Antonio Duplá – Miembro de Gogoan. Por una memoria digna.
El tema de los desaparecidos es particularmente doloroso pues produce una incertidumbre total y no permite conocer que pasó, prolongando el sufrimiento y el duelo de sus allegados. Por otra parte, son delitos permanentes que no prescriben mientras los cuerpos sigan sin aparecer. Estas son algunas de las ideas que se recuerdan en la exposición “AUSENCIAS PRESENTES. Desaparecidos por el terrorismo en España/ ABSENTZIA PRESENTEAK. Espainian terrorismoagatik desagertutakoak” que se puede ver en el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo en Vitoria-Gasteiz hasta el próximo 12 de julio. La exposición, pequeña pero muy interesante, combina paneles explicativos, copias de noticias, artículos e imágenes aparecidos en distintos medios de comunicación, vitrinas que muestras distintos objetos y fotografías de los desaparecidos, una muestra de publicaciones diversas sobre estos casos y un video que recoge testimonios de familiares de las personas desaparecidas.

Cuantitativamente el tema en el caso español no tiene nada que ver con la práctica sistemática y planificada de las dictaduras latinoamericanas de los años 70, pero cualitativamente los seis casos de desaparecidos por terrorismo todavía abiertos aquí siguen siendo una causa pendiente con la verdad, la justicia y la reparación. Casos, en buena medida, bien conocidos, Naparra, Pertur, Publio Cordon, Humberto Fouz, Fernando Quiroga y Jorge García, también Lasa y Zabala, desaparecidos en 1983 y no identificados hasta 1995; otros no tanto, como los inspectores de policía José Luis Martínez y José Mª González, desaparecidos en 1976 y cuyos cuerpos descompuestos fueron descubiertos en una playa de Anglet más de un año después.
Los textos que acompañan a la exposición no son meramente descriptivos, sino que plantean preguntas, subrayan responsabilidades del Estado en el caso de Lasa y Zabala e interpelan sobre las autorías, no aclaradas todavía de forma definitiva en algunos casos, o sobre los silencios que rodean todavía a otros. Abordan también el tema de la memoria y los reconocimientos y en ese sentido resulta de particular interés, por ejemplo, que se asuma de forma explícita la posibilidad de reconocer a Naparra y Pertur la condición de víctima del terrorismo, independientemente de a quien pudiera corresponder la autoría de los crímenes, si a ETA o a grupos parapoliciales o de extrema derecha.
En resumen, una exposición que vale la pena visitar.