresario”¡ ¡Ah, malditos empresarios opresores de los derechos de los trabajadores! Y mucha gente tragó y se comió ese sapo de que los empresarios “se lo merecían”. Sin embargo, las cosas ya había empezado a ser muy diferentes desde el secuestro de Julio Iglesias Zamora, cuando los trabajadores de la empresa Ikusi salieron a la calle a pedir su libertad. Los de Alditrans también lo hicieron, pero tuvieron peor suerte.

Recuerdo perfectamente el 8 de mayo de 1995 cuando, mientras comía en una bocatería de Bilbao, me hizo saber Ana Rosa que habían secuestrado a una persona en Oiartzun. A partir de ese momento, desde Gesto por la Paz pusimos en marcha todo un engranaje de movilización social que ya habíamos llevado a cabo con muy buen resultado durante el secuestro de Iglesias Zamora.

Nadie se podía imaginar que aquel ‘ON’ no tendría su ‘OFF’ hasta dos años y dos meses más tarde y tampoco se podía imaginar que, al esfuerzo de estar permanentemente reivindicando la libertad de un ser humano, tendríamos que añadir la heroicidad de soportar los insultos, las amenazas, las agresiones, las calumnias, el desprecio… que tuvimos que soportar por parte de la izquierda abertzale.

al esfuerzo de estar permanentemente reivindicando la libertad de un ser humano, tendríamos que añadir la heroicidad de soportar los insultos, las amenazas, las agresiones, las calumnias, el desprecio… que tuvimos que soportar por parte de la izquierda abertzale.

Jamás nos planteamos abandonar y dejar de movilizarnos. Jamás renunciamos a llevar el lazo azul aunque en determinados lugares peligrara nuestra integridad física. Exigíamos la libertad de José María Aldaya y defendíamos la nuestra propia, la libertad de toda la sociedad, aunque gran parte de la ciudadanía prefiriera pensar que era una cabezonería de los pacifistas o, incluso, que nosotros mismos estábamos alargando el secuestro del pobre Aldaya. ¡Qué injusto fue todo aquello!

Pero si algo fue especialmente injusto, fue lo que cada lunes ocurría en La Paloma primero y en el Buen Pastor después. Sí, los de Alditrans tuvieron que cambiar el lugar de convocatoria para tratar de reducir las agresiones de que eran objeto. Aquello fue muy injusto para los trabajadores de Alditrans porque prácticamente nada más salir con su humilde pancarta a pedir la libertad “de su jefe” que era su padre, su tío, su primo, su amigo, etc. la izquierda abertzale también los empezó a acosar, a hostigar, a perseguir como si fueran culpables de algo, como si fueran apestados, como si no tuvieran derecho a pedir que José María volviera a casa, a la empresa, que recuperara la libertad. Fue especialmente injusto porque aquella estrategia de extender “el sufrimiento” recientemente estrenada, Oldartzen, les dio directamente en la cara a unos jóvenes Oskar e Idoia -Txetxo estaba fuera y acudía muy de vez en cuando-, los hijos de Aldaya. Nunca se había escenificado una tortura pública tan cruel como la que los matones de la izquierda abertzale sometieron a esta familia y eso los hizo especiales. Y, mientras, Loli, la esposa y la madre, se quedaba en casa sufriendo también esa crueldad; no solo por lo que le contaban sus hijos o veía en la televisión, sino porque recibía llamadas telefónicas brutales como aquella de “Ya hemos soltado a Aldaya. Está colgado del puente de…”

Fue especialmente injusto porque aquella estrategia de extender “el sufrimiento” recientemente estrenada, Oldartzen, les dio directamente en la cara a unos jóvenes Oskar e Idoia, los hijos de Aldaya

Recuerdo las primeras concentraciones que convocaron los sábados ante el Ayuntamiento de San Sebastián: tres horas de concentración (luego, bajaron a una hora). Todo el tiempo era poco para exigir la libertad de su padre y de su compañero. Y reconozco que ellos, los hijos, me motivaron aún más si cabe para mantener mi compromiso por la libertad de aquel hombre que nunca conocí personalmente. La tenacidad, valentía, compromiso público y descarado de esos jóvenes debería haber arrastrado a toda la ciudadanía a la calle, pero, una vez más, se miró para otro lado. Yo les admiraba y me emocionaba verles allí, con aquella dignidad, exigiendo lo que era justo: que su padre recuperara la libertad. 341 días sin abandonar la calle. Se dice pronto. Se colocaron en primera línea y asieron la bandera de la libertad no solo de su padre, sino de todos nosotrxs.

Desde que el 14 de abril de 1996 que Aldaya fue liberado, poco supe de Oskar, de Idoia y de Txetxo. Se dedicaron a curar las profundas heridas que la violencia y el odio les habían causado. Sí recuerdo que escribieron a Gesto por la Paz una felicitación de Navidad. Era su manera de decirnos que nos llevaban en el corazón o, al menos, así lo entendimos.

Me da mucha pena la muerte de aquel hombre por el que recorrimos kilómetros por las calles de Euskal Herria, guardamos miles de minutos de silencio entre gritos e insultos, subimos a montes, construimos lazos en playas, lanzamos globos de libertad, colgamos pancartas gigantes… porque con cada uno de esos gestos, convertimos a José María en parte de cada una de nosotras y nosotros y ya nunca dejó de ser ‘nuestro’, ya nunca sería una persona más. Era José María Aldaya.

Allá donde estés, que sepas que sigues en el corazón de muchísimas personas que en aquellos años “te conocimos” y te hicimos nuestro.

 

Foto Diario Vasco

No sería justo, si en este escrito sobre José María Aldaya, su secuestro y el cruelísimo trato que recibió su familia, no mencionara a Enrique Cercadillo que en esos 341 escribió unos comunicados y manifiestos de una calidad humana y social inmensa.

 

Gracias a todxs, queridos amigxs.

 

Isabel Urkijo Azkarate

Biktima guztien alde

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Horma-irudi bat egiteko auzokideen hausnarketa eta parte-hartze prozesuak irekitzen diren garai honetan, nire haurtzaroa eta gaztaroa datorzkit burura, neure herria: Inork ez zidan inoiz iritzia eskatu teorian guztiona zen eremu publikoan jartzen zutenaren inguruan, eta batzuk espazio hori bere egin zuten hamarkadetan zehar kartel eta pintadaz josiz. Bertan gizakien aurkako eraso larriak burutu zituzten, edo horretan lagundu zuten presoen amnistia eskatzen zuten; edo gure bizilagunen irudiak jartzen zituzten diana barruan; beste batzutan ETAk bahituta zituen pertsonak aske uzteko ordainketa exijitzen zuten; edo heriotza-zigorra ekar zezaketen “txibato” edo “traidore” hitzak idazten zituzten; eta ETAk akabatu berri zuen gizonarentzat “izorra hadi” bezalako espresio mingarriak margotu ere bai.

Inork ez zidan inoiz iritzia eskatu teorian guztiona zen eremu publikoan jartzen zutenaren inguruan

Inguru hartan sozializatu ginen, guzti hark etika publikoarentzat zuen eragin suntsigarriaz konturatu gabe. Horma haiek ETAko preso eta militanteen aurka egiten ziren edo egin zitezkeen erasoekiko guztiz bihozbera bilakatu gintuen, eta militante hauen biktimekiko erabat bihozgabe. Eta ETAren biktima hauen bizitza eta eskubideak ez ziren inolako horma edo eremu publikotan aldarrikatzen.

ETAren biktima hauen bizitza eta eskubideak ez ziren inolako horma edo eremu publikotan aldarrikatzen.

Eta giza eskubideen defentsan sektario hutsak ziren arren, zoritxarrez frogatuta geratu zen askotan salatzen zuten bezala, torturak eta tratu txarrak egon zirela eta estatu terrorismoak ere izugarrikeria ugari egin zituela, guzti horrek suposatzen zuenarekin: biktima horiei eta beren senitartekoei eragiten zitzaien oinaze bidegabea, eta zuzenbide estatuari egiten zitzaion kaltea.

Eta hainbeste denboran zehar nagusitu zen indarkeriak guztiz hondatuta utzi zuen gure herria: ehundaka hildako eta zauriturekin, lur jota geratu ziren milaka lagunekin eta gizartea ere oso ukituta geratu zen. Orain zatitxoak batu eta apurtutakoa konpontzea dagokigu, eta bakoitzak bere erantzukizuna bere gain hartu beharko luke.

Estatuari eta botere publikoei dagokionez espainiar Konstituzioari begiratu bat egitea besterik ez dago –babesik handiena jasotzen duen muinari adibidez- askotan Estatuak inoiz zeharkatu behar ez zituen mugak gainditu zituela ikusteko. Eta hau esateko Espainiako auzitegiek segurtasun indarrek eta administrazioko goi-karguek pertsonen bizitza eta osotasunaren aurka egindako delitu larriengatik emandako epaietan oinarritzen naiz, eta nazioarteko auzitegiek tortura eta tratu txarrak ez ikertzeagatik emandako ebazpenetan. Boterea izan zutenek eta boterea dutenek autokritika egin beharko lukete eta berroneratze demokratikoa egiteko eta gertatutakoa ez errepikatzeko konpromiso sendoa hartu.

Espainiako auzitegiek segurtasun indarrek eta administrazioko goi-karguek pertsonen bizitza eta osotasunaren aurka egindako delitu larriengatik emandako epaietan oinarritzen naiz, eta nazioarteko auzitegiek tortura eta tratu txarrak ez ikertzeagatik emandako ebazpenetan

Bestalde ETAren eta bere inguru politiko eta sozialaren tentakuluak gure gizarteak duen onena kutsatu zuten: gizarte mugimenduak, kultura, politika… Mugimendu ekologistan adibidez, ETA bere jarduketa eremuan muturra sartzearen aurka zeudenen ahotsa guztiz isilduta geratzen zen ETAk egiten zituen izugarrikerien aurrean pasibo mantentzen zirenen artean edo ETAren jarduera justifikatzen zutenen artean. Mugimendu feministari dagokionez ez dakigu inoiz ETAren indarkeriak emakumeengan izan duen eraginaren inguruko hausnarketa edo ikerketarik egin ote duten, esate baterako zenbat emakume alargun atera zen Euskaditik senarraren hilkutxarekin batera, asko bere ume txikiak besoetan hartuta, edo zer garrantzia izan zuen emakume biktima askoren ahaleginak gorrotoari eutsi eta seme-alabei ez helarazteko. Sindikatuak, askotan ezker abertzalearen deialdietara biltzeko prest, hain kritiko eta gogor –eta horrela izan behar du- lan-istripuekin, ez dut gogoratzen horrelako jarrera zorrotzik ETAren hilketen aurrean, nahiz eta hildakoa sindikatuko kidea izan. Zein epel jokatzen zuten ETAk enpresariak mehatxatu eta hiltzen zituenean; penagarria da langileen borrokan jokabide horiek soberan zeudela argi zutenen ahotsa ez gailentzea. Eta zer esan kultura eta euskerari buruz… zein arrotza egiten den giro batzuetan indarkeriari zilegitasuna euskeraz kentzea, txarto ikusita dagoela esango nuke; baina zorionez gero eta gehiago gara konpromiso hori geureganatzen ari garenok.

Eta zer esan kultura eta euskerari buruz… zein arrotza egiten den giro batzuetan indarkeriari zilegitasuna euskeraz kentzea, txarto ikusita dagoela esango nuke

Gizarte-mugimenduetan aritzen diren pertsonak beraien militantziaren inguruko hausnarketa sakona egitera animatzen ditut, eta ondo legoke biktima ezberdinen lekukotasunen argipean egitea. Zeren eta indarkeriaren aldeko kultura edo indarkeriarekiko jarrera akritikoa gailendu den azken hamarkada hauen ondoren, urteak beharko ditugu guzti hau gainditzeko eta biktimak, gutxietsiak eta isilduak izan diren arren, txertoa eta sendagarria izan daitezke eta gizartearen erdigunean jarri beharko genituzke gizarte eta politikako ekimen guztietan zeharka eraginez; lehenengo eta behin bidezkoa delako eta bigarrenik guztion onerako izango litzatekelako. Etorkizun hobea lortze aldera biktimek eta gizarteak eskutik helduta aurrera egin beharko lukete, biktimek erabateko aitortza lortu arte eta gizarteak normaltasuna berreskuratzen duen bitartean.

Etorkizun hobea lortze aldera biktimek eta gizarteak eskutik helduta aurrera egin beharko lukete, biktimek erabateko aitortza lortu arte eta gizarteak normaltasuna berreskuratzen duen bitartean

Eta bukatu baino lehen goiburuan jasotzen dudan ideia azaldu nahiko nuke: azken boladan erraz esaten dugu biktima guztien alde gaudela, baina jada desagertuta dagoen Bakearen Aldeko Koordinakundeko lagun batek zioen bezala “Biktima guztien alde esan beharrean, biktima bakoitzaren alde gaudela esan beharko genuke”, eta ñabardura hau ez da huskeria eta beharrezkoa da horrela sentitzen dugun hausnartzea, zeren eta hori horrela bada giza eskubideen alde gaudela esan ahal izango dugu, eta indarkeriari zilegitasuna errotik kentzeko gai izango gara.

Biktima guztien alde esan beharrean, biktima bakoitzaren alde gaudela esan beharko genuke

Bukatze aldera lau biktima zehatz gogoratu nahi ditut, eta beraiekin batera beste guztiak, denek merezi dutelako plaka bat, lore bat, oroitzapen bat.

Sebastian Aizpiri Lejaristi, ETAk hil zuen Eibarren 1988ko maiatzaren 25ean; bere hilketaren inguruabarrak inflexio-puntu bat izan ziren niretzat, eta Euskal Herriko Bakearen Aldeko Koordinakundearekin bat egiteko erabakian berretsi ninduten.

Juan Carlos García Goena, GAL taldeek hil zuten Hendaian 1987ko uztailaren 24an, eta berarekin batera bere alarguna eta alabak ere gogoan izan nahi ditut, eta estatu terrorismoaren eta tortura eta tratu txarren biktima guztiak

Patxi Elola Azpeitia, Zarautzko udaleko zinegotzi sozialista, berak eta bere familiak mehatxua eta jazarpen indarkeria jasan behar izan zuten milaka euskaldunek bezala.

Azkenik Jose Manuel Piñuel Villalón, ETAk akabatu zuen Legutioko guardia zibilaren kuartelean jarri zuen bonba-auto baten bidez 2008ko maiatzaren 14an. Bere hil-kaperara joan nintzen eta agian horregatik bere hilketa bereziki sentitu nuen. Legutiotik pasatzen naizen bakoitzean bere argazkia ikusten dut kuartela zegoen eremua inguratzen duen hesian jarrita, eta bere alargunaz eta semeaz gogoratzen naiz, eta bere lankideetaz ere bai, eta indarkeriaren zentzugabekeria eta injustizia datorkit burura. Zer pena.

Eta amaitzeko COVITEko kideei eskerrak eman nahi dizkiet aurten azaroaren 11an Iruñean antolatu dituzten jardunaldietan parte hartzeko luzatu didaten gonbidapenagatik, ezingo naiz joan baina idatzi hau eskaini nahi diet; nahiz eta neurri handi baten biktimak beraiek emandako guztiaren emaitza den.

 

Maite Leanizbarrutia Biritxinaga – “Gogoan, por una memoria digna” elkarteko kidea

Por todas y cada una de ellas

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

A día de hoy, cuando para hacer un mural a veces se abren procesos de reflexión y participación vecinal, me viene a la memoria mi niñez y mi juventud, mi pueblo: nadie me pidió entonces mi opinión sobre lo que iban a poner en un espacio público que, siendo teóricamente de todos, algunos secuestraron durante décadas y lo infestaron de carteles y pintadas pidiendo la amnistía para unos presos que habían atentado o habían colaborado para atentar contra seres humanos, llenaron de imágenes de vecinos y vecinas en el centro de una diana, de exigencias de que los familiares de los secuestrados pagaran para que ETA les devolviera su libertad, de sentencias de muerte expresadas en las palabras “chivato” o “traidor”, o de expresiones como “jódete” dedicadas a alguien a quien ETA acababa de asesinar.

un espacio público que, siendo teóricamente de todos, algunos secuestraron durante décadas y lo infestaron de carteles y pintadas pidiendo la amnistía para unos presos que habían atentado o habían colaborado para atentar contra seres humanos

Nos socializamos en aquel paisaje sin darnos cuenta del efecto devastador que tenía para la ética pública la presencia de todo aquello. Esas paredes nos fueron “formando” como seres hipersensibles hacia cualquier conculcación o posible conculcación de derechos que se pudiera cometer contra los presos y militantes de ETA, al tiempo que nos modelaban como personas insensibles hacia sus víctimas, cuyas vidas y derechos no se reivindicaban en ninguna pared.

Y a pesar de que hacían una defensa sectaria y exclusiva de los derechos de las personas que les eran afines, está probado que, tal y como denunciaban, hubo torturas y conculcación de derechos, y que el terrorismo de estado hizo de las suyas con todo lo que eso supuso: un sufrimiento terrible e injusto para esas víctimas y sus familias y un perjuicio grave al estado de derecho.

Y tantas décadas de violencia nos han dejado un país asolado, con centenas de asesinados y heridos, miles de personas afectadas, y una sociedad muy tocada e incluso rota. Y ahora nos toca recoger los pedacitos y rehacernos, y cada cual debería asumir su responsabilidad.

En lo concerniente al Estado y a los poderes públicos no hay más que echar un vistazo a la Constitución española y a los artículos que se encuentran en su núcleo más protegido para ver que en muchas ocasiones se han sobrepasado límites infranqueables. Y me baso en sentencias de tribunales españoles que han condenado a las fuerzas de seguridad y a altos cargos de la administración por graves delitos contra la vida y la integridad de las personas, y a sentencias de tribunales internacionales en relación a la falta de investigación de torturas y malos tratos, por poner un ejemplo. Los que ostentaron y ostentan el poder deberían hacer autocrítica y adquirir un compromiso firme de regeneración democrática y de no repetición.

sentencias de tribunales españoles que han condenado a las fuerzas de seguridad y a altos cargos de la administración por graves delitos contra la vida y la integridad de las personas, y a sentencias de tribunales internacionales en relación a la falta de investigación de torturas y malos tratos,

Y por otro lado, observo con tristeza que los tentáculos de ETA y su entorno político y social han contaminado lo mejor de nuestra sociedad: los movimientos sociales, la cultura, la política… Si nos fijamos por ejemplo en el movimiento ecologista, la voz de los militantes que se manifestaban en contra de que ETA se inmiscuyera en su ámbito de actuación quedaba totalmente silenciada y diluida en la pasividad generalizada hacia las acciones de ETA o en su justificación. En lo que respecta al movimiento feminista nunca ha trascendido que se haya realizado ningún análisis de cómo ha afectado el terrorismo a las mujeres –por ejemplo la cantidad de viudas que tuvieron que abandonar Euskadi acompañando los féretros de sus maridos, muchas con sus hijos pequeños-, o sobre el papel que jugaron las mujeres víctimas de ETA en contener y no transmitir el odio a sus hijos e hijas. Los sindicatos, a menudo dispuestos a adherirse a las convocatorias de la izquierda abertzale, tan críticos y contundentes –como debe ser- con los accidentes laborales, no recuerdo haber percibido dicha contundencia cuando ETA asesinaba, incluso a sus propios afiliados. Y qué tibios se mostraban cuando ETA extorsionaba o asesinaba a empresarios. Siempre he echado en falta que se impusieran las voces de los que tenían claro que en la lucha sindical no cabían estas prácticas. Qué decir del mundo de la cultura y del euskera; cuando en determinados ambientes suena extraño e incluso mal deslegitimar la violencia de raíz política en esta lengua, aunque afortunadamente somos cada vez más los que vamos adquiriendo este compromiso.

El Español.com

Animo a las personas que se mueven en estos ámbitos a que hagan una reflexión profunda sobre su militancia; estaría bien que probaran a hacerla a la luz de los testimonios de víctimas diversas. Porque después de décadas en las que se ha impuesto una cultura favorable o acrítica con la violencia, necesitaremos unos cuantos años para reparar todo eso y las víctimas, aunque han sido acalladas y despreciadas, pueden ser vacuna y antídoto, y deberían por justicia y por el bien común ocupar un lugar central y transversal en nuestra sociedad, influyendo en todas las iniciativas sociales y políticas que se lleven a cabo. Para conseguir un futuro mejor víctimas y sociedad deberían caminar de la mano, hasta que las primeras sean plenamente reconocidas y hasta que esta sociedad recupere la normalidad.

después de décadas en las que se ha impuesto una cultura favorable o acrítica con la violencia, necesitaremos unos cuantos años para reparar todo eso y las víctimas, aunque han sido acalladas y despreciadas, pueden ser vacuna y antídoto

Y por último quiero detenerme en la idea que recojo en el título de este escrito: se habla mucho de reconocer a todas las víctimas, pero como apuntaba una compañera de la ya disuelta Gesto por la Paz: “Más que decir que estamos con todas las víctimas deberíamos decir que estamos con cada una de ellas”, y ese matiz no es una cuestión baladí y deberíamos analizar si lo sentimos así, porque solamente si concluimos que estamos con todas y cada una de las víctimas podremos asegurar que estamos a favor de los derechos humanos y seremos capaces de deslegitimar la violencia.

Más que decir que estamos con todas las víctimas deberíamos decir que estamos con cada una de ellas

Voy a acabar recordando a cuatro víctimas concretas y con ellas a todas las demás, porque todas se merecen una placa, una flor, un recuerdo.

Sebastián Aizpiri Lejaristi, porque su asesinato en Eibar a manos de ETA el 25 de mayo de 1988 y todas las circunstancias que rodearon aquel hecho marcaron un punto de inflexión para mí, y me reafirmaron en mi decisión de unirme a Gesto por la Paz.

Juan Carlos García Goena, asesinado en Hendaia por los GAL el 24 de julio de 1987, y un recuerdo también para su viuda, hijas y para todas las víctimas del terrorismo de estado y de las torturas.

Patxi Elola Azpeitia, concejal socialista en Zarauz y con él todos los vecinos y vecinas que sufrieron la amenaza y la violencia de persecución junto con sus familias.

Y José Manuel Piñuel Villalón, asesinado por ETA el 14 de mayo de 2008 con un coche bomba en el cuartel de la guardia civil de Legutio. Acudí a su capilla ardiente, y cada vez que paso por Legutio y veo su fotografía fijada en la valla metálica que acota el espacio en el que se encontraba el cuartel, me acuerdo de su viuda, de su hijo y de sus compañeros, y pienso en el sinsentido y en la injusticia de la violencia, y siento pena.

Y concluyo agradeciendo a COVITE su invitación para participar en sus jornadas que este año tendrán lugar en Pamplona el 11 de noviembre, ese día no podré acudir, pero les dedico este escrito, que es en parte el resultado de todo lo que las propias víctimas me han regalado con sus testimonios y su afecto.

 

Maite Leanizbarrutia Biritxinaga, miembro de ‘Gogoan, por una memoria digna’

 

[Este artículo fue publicado en distintos periódicos del grupo Noticias (Deia, 9 de noviembre de 2021)]

«Déjame que te cuente»

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El profesor Manuel Reyes Mate siempre nos recuerda la importancia de la memoria. En su artículo publicado en El Periódico en 2017, “El deber de memoria”, explica que el deber de memoria no es acordarse de lo mal que lo pasaron los judíos en los campos de exterminio, sino en la obligación de reflexionar sobre la historia política europea que llevó a la catástrofe. Esto es, la memoria claramente tiene un sentido de pedagogía social. Aportar a su enriquecimiento está en manos de cualquier persona que tenga capacidad y voluntad de contribuir a reflexionar, en este caso, sobre lo que aquí ocurrió.

el deber de memoria no es acordarse de lo mal que lo pasaron los judíos en los campos de exterminio, sino en la obligación de reflexionar sobre la historia política europea que llevó a la catástrofe.

El 20 de octubre pasado, en una de las salas que la UPV tiene en Abandoibarra (Bilbao) la periodista Lourdes Pérez presentó su libro “Déjame que te cuente. Memorias para el futuro en el décimo aniversario del final de ETA”.

La sala estaba llena de gente entregada y encantada de escuchar a uno de los invitados por la Fundación Rubial, el Lehendakari Patxi López, a Juan Luis Ibarra, autor del prólogo del libro, y a la autora, la periodista. El acto estuvo muy bien; muy ajustado en tiempo y forma a lo que era, pero ¿y el libro? El libro es un gesto imprescindible de Memoria.

Quien quiso saber, supo

Esta semana he leído el libro y, con pena, lo he terminado. Me gustaría compartir con todas las personas que están leyendo este post, las distintas citas, referencias, expresiones, reflexiones… que me han encantado, pero no sabría cuáles elegir. Bueno, sí. Hay una que aparece en la página 71 y la vuelve a repetir en la 154: “Quien quiso saber, supo”. Creo que yo habría elegido éste como Título del libro. Otra referencia que me gustó por diferentes motivos fueron las palabras de Rafaela Romero sobre el funcionamiento del terrorismo: Opera un engranaje asimilable al que despliega la violencia machista para anular la autoestima de las mujeres: El maltratador primero te aísla y luego te golpea. Así hizo ETA.

La periodista relata con agilidad y frescura de muy alta calidad muchos de los episodios que le tocó vivir como trabajadora de El Correo y El Diario Vasco. Recoge los testimonios de varios familiares de víctimas de ETA y de supervivientes y los va tejiendo a lo largo de las 173 páginas con una maestría admirable, tratando cuestiones que están ahí engarzadas en cada historia: la vía Nanclares, el perdón, la reacción de la sociedad, el abandono de las víctimas, el valor de quienes defendieron la democracia, etc. He de reconocer que el relato de Manuel Zamarreño hace enmudecer.

El libro engancha y no te suelta hasta el final y, precisamente esa continua invitación a reflexionar sobre cada pequeño detalle, es la que lo convierte en el mejor regalo que yo haría a cualquier persona que estuviera mínimamente interesada en la Memoria de las consecuencias de la actividad de ETA. Lourdes Pérez, la periodista, nos ofrece estas páginas donde ha esculpido un ejemplo de nuestro “deber de memoria”. Os animo a que lo leáis.

Lourdes Pérez nos ofrece estas páginas donde ha esculpido un ejemplo del “deber de memoria”.

Y termino agradeciendo muy sinceramente a la periodista el fabuloso trabajo que ha hecho, así como a las personas que nos ofrecen su testimonio bien a través de entrevistas (Nuria Imaña, Estanis Amutxastegi, Edurne Albizu y Rafaela Romero), bien a través de las diversas referencias a las que recurre la autora. De todas aprendemos.

 

Isabel Urkijo Azkarate

[Fotos: Socialistas vascos]

«El tiempo del testimonio»

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Los de ETA han sido unos muertos incómodos, sobre todo porque les taparon la boca con la tierra podrida del “algo habrá hecho”. Saber sabíamos que estaban allí abajo gritando “¡estamos aquí!”, pero los cautiverios mentales de algunos de nosotros eran más fuertes que su verdad. Por eso sacarlos del olvido cerrado donde los han querido sus asesinos es hacernos a nosotros mismos un favor. Porque las víctimas, su recuerdo y su presencia, nos hacen mejores.

para mantener el silencio y el odio hicieron falta muchas mentiras

Por ello tan importante como el relato es la verdad porque para mantener el silencio y el odio hicieron falta muchas mentiras. La memoria de lo que ha provocado el terrorismo en nuestras vidas supone un recordatorio de lo que nunca debiera suceder, por eso exige un aprendizaje continuo, una visibilidad permanente. No es que lo hagamos una vez y ya. Exige tenerlo presente porque de alguna manera ese recuerdo es un antídoto frente al culto a la violencia. Recordar no es solo un acto simbólico. Recordar es también resistir ante unas ideas autoritarias por las que se asesinó en nuestro nombre.

Recordar es también resistir ante unas ideas autoritarias por las que se asesinó en nuestro nombre

Escribía certero Muñoz Molina que “no hay injurias más fáciles de olvidar que las que han sufrido otros, sobre todo si es uno mismo el que las ha cometido”. Ante la tentación del olvido o de la interpretación sesgada de lo sucedido quedan las víctimas, con su mano alzada y sus vivencias. Pasar del asunto, mirar con hastío a quienes pretendemos recordar, o huir hacia delante nunca debería ser una opción.

El “no debió suceder” que expresó Otegi hace unas semanas no es lo mismo que “no debimos hacerlo”: en lo primero aparece una visión táctica del final del terrorismo; en lo segundo una convicción ética. Y era exigible lo segundo, porque ETA es mitad fracaso, mitad catástrofe.

 no debimos hacerlo es una convicción ética

El odio hacia el otro y la ideología autoritaria en la que se parapetaba ha sido la ruina de mucha gente, a pesar de vivir en un lugar del mundo privilegiado, y en ocasiones en familias privilegiadas. Afirma Martín Alonso que el odio es una emoción de bajo coste, sobre todo, digo yo, para quienes empujaron al precipicio a cientos de jóvenes. Sobre ello Carmen Gisasola, una de las presas de ETA que inició el camino de la “vía Nanclares” basado en la autocrítica y el reconocimiento del daño injusto causado, en 2019 apuntó que “en mi pueblo son solo media docena de forofas de la lucha armada las que no me saludan. Pero decir, no me dicen nada. ¿Qué me van a decir si se han pasado cuarenta años evitando entrar en ETA?”.

Afirma Martín Alonso que el odio es una emoción de bajo coste, sobre todo, digo yo, para quienes empujaron al precipicio a cientos de jóvenes.

Florencio Domínguez, en su libro La agonía de ETA, destaca que un amigo de un miembro de ETA le escribió: “La ETA militar cada vez es menos militar. A ver si zumbáis fuerte y empezar a poner muertos encima de la mesa, que lleva un tiempo vacía”. El dirigente de ETA Txomin Iturbe escribía así al comando Zuberoa en 1978: “Bueno, sin más y esperando que continuéis con ejecuciones, nos despedimos de vosotros con un fuerte abrazo, y hasta la vista”. “Yo no he asesinado a nadie, yo he ejecutado. No me arrepiento”, confesaba Josu Zabarte, otro miembro destacado de ETA, en una entrevista.

Yo no he asesinado a nadie, yo he ejecutado. No me arrepiento, confesaba Josu Zabarte

Y ese pensamiento se trasladó a la violencia que ETA ejerció; al quién y al cuándo, pero también al cómo. A Vicente Zorita, asesinado en 1980, le pegaron siete tiros, pero antes, arrodillado como estaba, le pusieron una bandera española en la boca. Era miembro de Alianza Popular. A Antonio Cedillo, policía nacional, le tirotearon en una carretera rural de Rentería en 1982, salió malherido, logró pedir auxilio y se metió en una furgoneta camino al hospital. Sin embargo, el comando volvió a la zona, detuvo la furgoneta y remató a Antonio. Eso mismo le hicieron al ex guardia civil, José María Panizo, en 1978. El miembro de ETA que le descerrajó varios tiros se dio cuenta de que, caído en el suelo, no había muerto, se acercó al cuerpo de José María, le puso la rodilla en el cuello y le disparó en la cabeza.

Más. Asesinan al guardia civil Aurelio Prieto, natural de Extremadura. Su viuda, Conchi Fernández, viaja en un avión de carga camino del entierro de su marido. Allí, entre el eco metálico y la soledad del aparato, el féretro, la hija en común de seis meses y la hermana de Conchi llenan el vacío. Van camino de Mérida a empezar una nueva vida en una tierra que no era la suya, porque Conchi era de Alsasua.

El exilio interior, el que llena de tristeza infinita una vida, tal vez haya sido uno de los peores exilios que hayan tenido que sufrir muchas víctimas. En 1982 ETA asesina al industrial Rafael Vera Gil. A los tres meses, su viuda, María Dolores Bernisa, se suicida.

El exilio interior, el que llena de tristeza infinita una vida, tal vez haya sido uno de los peores exilios que hayan tenido que sufrir muchas víctimas

Todavía estamos en el tiempo del testimonio. Porque la transmisión de toda esta barbaridad que fue el matar es una obligación moral si queremos superar un trauma como el de la violencia. Sobre todo para que nadie nunca vuelva a decir que no sabía.

 

Joseba Eceolaza, miembro de Gogoan por una Memoria Digna

 

Stop ‘ongi etorris’

Etiquetas

, , , , , , , ,

 

 

La Fundación Fernando Buesa, Gogoan-Memoria Digna y Elkarbizi celebran que ya no se vayan a organizar actos públicos de homenaje a presos de ETA

Las tres entidades consideran que es necesario seguir reflexionando sobre la consideración social hacia los victimarios.

Las tres entidades que impulsaron el documento “Los victimarios en el espacio público” que fue aprobado en varios ayuntamientos de Euskadi y Navarra, han destacado que esta es una victoria ciudadana, que de forma mayoritaria pedía que se terminara con este tipo de actos, al menos en el espacio público.

En opinión de las tres entidades los recibimientos a presos de ETA cada vez que se daban han sido socialmente tan criticados, sobre todo, porque concentraban la indecencia e indignidad de considerar a quien había matado o había colaborado en matar como un ejemplo social al que recibir con honores. Hacer esos recibimientos en el espacio público, con bengalas, música y pasacalles tenían muy poco que ver con el afecto familiar y mucho con la reivindicación de un pasado terrorista.

esos recibimientos en el espacio público, con bengalas, música y pasacalles tenían muy poco que ver con el afecto familiar y mucho con la reivindicación de un pasado terrorista

En este sentido, las entidades han subrayado que, tanto las víctimas, como las asociaciones han jugado el papel de lupa ética, algo que ha sido fundamental para que el conjunto de la sociedad pudiéramos ser conscientes del daño que este tipo de actos estaban provocando en nuestra convivencia y en la memoria de las víctimas.

Tal y como han destacado las tres entidades, la mejor manera de contribuir a un futuro en paz, con una convivencia sana y una memoria reparadora es seguir reflexionando sobre la consideración social de los victimarios. En ese camino, dejar de considerar a los miembros de ETA como presos políticos, eliminar murales, pintadas y pancartas glorificadoras o reconocer definitivamente y para siempre la injusticia y la ilegitimidad del daño causado sin matices, es la mejor forma de contribuir al cierre de las heridas, porque deslegitimar socialmente la violencia terrorista es algo necesario y urgente.

reconocer definitivamente y para siempre la injusticia y la ilegitimidad del daño causado sin matices

Estos homenajes, es obvio, humillaban a las víctimas. Pero también atacaban a la propia sociedad, porque esos homenajes, y la representación que conllevan, eran un ataque a las bases éticas más elementales, sin las cuales no podemos construir sociedad. Celebramos este paso que, aunque tarde y después de haber generado un daño ético y moral evidente, llega gracias a la presión social.

Estos homenajes humillan a las víctimas, pero también atacan a la propia sociedad, porque representan una agresión a las bases éticas más elementales

 

Nota de prensa, 30 de noviembre de 2021