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Gogoan-por una memoria digna

~ Gogoan-por una memoria digna trabaja por una memoria que deslegitime la violencia y que sea pedagógica para prevenir situaciones como las vividas en Euskal Herria los últimos 50 años.

Gogoan-por una memoria digna

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Cosas de la campaña III

14 viernes Jun 2019

Posted by gogoanmemoria in Memoria

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cierre de Gesto por la Paz, ciudadanía, ETA, ETB, Gesto por la Paz, Gesto por la Paz tuvo razón, Luis Aizpeolea, Memoria, movilización ciudadana, pacifismo vasco

Hace seis años, concretamente, el 1 de junio de 2013, Gesto por la Paz cerró sus puertas y se despidió de la sociedad.

Desde el primer momento, su anhelo era desaparecer, que ya no fuera necesaria y, tras la comprobación de la fiabilidad del anuncio de ETA sobre el abandono de su actividad, Gesto por la Paz consideró que su misión había sido cumplida.

Entonces, el periodista Luis Aizpeolea escribió esto en su artículo «Gesto por la Paz tuvo razón«:

Hoy, tras el cese definitivo de ETA y con la perspectiva de los años, puede decirse que la historia ha dado la razón a Gesto por la Paz. No sólo por ser los primeros en movilizarse contra el terrorismo ‑desde 1985 cuando Basta Ya y otros lo hicieron casi 15 años después‑. También porque tuvo claro que el final de ETA no pasaba por la confrontación entre no nacionalistas y nacionalistas sino de todos los demócratas contra ETA. A lo que contribuyó con su espíritu abierto, ajeno a los sectarismos.

Y nosotros añadimos otra razón: todo la labor que desarrolló Gesto por la Paz. Parte de él lo puedes ver en este vídeo:

Recuperar la memoria de ese trabajo y de cómo se llevó a cabo es un deber de esta sociedad que Gogoan por una memoria digna lo ha asumido como propio. Por desgracia, no hemos encontrado respuestas positivas en otras puertas que hemos tocado, así que, una vez más, la ciudadanía asumirá esa responsabilidad.

Gracias por ayudarnos:

http://goteo.cc/gestoporlapaz

 

¡Continuamos con la campaña!

11 martes Jun 2019

Posted by gogoanmemoria in Memoria, Pacifismo

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Edurne Portela, Gesto por la Paz, Goteo.org, Iñaki García Arrizabalaga, Imanol Manterola, Isabel Urkijo Azkarate, Koldo Campo, Martín Zabalza, Onda Vasca, Pello Salaburu, Radio Euskadi, Radio Popular de Bilbao

¡NECESITAMOS CONTINUAR CON EL CROWDFUNDING!

Hemos conseguido la meta que nos marcamos cuando iniciamos esta campaña de crowdfunding ¡¡15.000 €!!

¡Muchísimas gracias a todxs!

Os informamos de que vamos a CONTINUAR con la campaña de financiación porque realmente el documental tiene un coste muy superior a esos 15.000€ que nos permitiría hacer un documental básico y queremos hacerlo lo mejor posible.

Cuando empezamos la campaña de crowdfunding, lo hicimos con cierto temor porque meses antes, habíamos llamado a otras puertas y no nos ayudaron. Y, como ocurrió a Gesto por la Paz, hemos comprobado, una vez más, que la ciudadanía responde, respondemos. Así pues, continuaremos con la campaña hasta la próxima meta de 28.000 € que nos permitirá realizar un documental de mayor calidad.

Gracias a todxs por ayudarnos a recuperar la memoria de Gesto por la Paz, a poner un altavoz en su mensaje que hoy en día tiene vigencia y es necesario; y a preparar una herramienta que sirva para que los más jóvenes sepan el trabajo tan importante que hizo esta organización.

Isabel Urkijo Azkarate«Personas anónimas se enfrentaron al silencio al que ETA les sometía» (10 de junio) Isabel Urkijo Azkarate es entrevistada por Imanol Manterola para el programa Bourlevard de Radio Euskadi.

No hemos podido recuperar la entrevista que  Koldo Campo hizo a Isabel Urkijo Azkarate el mismo 10 de noviembre para el programa Egunon Bizkaia de Radio Popular.

 

Martin Zabalza Pello Salaburu

«Crowdfunding para hacer un documental sobre Gesto por la Paz» (10 de junio). Pello Salaburu y Martin Zabalza son entrevistados por periodistas de la cadena Onda Vasca para el programa Euskadi Hoy.


Como en otras ocasiones, os invitamos a ver los vídeos de apoyo a la campaña que hemos publicado estos últimos días.

 

 

¡Ayudadnos a continuar con la campaña difundiendo el enlace:

 

http://goteo.cc/gestoporlapaz

Cosas de la campaña II

09 domingo Jun 2019

Posted by gogoanmemoria in Memoria

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Arantza Gonzalez Egaña, crowdfunding, Diario Vasco, documental, Dori Monasterio, El Independiente, ETA, ETB, Gesto por la Paz, GestoMemoria, Gogoan por una memoria digna, Goteo, Isabel Urkijo, izquierda abertzale, Jesus Herrero, Joseba Eceolaza, Juanan Urkijo, Lourdes Oñederra, Memoria, Mikel Segovia, movilización ciudadana, pacifismo vasco, Plataforma Goteo, silencio, víctimas del terrorismo, Xabier Lapiiz

Desde que comenzamos la campaña, algunos medios de comunicación han recogido con interés la iniciativa. Os invitamos a conocer algunas de las entrevistas concedidas:

Joseba Eceolaza

«Gesto por la Paz se enfrentó a la violencia cuando casi nadie lo hacía» (7 de junio). Joseba Eceolaza concede una entrevista a Xabier Lapitz para su programa de ETB, Jake.

 

Jesus Herrero«La izquierda abertzale debe asumir su responsabilidad específica al justificar a ETA» (8 de junio). Jesus Herrero es entrevistado por Arantza González Egaña para El Diario Vasco.

 

 

Isabel Urkijo Azkarate «El olvidado silencio que incomodó a ETA» (9 de junio). Isabel Urkijo es entrevistada por Mikel Segovia para el periódico El Independiente.

 

 

Y, sí, ya hemos recorrido la primera semana de campaña de crowdfunding con la Plataforma Goteo y los resultados están siendo positivos: 147 confinanciadores han aportado 12.560 €. Ha sido un buen comienzo, pero, como se puede ver en el gráfico, debemos mantener la tensión porque el ritmo de donaciones está decayendo y, si bien es verdad que el óptimo lo colocamos en 15.000€, el coste real del documental es mayor y cuantos más recursos obtengamos, mejor será el resultado final.

 

También os dejamos los últimos tres vídeos de apoyo a la campaña, de Lourdes Oñederra, miembro de Gogoan por una memoria digna; Juanan Urkijo, ex miembro de Gesto por la Paz y Dori Monasterio, hija de una víctima del terrorismo.

 

 

 


[todos estos videos se pueden ver en el canal de youtube de Gogoan, por una memoria digna]


 

Ya sabes, si quieres colaborar con esta campaña, lo puedes hacer aquí:

http://goteo.cc/gestoporlapaz

Y si tienes algún problema, ponte en contacto con nosotrxs en gogoan.memoria@gmail.com

Cosas de la campaña I

06 jueves Jun 2019

Posted by gogoanmemoria in Memoria

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documental, Euskal Herria, Gesto por la Paz, Gogoan por una memoria digna, Goteo.org, Itziar Azpuru Soloaga, Jesús Herrero Arranz, Memoria, pacifismo vasco, Plataforma Goteo

A lo largo de la campaña, vamos a tratar de recoger aportaciones que hemos recibido de distintas personas. Para empezar, os ofrecemos el testimonio de una periodista. Ella lo vio desde otro lugar. Tuvo otro punto de vista y así nos lo ha trasmitido.

«Acabo de hacer una pequeña aportación para el documental sobre Gesto por la Paz. De vez en cuando me acuerdo del grupo. Cuando nadie salía a la calle, allí estaban ellas y ellos, pocos, con una pancartita simple, frente al Ayuntamiento de Pamplona o en la Plaza de la Cruz. Me tocaba cubrir para un medio de comunicación de Navarra los «rituales» (la convocatoria, el acto, la declaración…) cada vez que se producía un asesinato, un atentado… 

Comencé a trabajar a punto de acabar el siglo, pero eran unos pocos rostros anónimos. 

Recuerdo cómo llegaron las contramanifestaciones y la avalancha de gente que se sumó en los últimos años, hasta el punto de diluir a quienes salieron primero. Y recuerdo también cómo hubo quienes, cuando las cosas eran más fáciles, se atrevieron a desautorizar a la coordinadora porque, por ejemplo, su nombre completo era «Gesto por la Paz de Euskal Herria”.

Y de esos años, de vez en cuando, me viene al recuerdo Meijide, que ejercía discretamente de portavoz. No sé de dónde venía ni he vuelto a saber de él, pero ojalá salga en el necesario documental. 

Porque Gesto por la Paz, como bien decís, abrió y defendió caminos. Pequeños gestos, pero mucha valentía detrás. Y un mensaje claro.

Gracias por la iniciativa y un saludo«

 

Además, también vamos a ir publicando los vídeos que hemos recibido de apoyo a la campaña.

 

 

 

¡¡Ayuda!! – campaña de crowdfunding con GOTEO.org

04 martes Jun 2019

Posted by gogoanmemoria in Memoria

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audiovisual, Convivencia y Cooperación, desgravar, documental, EITB, Fiare Banca Etica, financiación, Gesto por la Paz, Gobierno Vasco, Goteo.org, Memoria, Plataforma Goteo, Reacción de la sociedad vasca ante la violencia, Secretaría Derechos Humanos

Dentro del objetivo general de Gogoan de colaborar por construir una memoria deslegitimadora de la violencia, hemos iniciado un proyecto que trata de recuperar para la memoria una de las iniciativas más positivas que se generaron en Euskal Herria durante los 50 años de violencia, Gesto por la Paz. De esta manera, hace dos años, empezamos a trabajar sobre este ilusionante proyecto: la edición de un documental sobre la organización pacifista.

El guión del documental ha sido diseñado por antiguos miembros de esta organización y los protagonistas de las entrevistas que irán construyendo el audiovisual serán militantes de Gesto por la Paz. Será el legado de esta organización desde la mirada de quienes la hicieron posible.

El alto coste del proyecto ha impedido la marcha a un ritmo normal. Se han solicitado ayudas a instituciones y entidades del País Vasco y Navarra. El resultado ha sido que hemos recibido subvenciones de la Secretaría de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación del Gobierno Vasco y hemos contado con la colaboración de EITB, pero estas ayudas no llegan para financiar el proyecto.

No nos rendimos. La producción será más modesta. Se recortará de donde sea, pero lo haremos. Por esta razón, hemos tomado la decisión de llevar adelante una campaña de crowdfunding a través de la plataforma GOTEO.

Proyecto en Goteo, 3 de junio a las 9’00 h.

TE PEDIMOS UNA AYUDA, TU COLABORACION. Ayer, 3 de junio, iniciamos una campaña de recogida de donativos con los que financiar este proyecto y conseguir los 15.000 € que nos hacen falta.

http://goteo.cc/gestoporlapaz

Te recomendamos que utilices la Plataforma Goteo para enviarnos la ayuda por dos razones: esta plataforma contribuye a publicitar el proyecto y, sobre todo, los donativos que recibamos a través de ella desgravan.

 


También puedes colaborar con el proyecto por otras vías:

    • Ingresando directamente tu donativo en la cuenta que Gogoan, por una memoria digna tiene en Fiare, banca ética: ES36 1550 0001 2600 0416 7524
    • Rellenado este documento [AUTORIZACION] en el que nos autorizas a cargar en tu cuenta un recibo por la cantidad que nos indiques. Una vez completado, lo puedes enviar a gogoan.memoria@gmail.com
    • O a través de PayPal [pulsa AQUÍ]

Muchas gracias por ayudarnos a visualizar aquel trabajo que con formas pacíficas contribuyó a conseguir el final de la violencia a través de despertar las conciencias de la ciudadanía y de sensibilizarla en contra del uso de esa violencia. Gesto por la Paz fue la herramienta necesaria para que la sociedad empezara a manifestarse en contra de la violencia.

 

Con la Biblia y la Parabelum

13 lunes May 2019

Posted by gogoanmemoria in libros

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abertzalismo, Alberto Martín Barrios, Aldo Moro, Ana Rosa Gómez Moral, asesinato, Asociación por la Paz de Euskal Herria, Bakea Orain, Biblioteca de Bidebarrieta, Bidebarrieta kultur gunea, Brian Currin, cristianos de base, Diputación Foral de Bizkaia, elkarri, ETA, fondos reservados, Gesto por la Paz, Gobierno Vasco, Iglesia vasca, Iniciativa Ciudadana en favor de la liberación de Julio Iglesias Zamora, Isabel Urkijo Azkarate, Jonan Fernández, José Luis Bilbao, José María Ryan, José María Setién, Joseba Goikoetxea, Juan Mari Uriarte, Julio Iglesias Zamora, Kepa Aulestia, Lokarri, Miguel Ángel Blanco, movilización ciudadana, nacionalismo, Paúl Ríos, Pedro Ontoso, Rafa Aguirre, religión de sustitución, Ricardo Blázquez, secuestro, separación de conflictos, subvenciones, teoría del conflicto, Un gesto que hizo sonar el silencio

El pasado 10 de mayo, el periodista Pedro Ontoso presentó su libro «Con la Biblia y la Parabelum» en la Biblioteca de Bidebarrieta acompañado por el sacerdote Rafa Aguirre y por el analista político Kepa Aulestia.

El prologo del libro lo realiza Rafa Aguirre y en él se ofrecen dos ideas de especial interés en relación a la iglesia vasca:

  • «El abertzalismo radical fue una religión de sustitución que desertizó las zonas tradicionalmente más cristianas del país. Dios fue sustituido por la patria vasca, a la que había que entregar la propia vida y, con mucha más facilidad, la de los demás«.
  • «A la iglesia la obnubiló la teoría del conflicto vigente en el mundo nacionalista, sin cuya resolución sería imposible acabar con ETA y su apoyo social. Su disposición a colaborar en la ingeniería política -la historia ha demostrado que era innecesaria y que no hacía más que alentar las esperanzas de los terroristas- oscureció su testimonio moral y evangélico. La Coordinadora Gesto por la Paz, por el contrario, siempre distinguió entre conflicto violencia y conflicto político, y defendió que no se podían mezclar ni relacionar.»

En la Introducción de «Con la Biblia y la Parabelum» el autor hace un paralelismo similar al que realizó Ana Rosa Gómez Moral en el libro «Un gesto que hizo sonar el silencio» entre los asesinatos de José María Ryan o Alberto Martín Barrios, en 1981 y 1983, respectivamente, y el de Miguel Angel Blanco en 1997 con el asesinato de Aldo Moro en 1978. Ontoso afirma «El asesinato de Moro fue el principio del fin de la organización y el inicio de su declive, pues a partir de ahí fue perdiendo el poco apoyo social que le quedaba. Algo parecido ocurrió en Euskadi cuando ETA asesinó a Miguel Angel Blanco«. Sin embargo, Ana Rosa apunta la concurrencia un elemento muy importante: la movilización ciudadana. «…en aquel entonces, aún no existía ese sujeto nuevo que estaba en la arena desde que nació Gesto por la Paz. Cuando asesinaron a Miguel Angel Blanco, ya llevábamos más de diez años de movilización pacífica en contra de la violencia y, concretamente, los dos últimos años habían sido extenuantes debido a los secuestros encadenados y a la insistente y obscena provocación en la calle«. 

El autor, a lo largo de 18 capítulos, analiza el papel de la Iglesia en estos 50 años de violencia. Sin duda alguna, obispos como Juan María Uriarte, José María Setién o Ricardo Blazquez tienen un peso potente, pero el autor también abre paso a iniciativas que parten de los cristianos de base. Algunas de estas son las que se recogen en el capítulo «Un movimiento pacifista con sello cristiano» en el que se relatan las distintas reacciones esporádicas que habían surgido en torno a la iglesia en los años 80 hasta derivar en Gesto por la Paz (1985). Describe los orígenes de esta organización pacifista como netamente cristianos.

Posteriormente, escribe el subcapítulo «Elkarri y la otra línea de la Iglesia» en el que identifica iniciativas como Bakea Orain o elkarri con una iglesia más en sintonía con el nacionalismo vasco. En esta parte del libro, en realidad se narra no solo el trabajo que realizó elkarri durante sus 14 años de existencia, sino la trayectoria personal de Jonan Fernández.

Ocurre algo muy similar con Paúl Ríos «Paúl Ríos: de Gesto por la Paz a Lokarri«. Desde su participación en concentraciones de Gesto por la Paz y su implicación en elkarri a partir del asesinato de Joseba Goikoetxea en 1993, hasta el trabajo de Paúl tras la desaparición real de ETA cuando en Colombia insistía en «el papel protagonista de la sociedad civil». En su trabajo en Lokarri conviene resaltar esta parte: «Ríos aceptó -la propuesta de Brian Currin de coordinar esfuerzos- y, desde finales de 2009, se convirtió en su sombra. Acompañó a Currin por todo Euskadi para comunicar el cambio de estrategia de la izquierda abertzale y socializar el mensaje de que el debate interno estaba muy avanzado. Y que iba en serio. Se reunieron con partidos, sindicatos, empresarios y también con representantes de la Iglesia.» Por razones que se desconocen, Paúl Ríos no «facilitó» una reunión con entre Currin y esa antigua organización a la que gusta referirse, Gesto por la Paz, a pesar de que solo había una distancia de dos pisos entre las sedes de ambas organizaciones.

Tras leer este capítulo, es muy fácil que la persona lectora llegue a la conclusión de que, si bien Gesto por la Paz tuvo un impulso inicial de cristianos de base, fueron las organizaciones elkarri y Lokarri las que realmente estuvieron muy unidas a la Iglesia vasca con la que mantuvieron una muy estrecha relación.

1993, Deia

1993, Deia

Por desgracia, Pedro Ontoso deja de mencionar el trabajo de Gesto por la Paz a partir de 1993. ¿Cuál es la razón? ¿Hasta entonces Gesto por la Paz había sido una organización vinculada a la iglesia y a partir de entonces se desarrolla como una organización laica e independiente de la Iglesia oficial? El libro no ofrece la respuesta.

Conviene matizar algunas afirmaciones que se hacen respecto a Gesto por la Paz. La mayoría son sin importancia como que Gesto por la Paz comenzó a llamarse Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria en la asamblea de confluencia entre la Coordinadora Gesto por la Paz y la Asociación por la Paz de Euskal Herria que fue en noviembre de 1989 y no en 1987, como se afirma. O que José Luis Bilbao se portó bien con Gesto por la Paz en 1990/91, pero no cediendo un local, sino proporcionando mesas y sillas de oficina retiradas de la Diputación Foral de Bizkaia. O que en 1990, Gesto por la Paz tenía 170 grupos, en lugar de los 67 que pudiera tener, ya que no alcanzó los 170 hasta 1996.

Quizás las afirmaciones más «desacertadas» son las de que el Gobierno vasco pidiera a Gesto por la Paz que se movilizara por el secuestro de Julio Iglesias Zamora y que le concediera 14.000.000 de pesetas de los fondos reservados. Ninguna es cierta.

Gesto por la Paz inició la campaña en favor de la liberación del ingeniero de Ikusi nada más producirse el secuestro y por iniciativa propia, como no podía ser de otra forma.

[Texto de la rueda de prensa ofrecida por Gesto por la Paz cuatro días después de producirse el secuestro]

Es cierto, que desde el Gobierno vasco se apoyó la creación de la Iniciativa Ciudadana en favor de la liberación de Julio Iglesias Zamora y que fue Gesto por la Paz la asociación que la impulsó, coordinó y organizó los eventos convocados por la Iniciativa, pero hay que tener en cuenta que:

  1. La Iniciativa en favor de la liberación de Julio Iglesias Zamora se presentó dos meses después de comenzar el secuestro, concretamente, el 4 de septiembre.
  2. El Gobierno vasco -¿tiene fondos reservados?- concedió una ayuda extraordinaria del importe mencionado a la Iniciativa que se destinó prácticamente de manera íntegra a la convocatoria de la manifestación del 11 de septiembre. Y todo el gasto que generó la campaña que Gesto por la Paz desarrolló contra el secuestro de Julio Iglesias Zamora, lo asumió la propia organización pacifista que, además, vio seriamente mermada la subvención que recibiría ese año del Gobierno vasco.

La mayor parte de estas informaciones se pueden obtener de la muy útil web de Gesto por la Paz. Para otras informaciones, quizás habría sido deseable que el autor hubiera consultado a más informadores.

Para terminar, hay que felicitar a Pedro Ontoso, tanto por el libro como por el éxito de la presentación del mismo. Como se puede apreciar en la fotografía, la sala de Bidebarrieta estaba repleta.

Presentación sala Bidebarrieta, 10/05/2019

Isabel Urkijo Azkarate

Una lección de dignidad y de autoridad moral

17 miércoles Abr 2019

Posted by gogoanmemoria in Víctimas

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Abel Uceda Vázquez, agresión, Ainara Olaciregui Villarta, Ainhoa Pedrosa Hernández, Alberto Muñagorri Berdasco, Andoitz Korta Zearreta, Arantxa Puelles García, Barbara Dührkop, Belén Mentxaka Lejona, Carlota Arguimberri Zuloaga, Carmen Torres Ripa, dignidad, Dori Monasterio Burgos, Esther Cabezudo Martínez, Fernando Garrido Velasco, Gabriel Portell Torres, Gorka Landaburu Illarramendi, Guillermina Cabré Baldellou, Iñaki García Arrizabalaga, Ibai Korta Zearreta, Iván Ramos Torrano, Jaime Arrese Araolaza, Jesús Fructuoso Gómez, Jordi Valls Olivé, José Miguel Gómez Elosegui, Josu Elespe Pelaz, justicia, Luis Mari Vega Castresana, Maixabel Lasa Iturrioz, Marí Carmen Hernandez Sánchez, María Jauregi Lasa, Marc Cabré Baldellou, Mari Jose Agirre Larraona, Marta Cabré Baldellou, Memoria, Nagore González Berrio, Naiara Zamarreño Fernández, Nerea Barrios Cuevas, Patxi Elola Azpeitia, Pilar Zubiarrain Lasa, reconocimiento, reparación, Robert Manrique Ripoll, Rosa Lluch Bramon, Rosa María Cabré Baldellou, Rosa Rodero Palacios, Sana Buesa Rodríguez, Sandra Carrasco Romero, Silvia Vidal Pinar, víctimas de abusos policiales, víctimas de ETA, víctimas del terrorismo, verdad

Manifiesto «Reconocimiento a las víctimas de abusos policiales»

Las personas que suscribimos este documento, plurales en lo político pero todas ellas víctimas o familiares de víctimas del terrorismo asesinadas por ETA o grupos afines, queremos manifestar a la opinión pública que consideramos un error político y humano grave no querer reconocer a las víctimas de abusos policiales y de grupos de extrema derecha.

Este reconocimiento que reclamamos no supone caer en un interesado totum revolutum, ni referirnos de manera genérica a las “víctimas del conflicto político que sufre nuestro pueblo”. Tenemos muy claro que esa lectura interesada solo conviene a quienes más responsabilidad tienen en todo el sufrimiento que hemos vivido, a los que persiguen la impunidad judicial o histórica.

Para nosotras, reconocer a las víctimas de abusos policiales y grupos de extrema derecha no significa blanquear, equiparar, ni legitimar nada con relación a nuestros atentados o al asesinato de nuestros familiares. Solo implica reconocer que esas víctimas también tienen derecho a la verdad, la justicia, la reparación y la memoria. Y con su reconocimiento no vemos mancillado ni el honor ni la memoria de nuestros familiares asesinados por los terroristas de ETA o grupos afines.

Constatamos que desde distintos sectores sociales y políticos se trata de minimizar -cuando no de invisibilizar- a las víctimas de abusos policiales o de grupos de extrema derecha, argumentando que sus muertes se debieron a fallos o atropellos dentro de la obligada respuesta de la sociedad a la agresión recibida. Somos conscientes de que nuestros procesos de victimación fueron radicalmente distintos a los de estas personas, que nuestros atentados o el asesinato de nuestros familiares fueron una deliberada estrategia de aniquilamiento del diferente con el apoyo de una parte muy importante de nuestra sociedad, pero no podemos admitir que en el caso de las víctimas de abusos policiales y de grupos de extrema derecha se menosprecien actos irreversibles contra la vida y la dignidad humana. Creemos que admitir ese menosprecio daña la legitimidad del estado democrático de derecho y el tejido moral de nuestra sociedad.

Por eso, afirmamos que el reconocimiento de los derechos de estas víctimas debería ser un sentimiento pre-político, por encima de siglas, banderas u opciones políticas concretas.


Víctimas y familiares de victimas que han firmado el manifiesto:

Mari Jose Agirre Larraona, Carlota Arguimberri Zuloaga, Jaime Arrese Araolaza, Nerea Barrios Cuevas, Sara Buesa Rodríguez, Esther Cabezudo Martínez, Guillermina Cabré Baldellou, Marc Cabré Baldellou, Marta Cabré Baldellou, Rosa María Cabré Baldellou, Sandra Carrasco Romero, Bárbara Dührkop, Josu Elespe Pelaz, Patxi Elola Azpeitia, Jesús Fructuoso Gómez, Iñaki García Arrizabalaga, Fernando Garrido Velasco, José Miguel Gómez Elósegui, Nagore González Berrio, Mari Carmen Hernández Sánchez, María Jauregi Lasa, Andoitz Korta Zearreta, Ibai Korta Zearreta, Gorka Landaburu Illarramendi, Maixabel Lasa Iturrioz, Rosa Lluch Bramon, Robert Manrique Ripoll, Belén Mentxaka Lejona, Dori Monasterio Burgos, Alberto Muñagorri Berdasco, Ainara Olaciregui Villarta, Ainhoa Pedrosa Hernández, Gabriel Portell Torres, Arantza Puelles García, Iván Ramos Torrano, Rosa Rodero Palacios, Carmen Torres Ripa, Abel Uceda Vázquez, Jordi Valls Olivé, Luis Mari Vega Castresana, Silvia Vidal Pinar, Naiara Zamarreño Fernández, Pilar Zubiarrain Lasa.


Prensa

Diario Vasco, 16 de abril de 2019

Diario Vasco, 16 de abril de 2019

Diario de Noticias, 17 de abril de 2019

Noticias de Navarra – La Vanguardia – EITB – Naiz

 

 

Gogoan y el terrorismo

14 domingo Abr 2019

Posted by gogoanmemoria in Víctimas

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asesinos, Comandos Autónomos Anticapitalistas, Diario de Navarra, Estado de Derecho, ETA, Gladys Del Estal, Iñaki García Arrizabalaga, Ignacio Janín Orradre, José Manuel García Cordero, terrorismo, víctimas de abusos policiales, víctimas del terrorismo

Rueda de prensa de Gogoan en Pamplona

El pasado 6 de abril, Ignacio Janín Orradre escribió en Diario de Navarra un artículo titulado «Gogoan y el terrorismo» en el que cuestionaba a la asociación Gogoan, por una memoria digna en base al texto de presentación que ofrecimos en la rueda de prensa del pasado 2 de marzo y al artículo de uno de nuestros socios publicado días más tarde.

Podéis leer el artículo aquí mismo: «Gogoan y el terrorismo«.

La crítica provenía fundamentalmente sobre lo que él interpreta como un interés de Gogoan por igualar a las víctimas de ETA y a las víctimas de los abusos policiales. Ignacio Janín considera que no son comparables: unas fueron fruto de la voluntad de un ‘grupo de iluminados’ y otras fueron consecuencias de fallos en la necesaria respuesta al terrorismo por parte del Estado.

Entre los miembros de Gogoan, por una memoria digna se encuentra Iñaki García Arrizabalaga, hijo de José Manuel García Cordero, asesinado por los Comandos Autónomos Anticapitalistas en 1980, que ha preparado esta respuesta, la cual ha sido publicada ayer , 12 de abril:


Soy una de las personas que, el pasado 2 de marzo, leyó en Pamplona el manifiesto fundacional de la asociación “Gogoan, por una memoria digna”. Quiero decir al señor Ignacio Janín Orradre, autor del artículo “Gogoan y terrorismo” publicado en este periódico el sábado 6 de abril, que tengo muy claro, al igual que muchas otras víctimas del terrorismo que piensan como yo, que no necesitamos elaborar ningún relato “para llamar tiro en la nuca al tiro en la nuca, secuestro al secuestro y zulo al zulo”. Con su despectivo comentario usted está ofendiendo también -y gravemente- a muchas víctimas del terrorismo. Sí, a muchas víctimas del terrorismo que, aunque no piensen ni sientan políticamente como usted, también hay que “dejarlas en paz, por favor”.

Aunque a usted le cueste creerlo, e incluso aunque le pueda llegar a molestar, las víctimas del terrorismo son un colectivo plural. Y dentro de esa pluralidad hay un numeroso grupo de víctimas del terrorismo (insisto, de víctimas del terrorismo) que piensan que, por ponerle un ejemplo navarro, el disparo a bocajarro en la nuca a Gladys del Estal en Tudela por parte de un guardia civil cuando ella estaba sentada pacíficamente en el suelo fue mucho más que un abuso, un fallo o un atropello “dentro de la obligada respuesta de la sociedad a la agresión recibida”. Estas víctimas del terrorismo creemos que la muerte de Gladys del Estal no se trató de un error del tipo “poner el sello en la instancia equivocada”, sino un acto irreversible contra la vida y la dignidad humana. Por seguir con el ejemplo, y usando sus palabras, le diré que estas víctimas del terrorismo creemos que Gladys del Estal también era “una mujer de carne y hueso, con su vida, su trabajo, su familia, sus proyectos y sus esperanzas”.

Estas víctimas del terrorismo creemos que no reconocer a las víctimas de abusos policiales es un error político y humano grave. Tenemos muy claro que nuestros procesos de victimación fueron radicalmente distintos, pero para nosotras, víctimas del terrorismo, reconocer a las víctimas de abusos policiales no significa blanquear, equiparar, ni legitimar nada. Solo implica reconocer que esas víctimas también tienen derecho a la verdad, la justicia, la reparación y la memoria. Y por ello no vemos mancillado ni el honor ni la memoria de nuestros familiares asesinados por los terroristas de ETA.

No tenemos “una preocupación obsesiva por cambiar la historia y elaborar el relato a nuestra medida”. Bastante tenemos con llevar la pesada carga que nos ha tocado llevar en la mochila como para que aparezcan personajes como usted que “nos manosean, nos ofenden y no nos dejan en paz”. Y no hago sino usar sus palabras. Deje de imaginar el mundo de las víctimas del terrorismo en términos de absolutamente conmigo o contra mí y descubra que existen víctimas del terrorismo, muchas, insisto, que se han sentido ofendidas y heridas por sus palabras. Y estas víctimas del terrorismo también son merecedoras de respeto.

 


 

Apostar por la Paz

08 lunes Abr 2019

Posted by gogoanmemoria in Memoria

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Agradezco sinceramente esta oportunidad de compartir mis reflexiones sobre un tema tan importante. También reconozco la responsabilidad que supone: resulta particularmente difícil en esta ocasión valerse del instrumento de comunicación y cognición que es el lenguaje.

 

Pasado

Quisiera evitar proclamas generales y enunciados abstractos. Para ello entrelazaré mis reflexiones con algunas vivencias que me han ayudado en la percepción del asunto que nos ocupa, historias personales que me han funcionado como epifanías. Por una parte, es de lo que puedo hablar con más fundamento y honestidad. Por otra, más importante, creo que mi historia, mutatis mutandis, es la de una gran parte de esta sociedad.

Por lo tanto, pongo el foco de mi exposición en toda esa gente que no ha «estado de acuerdo» con ETA, que le ha «parecido mal» lo que hacía, pero no lo ha manifestado de ninguna manera (durante años o aún nunca). Supongo que son muchas las personas que no han llegado a planteárselo así a sí mismas, son seguramente la mayoría, porque, el día en el que te lo narras, mirarse en el espejo resulta difícilmente soportable.

Me interesa pues particularmente ese no-discurso, el relativo mutismo, la pasividad ejercida en un grado u otro por muchísimos ciudadanos y ciudadanas de nuestra sociedad. Creo que es esencial abordarlo para avanzar en el tema que hoy nos ocupa.

Las causas del silencio han sido múltiples y de distinto carácter: la presión del ambiente general en ciudades, pueblos y barrios; la presión del círculo más cercano (familiar, de cuadrilla o de lugar de trabajo); la pasividad ante esas presiones por miedo, cuando menos, por el miedo a significarse y por la comodidad de no destacar. Sería conveniente, para una mejor descripción y posterior análisis de lo ocurrido, hacer una lista detallada de los factores que han funcionado en cada caso, en cada entorno. La consecuencia más extrema de ceder ante la presión del ambiente ha sido que, al menos en la práctica, mucha gente ha llegado a no percibir el terrorismo como problema en sus vidas.

 


Socialmente se ha construido todo un andamiaje que ha sujetado el edificio colectivo de relaciones a base de canciones, de temáticas en los concursos de bertsolaris, de decoración de nuestros bares, las huchas para los presos en barras y mostradores, algunos movimientos y de actividades en defensa del euskera, etc. Ha sido como una argamasa o unos hilos que han tejido una red envolvente: aunque no todo el mundo estaba con ETA, lo parecía: lo contrario se callaba, no se manifestaba. De modo análogo, a partir de lo que ahora no se menciona, pudiera parecer que ya todo el mundo está en contra de la violencia…


Ayuda a mantener la confusión el hecho de que vivimos en general muy bien, en una sociedad con un alto índice de opulencia y de manera que se puede llevar una vida normal sin significarse… Basta con mantenerse pasiva, con no decir, porque se ha asumido que eso significa aceptación, una aceptación más o menos plena, pero en definitiva aceptación. Mientras no se mencionaba, no se criticaba. Escribí una columna en Egunkaria en la que planteaba si ocurría en euskera con la palabra ETA como con el color verde, que no existía en el vocabulario vasco patrimonial (por eso se inventó orlegia y se ha tomado en préstamo berdea), porque nunca se mencionaba…

Aún hoy el silencio es denso, cuando con ocasión de la evaluación de una sala para una actividad, una dice que la última vez que estuvo allí fue en homenaje a una víctima de ETA.

Falta verbalizar esos silencios, integrarlos en la narración. Escasea, está ausente ese discurso, la reflexión individual de cada cual y, a partir de ahí, el de toda la gente que ha actuado así. Cuando el silencio se menciona, mayormente aparece conjugado en segunda persona: es la interpelación que directa o indirectamente nos dirigen las víctimas de ETA. Vienen a jugar el papel de nuestra conciencia, a hacer que se nos planteen interrogantes como «¿qué callábamos?, ¿de qué no nos enterábamos?».

Quienes callábamos ante ETA no nos dábamos cuenta totalmente y más allá del enunciado literal de las palabras, de que las personas que entraban en ETA, por extrema y arriesgada que fuera su opción, no tenían ningún derecho a decidir quién debía morir (cosa que, por otra parte, decidirían los mandos).

Tampoco percibimos en su auténtica y terrible medida que los muertos, los heridos, los extorsionados eran seres humanos, tan seres humanos como nosotras, como nosotros. Por ejemplo, nunca nos preocupábamos de cómo se lo contarían a sus hijos y luego a sus nietos. Nuestra literatura pocas veces, si alguna, reflejaba qué ocurría en la casa de la víctima de ETA.

Importa la responsabilidad específica, no la general abstracta, sino la de cada cual, la de cada ambiente, cada cuadrilla, cada sociedad: por eso no quiero diluir la nuestra, la de la gente como yo, entre otras injusticias. No niego esas otras injusticias, que no hay que ignorar, pero tampoco mezclar: hablar de todo a la vez es no hablar de nada con la suficiente profundidad.

Yo soy responsable de mis silencios, no de lo que hayan hecho otras personas. Muchas, muchos en este pueblo debemos a las víctimas de ETA el haberlas ninguneado, lo cual no ocurría con las víctimas de los excesos del Estado, de los cuerpos policiales, etc. Eso estaba muy presente en nuestro mundo. Y no hubo simetría: las víctimas de ETA se escondían, para no sufrir una segunda victimización y al mismo tiempo asumiéndola: la hija de Fernando Buesa, que disimulaba ante las fotos de su padre en los bares de la parte vieja de Vitoria; Cristina Cuesta, a quien sus amigos decían que se hiciera a la idea de que su padre había muerto en un accidente.

Estoy cansada de oír que las víctimas de ETA están manipuladas. Eso es de un paternalismo y de una superioridad inaceptable. Insultante. Las víctimas de ETA no son bobas y son tan libres como cualquiera de hacer sus opciones político-ideológicas. Además y por otro lado, basta escuchar el testimonio de Urrosolo Sistiaga para confirmar cómo han sido manipulados los miembros de ETA y, a través de ellos, todos nosotros.

Yo misma no era plenamente consciente de la profundidad del mal, a pesar de los pesares y de toda una serie de privilegios de los que he gozado en mi vida y de los que hablaré unas líneas más abajo. Creía que sí, pero seguía jugando a la equidistancia desde mi mayor cercanía con el mundo de ETA, con sus defensores.

No teníamos una conciencia suficientemente nítida de que, en nombre de una determinada visión territorial, lingüística, social, histórica, etc., se estaba asesinando, extorsionando, amenazando a nuestros conciudadanos, a nuestros vecinos y colegas. Tomemos como ejemplo una imagen muy concreta: aunque el hecho en sí no nos pareciera bien, íbamos de potes, mientras en la calle de al lado o dos paralelas más arriba se levantaba el cadáver de alguien asesinado por nuestros derechos (¿los nuestros… o los de quién?). «Han matado a uno en Rentería», «Han puesto una bomba en tal sitio», «Desde luego, no hay derecho», podíamos comentar mientras cambiábamos de bar. Es necesario resucitar aquella conciencia que no tuvimos entonces, hacerlo ahora a través de una mínima autocrítica.

Se ha llegado a decir que lo hacían por amor, por amor a la patria ¿Cómo se puede matar a alguien por amor? Se mata por odio. Que el amor a lo propio se mida en función del odio a lo extraño es algo perverso, que pudo tener su función defensiva en las cavernas, pero que el ser humano contemporáneo debe rechazar.

 

Mis grandes privilegios

Entre mis muchas deudas con quienes me han abierto los ojos está el ser hija de mis padres, por cómo eran mis padres. Recuerdo el catolicismo un tanto «anticlerical» de mi padre a quien sacaban de quicio todos aquellos ex-curas, ex-seminaristas metidos a salva-patrias. Admiro ahora aquella inteligencia de mi madre, su lucidez y coherencia cuando iba (diferenciándose de su entorno) a las primeras concentraciones organizadas por Cristina Cuesta. Recuerdo también cómo se disgustaba cuando algunos conocidos se referían a los miembros de ETA llamándolos gure mutilak (‘nuestros chicos’); mientras, ella iba a cursos sobre Theilhard de Chardin y Garaudy, leía a Hélder Camara sobre la espiral de la violencia. Pero no importa aquí tanto el fondo, los contenidos de sus ideas, sino aquella actitud de no seguir de modo gregario la tendencia mayoritaria en su entorno, la crítica, el cuestionamiento desde una perspectiva moral en un contexto nacionalista (PNV primero, EA a partir del cisma y hasta que ellos dos murieron en 1997): pertenezco a una de las pocas familias de nuestro entorno que no celebró la muerte de Carrero Blanco; en casa no se cantaba aquella canción durante la cual que se lanzaba el jersey hacia arriba como representación del vuelo del coche de Carrero, gracias a la calidad moral de mis padres (no se celebra el asesinato de nadie, aunque sea el enemigo, decía ama).

Me resulta inevitable mencionar, de manera mucho más breve que la que merecería, la suerte de haber conocido a Alfredo Tamayo, sacerdote jesuita, mi profesor de filosofía durante la carrera, activo luchador, sus homilías y escritos comprometidos, las primeras Semanas pro-amnistía… Tamayo fue uno de los fundadores de las Gestoras pro-amnistía, pero se alejó luego, sin esconder por qué, como siguió siempre predicando desde su más explícita coherencia ética.

Y, por último, quiero hablar de Gesto por la Paz, que ha sido tal vez la suerte más grande de todas. Sinceramente me parece que es lo que más me ha aportado, ya que de alguna manera me ha redimido rescatando los posos anteriores. Me ha dado el discurso en el que integrarlos, un discurso en el que yo he encajado más completamente: creo que soy más persona desde que tuve la gran suerte de que Gesto apareciera en mi camino, de verlo, de percibirlo.

Llegué tarde, cuando ya no se atacaban sus concentraciones, cuando no se les agredía. Por cierto, eso, lo de las agresiones a las concentraciones de Gesto por la Paz, es uno de los contenidos obligatorios de la narración de nuestra trágica historia cercana. También ante ello guardó un vergonzoso silencio una grandísima parte de la sociedad vasca.

25 de septiembre de 2000

Creo que Gesto por la Paz de EH ha hecho en el terreno ideológico una enorme aportación a nuestra inteligencia (de intelligere: entender): la separación conceptual entre el conflicto y la violencia, como dos categorías no necesariamente unidas. Comprenderlo es un paso imprescindible para que el debate avance, para ordenar el barullo sentimental en el que hemos estado inmersos: es el pensamiento que desatasca la autojustificación de una violencia que se retrotrae a la Guerra Civil cuando no a tiempos anteriores, es la premisa que corta el círculo vicioso de causas y consecuencias en las que se enroca la ceguera ante el horror de que aquí se ha matado a quien no comulgaba con las ideas de ETA (espiral que, a su vez, imposibilita la percepción y valoración justa de todas las demás injusticias derivadas de –no causadas por– esa primera locura).

En Gesto encontré una muy útil combinación de bondad y de inteligencia, de utilizar los sentimientos para lo que son y la mente para lo que es. Creo que en este pueblo hemos padecido una gran confusión en ese sentido y que el nacionalismo ha hecho fortuna con ello, pero que eso ha tenido muy malas consecuencias en la calidad moral de nuestra comunidad. Es necesario absolutamente superar, sin negarlo, el plano puramente emotivo y hacer explícitas las ideas que han sostenido las distintas opciones que entre nosotros han existido, para encontrar las que permitan encarrilar los sentimientos a un lugar mejor.

De todas maneras, aclaro que, desde algunos sectores, se suele responsabilizar demasiado ligera y erróneamente al nacionalismo de lo que ha hecho ETA, a todo el nacionalismo y a la ideología en sí. Es algo con lo que no estoy de acuerdo. Pero, dicho eso y si vamos a los hechos concretos, entre mis vivencias personales hay dos que serían pertinentes en este punto.

Un primer recuerdo se sitúa en el contexto del cierre del diario en euskera Egunkaria. Cuando, en un receso de la reunión extraordinaria del Consejo Asesor del Euskera del Gobierno Vasco, pregunté cómo se entendía que nos hubieran convocado a participar como tal Consejo en la manifestación contra el cierre del periódico pero no a protestar por el asesinato de Pagazaurtundua ocurrido unos pocos días antes, otro miembro del Consejo me sugirió que recordara la parábola del hijo pródigo: que quien había matado a Pagazaurtundua era nuestro, quien había cerrado el periódico, no.

La segunda anécdota es del día en el que recibí una medalla que dediqué en público a la memoria de las víctimas de ETA. Una persona que me felicitó con simpatía añadió, sobre la dedicatoria, que seguramente tenía razón pero que «¡cómo se me había ocurrido decirlo delante de ellos!»… ellos, los no nacionalistas.

El nacionalismo (desde los militantes convencidos, pasando por votantes y simpatizantes, hasta el más amplio ambiente general de nuestras plazas, de nuestro espacio común) ha contribuido a erigir un imaginario, una representación de esta sociedad en la que el foso entre nosotros y ellos es más profundo que el que pudiera (debiera, desde una perspectiva moral) haber entre quienes matan y quienes no matan, entre quienes han decidido que matar por la ideología está bien y quienes piensan que matar es inaceptable.

El problema que reflejan mis dos anécdotas es la incapacidad de afrontar el problema en términos puramente morales, la imposibilidad de superar la división entre los nuestros y los otros. Obedece a una manera de cimentar el aprecio a lo propio, a lo que se considera propio, sobre la falta de la más mínima benevolencia hacia lo otro y, en los casos más extremos pero no escasos, sobre  el desprecio y el odio, que se plasma de manera muy evidente en el rechazo de todo lo etiquetado como español, incluida la lengua.

Yo misma, no me puse públicamente, físicamente, con «los otros» hasta que ETA mató a Fernando Buesa y Jorge Díez en febrero de 2000 en nuestro campus.

Por historia familiar y social, niña de las primeras ikastolas clandestinas, estudiante de Letras que empezó la carrera el año en que murió Franco, por ambiente de juventud, etc., soy de este lado del foso, del del pedigrí vasco…

Ahora me doy cuenta de que durante muchos años, incluso alejada ideológica que no sentimentalmente, de mi abertzalismo de infancia y juventud, aunque he sido siempre rotundamente contraria a la violencia y nunca separatista…, a pesar de los pesares yo no veía a las víctimas de ETA como personas. Era radicalmente distinto de lo que me ocurría con los presos de ETA a quienes iba a examinar como miembro de los tribunales del título EGA, a visitar como profesora de la Facultad (durante años, hasta que me quitaron el permiso desde Instituciones Penitenciarias). Era amable con ellos; me he preguntado muchas veces si, dadas las circunstancias, habría ido igualmente a facilitar el aprendizaje, la realización de exámenes, la consecución de títulos, si aquellos hombres hubieran estado presos por delitos sexuales, por haber violado a una mujer, por haber forzado a un niño. Quiero pensar que sí, que realmente por razones humanitarias, que era lo que yo decía que me movía, les habría sonreído como les sonreí, me habrían dado pena, como me daban pena aquellos chicos de ETA en Herrera de la Mancha. Los tenía cerca. En cambio las víctimas de ETA eran para mí una abstracción, como una categoría uniforme, no los percibía como seres humanos individuales. Incluso cuando me indignaba una compañera de manifestación un 8 de marzo, que pensaba que había quien se «daba pote» por llevar escolta, las víctimas estaban lejos. Antes que de Gesto por la Paz, fui miembro de Elkarri y de Lokarri: me creía equidistante, pero estaba más cerca de ETA que de sus víctimas.

Gesto por la Paz

El mundo conceptual legado por Gesto del que he hablado antes permite que cada una busque su lugar y llene el espacio que aún le queda en el hueco que le corresponde en el puzzle que hemos de configurar colectivamente: tu narración, dónde estabas y dónde no, en qué manifestación y en cuál no, en qué contra-manifestación… Nuestra historia ha sido terrible, no es fácil el ejercicio de memoria sincera, pero es lo único bueno que podemos hacer ya. Cada una, cada uno de nosotros, es la primera beneficiaria. Siempre se habla de lo que dejamos a nuestros hijos, pero el rescate ha de empezar por una misma.

Creo que hay mucha gente que no es consciente de lo que no ha hecho, porque aquí la gran mayoría no ha hecho ni dicho nada y con ello ha contribuido a mantener el estado de cosas tal y como estaba: con ciudadanos asesinados, extorsionados, amenazados (he tenido colegas en la Facultad que han tenido que marcharse de Vitoria), mientras los demás seguíamos tan tranquilos divirtiéndonos, trabajando y descansando, dando nuestras clases, desarrollando nuestro currículum.

 

De ahora en adelante

Actualmente soy miembro de la asociación Gogoan-por una memoria digna. No hablo aquí como representante de la asociación, pero destacaré algunos principios de la misma que considero cuestiones fundamentales para un futuro en paz:

  • La inseparabilidad esencial entre el reconocimiento de la víctima (el acercamiento real a la misma) y el reconocimiento de la injusticia cometida, cosa en sí misma diferente del arrepentimiento individual de cada victimario.
  • La reconciliación no consiste simplemente en superar el conflicto construyendo puentes entre las distintas víctimas, mientras cada cual avanza en sus reivindicaciones políticas. Lo primero está bien, pero hay que dotarlo de contenido: ver qué pasó, cómo ETA fue un movimiento totalitario que no admitía disidencia. Hay que decirlo así y esto no es exigir que se pida perdón, ni humillar a nadie, ni revanchismo (a mí -y, en general, a quien callaba- no me hicieron nada).
  • Concreta y específicamente hay que decir que aquí se optó por utilizar la violencia con fines políticos y que hubo una organización que se dedicó a matar a quienes no pensaban como ellos habían decidido que había que pensar sobre nuestra historia: que pusieron sus ideas por encima de la vida humana, y que eso nos aterró y nos inmovilizó.
  • Concreta y específicamente es imprescindible verbalizarlo en los contextos de las ideas que defendían ETA y quienes la apoyaban: en el mundo de la defensa del euskera, entre quienes quieren la independencia, etc., para desvincular esas ideas esencialmente, onto­lógi­ca­men­te, en su ser, de la violencia. Hace falta decir que aquello no estuvo bien, que se cometió una gran injusticia y que la violencia no era necesaria para defender las ideas. Hay que dejar de diluirlo en un pasado nebuloso que de manera borrosa superaríamos dándonos la mano: hay que romper la épica romántica, hay que quitar todo manto (auto)protector, todo eufemismo, todo atenuante de que también los otros…, de que todos sufrimos, de que fueron años duros. Se trata en definitiva de separar el conflicto, el choque de ideas, del uso voluntario de la violencia: separar lo sentimental de lo racional, sin negar ninguno de los dos planos, para que el primero, el de las emociones, no vuelva a confundirnos. Lo difícil que nos resulta imaginar que esa separación se pueda generalizar es un síntoma de la gravedad de nuestro momento presente, de nuestra situación actual. Pero, si cada cual no afronta su propia historia, si no se mira en el espejo, no aclaramos nada; si mientras se habla de «superar» el conflicto, se justifica lo que ETA ha hecho como consecuencia necesaria de la situación política, no hay avance auténtico, no hay regeneración, no hay sanación.
  • Concreta y específicamente tenemos que denunciar los homenajes públicos a los miembros de ETA, por la educación de nuestros jóvenes y por la recuperación de nuestra propia dignidad. Hay que extirpar de esta sociedad toda complacencia con la violencia.

Para terminar, soy consciente de que este ha sido un discurso parcial, planteado fundamentalmente desde la perspectiva de la crítica a ETA. Lo he hecho voluntariamente. Como decía al principio, me interesa el análisis específico del comportamiento de quienes hemos sostenido una actitud, dicho a grandes rasgos, pasiva particularmente ante la violencia de ETA. Me he centrado en ese tipo de ciudadana o ciudadano, tanto por mi propia experiencia como porque creo que nos permite explorar factores muy importantes de la larga pervivencia de «nuestro» terrorismo. No niego otros aspectos, otros problemas, ni otros sufrimientos, pero creo que el estudio de la ciudadanía callada, de las causas y consecuencias de su pasividad merece un capítulo importante en el relato.

Analizar requiere la investigación pormenorizada sobre cada uno de los distintos componentes de un todo. La complejidad no se puede examinar en serio hablando siempre de todo. Así no se analiza, así se repite una y otra vez, en bucle, como un eco.

Considero secundaria la batalla política. Lo que reivindico aquí es la búsqueda individual de los ingredientes de ese caldo que ha impregnado esta sociedad, los componentes del ensueño que nos ha tenido adormecidos. Si no empezamos a mirarnos sin contemplaciones, corremos el riesgo de seguir así, de no completarnos como personas, de no despertar, de no liberarnos de la carga del aturdimiento, además de no reconocer, aunque sea tarde, a quienes más han sufrido.

 


Intervención de Lourdes Oñederra en el acto organizado por el Secretariado Social Diocesano en Vitoria-Gasteiz el día 12 de marzo: Paz y reconciliación/Bake eta adiskidetzea.  Apostar por la paz

Hablar de víctimas

20 miércoles Mar 2019

Posted by gogoanmemoria in Víctimas

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Etiquetas

asesinato, ética, Badajoz, Carlos M. Beristain, cárcel, Diario Vasco, dolor, El Español, Gora ETA, Gregorio Ordoñez, guardia civil, Isaias Carrasco, José Luis De Lacalle, Joseba Eceolaza, Juan Manuel García, Kepa Del Hoyo, Memoria, Mikel Zabalza, sufrimiento, víctimas de la violencia, víctimas del Estado, víctimas del terrorismo

Pintadas JLLCCuando mataron a Juan Manuel García en San Sebastián, la viuda juntó en una mesa a todos sus hijos y les formuló la siguiente pregunta ¿queréis que nos vayamos?, porque en los 80 el miedo era tan libre que a veces era mejor viajar. Después de que ETA asesinara a López de Lacalle, alguien pintó en su calle “Lacalle jódete”; no debían de tener suficiente con el tiro en la nuca. La familia de Mikel Zabalza acudió días después de su detención al cuartel de la Guardia Civil a preguntar por su paradero, “búsquelo en objetos perdidos” le contestaron. En la tumba de Ordoñez, alguien escribió “devuélvenos la bala”. A Ainara Carrasco alguien en fiestas de Arrasate se le acercó y le susurró un Gora ETA humillante, sólo hace diez años.

Relatar los detalles que explotaron antes del tiro, o durante o después resulta necesario. Porque sólo así lograremos ser conscientes del impacto que ha tenido la violencia en nuestras vidas. Incluso haciéndolo bien, planteando una transición post-ETA llena de honestidad y valores, habrá damnificados que jamás lograrán superar el haber estado dentro una diana. Es algo común: quienes han sufrido el golpe del terrorismo no terminan de ser los mismos, normal, porque el ser víctima también implica una serie de sufrimientos añadidos, que no sólo tienen que ver con el golpe directo de la violencia. Tras una amenaza hay un entorno familiar, profesional o político que pasa miedo. Y precisamente ese fue el objetivo ventajista de ETA, atemorizar a quienes tenían unas determinadas ideas.

Gesto Zumarraga 2.jpg

Diario Vasco. Acto de Gesto por la Paz en Zumarraga, 2004

Ante tanto dolor, que en algunos sectores políticos y profesionales fue cotidiano, conviene que los relatos que aparezcan sean contrastables con el pasado y que estén orientados hacia la reconstrucción del tejido ético dañado por la cultura del odio que hizo posible justificar y ejecutar tantos asesinatos. El relato nunca puede estar supeditado a la autojustificación, o a salvar un pasado que, se empeñe quien se empeñe, ya no es salvable, porque nos hirió en lo más profundo.

El relato tampoco puede mezclar situaciones de dolor o, en el ánimo de dar la sensación de que aquí hay una especie de empate de tragedias, tampoco puede plantear una especie de inflación victimaria, que lo mismo cuenta el caso de una persona asesinada a sangre fría con un tiro en la nuca por pensar diferente que el fallecimiento de un preso, responsable de dos asesinatos,  que ha muerto de un infarto en la cárcel.

Kepa del Hoyo

El Español, 2017

Hay muertes y circunstancias que nunca deberían haberse producido y hay ausencias que duelen, sin duda, pero eso no les convierte en víctimas de la violencia política. Esa equiparación supone tanto como viciar la consideración ética hacia la muerte violenta.

[Muere Kepa del Hoyo en la cárcel de Badajoz mientras hacía deporte]

Detrás de ese esquema hay algo de crueldad, porque rebaja a la víctima a una sucesión de hechos notariales, sin advertir que la seriedad moral ante la definición de qué implica ser víctima, supone muchas veces hilar fino. El discurso de la empatía ante el dolor del otro es válido, siempre y cuando no esté al servicio de la exculpación de responsabilidades.

Enfrentarnos a la verdad, implica cierto grado de desnudez porque las víctimas de la violencia no sólo nos hablan de un drama, sino que también nos descubren en nuestros vacíos, en nuestros silencios, en nuestra lejanía moral. balanzaPor eso conviene no tener la tentación de la equiparación, o aun peor, de la compensación del dolor, de ahí que sea necesario fijar con nitidez la frontera que separa a una víctima de la violencia de alguien que ha sufrido por la violencia. Y no sólo es una cuestión de preposiciones. Porque contar víctimas sin ese rigor, en realidad, es la mejor forma de despreciar un caudal sufriente que todavía está a flor de piel. Generar espacios de empatía entre víctimas exige ese paso previo.

Poner el relato al servicio de una historia exculpatoria, en lugar de utilizar el relato como herramienta para fortalecernos éticamente es empeñarse en el error de la ocultación. Porque tratar de escenificar un tiempo y lugar en el que todos sufrimos, en el que todos fuimos responsables es tanto como decir que en realidad nadie fue responsable de aquello. Porque, con esa pretensión, el relato siempre será esclavo de los horrores del pasado. Y no, no todos elegimos estar entre quienes agredían.

Aquí no han existido violencias cruzadas, ni dos ejércitos legítimos que se han enfrentado, ni mucho menos un enfrentamiento entre dos pueblos, ni tampoco una responsabilidad diluida en que “todos cometimos errores”. Que haya sufrimiento y víctimas de la violencia policial, no supone que tengamos que hacer un relato igualador, porque las víctimas no se compensan, en todo caso se suman. Como dice Carlos M. Beristain “el reconocimiento de la pluralidad del sufrimiento de violaciones de derechos humanos cometidas y el asumir la responsabilidad del estado en ello no tiene por qué suponer igualar los mecanismos de victimización ni aceptar simetrías o decir que todo ha sido igual.”

La memoria, el recuerdo, los miedos individuales y colectivos, el legado, la participación en asesinatos, los derechos de las víctimas que a su vez han sido victimarios… todo este tipo de cosas son áreas delicadas pero que requieren un consenso mayoritario. Por eso, este debate no se puede reducir a una batalla de relatos, es decir, no puede ser principalmente un debate entre una memoria idealizada y sin problematizar (casi siempre exculpatoria con los victimarios), y una visión en la que los malos siempre han sido los otros, no. Creemos que el debate ha de partir de la visión crítica para con el pasado, que trata de bucear también entre lo que no nos gusta, como única forma, en realidad, de construir un buen futuro y de quitarnos el baldón de la violencia que todavía (aunque algunos se tapen los ojos) arrastramos.

No caigamos en el error de lo difuso otra vez, porque eso supondría humillar a gente a la que durante demasiado tiempo le dimos la espalda mientras sufría.

 

Joseba Eceolaza, miembro de Gogoan-por una memoria digna

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