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Recuerdo que estaba con una amiga en una tienda de ropa del Casco Viejo de Bilbao aprovechando las rebajas. De repente, sonó el móvil de Gesto por la Paz. Era Garbiñe Santacoloma Ibáñez. Me dijo, “Isa, han secuestrado a un concejal del PP de Ermua“.

No me lo podía creer. Hacía tan solo diez días, habíamos “celebrado” el final de los secuestros de Ortega Lara y Delclaux. Para ellos, sin duda alguna, aquel cautiverio había sido una cruel tortura; todos aquellos días privados de libertad y sin saber si saldrían vivos de su zulo. Una locura.

Y quienes había estado lunes tras lunes pidiendo su libertad soportando la violencia de los insultos, cuando no agresiones, de quienes se ponían enfrente, quienes habíamos recorrido Euskadi, subido montañas, invadido las playas, organizado marchas de coches, en bici, a pie, soltado globos azules, palomas, repartimos miles de lazos azules por toda Euskal Herria, quienes fuimos creando una enorme bandera azul con retales llegados de muchísimos sitios, habíamos colgado de puentes pancartas que exigían la libertad primero de José María Aldaya y luego de Ortega Lara y Delclaux… estábamos exhaustos. Habíamos estado dos años, un mes y 22 días manteniendo -creando y participando- un nivel de movilización como pocos se habían generado en Euskal Herria.

 

La liberación de aquellos secuestrados, también fue un poco la nuestra. Sin embargo, aquella tarde de verano, la llamada de Garbiñe me hizo pensar que no había descanso, que teníamos que ser corredores de fondo, que nos querían borrar de nuestras caras las sonrisas de aquel 1 de julio de la liberación de los secuestrados, incluso, que aquello no iba a acabar nunca.

Inmediatamente volví al local de Gesto. Llamadas a unxs y otrxs, reuniones, mucha gente participando… y, a pesar del agotamiento, éramos muy conscientes de que aquello requería todas nuestras fuerzas y nuestro empuje. No había ninguna duda: empezábamos de nuevo. Nadie tiró la toalla. Nadie se movió de su sitio. A nadie le costó recuperar el lazo azul que teníamos en todas las camisetas, camisas, jerseys… De nuevo, teníamos que ocupar la calle para pedir la libertad de aquel concejal que nadie conocía. Teníamos que salir todos juntxs, cuantos más mejor, se tenía que escuchar más fuerte que nunca que no consentiríamos ese secuestro de la libertad de toda la sociedad.

Desde aquí quiero hacer un sentido homenaje a los anónimos que lucharon por la paz, que abandonaron la comodidad del sofá y, sobre todo, la ‘comodidad de la indiferencia’, a esas personas que se implicaron y se retrataron ante su entorno más cercano como ‘soldaditxs de paz‘ dispuestos a luchar por ella tanto tiempo y con tanta energía como hiciera falta.

Aquel 10 de julio, sólo sabíamos que Miguel Angel Blanco era concejal del PP y que tocaba la batería en un grupo de música. Nada más. Y nadie nos imaginábamos lo que pasaría unos días después, pero todxs estuvimos dispuestos a sembrar paz, una vez más, por las calles de Euskal Herria.

No creo que me pueda sentir más orgullosa de algo como de haber pertenecido a Gesto por la Paz y haber compartido con sus soldaditxs casi treinta años de mi vida. ¡Gracias!

Isabel Urkijo Azkarate