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Ahora, lo puedes conseguir en la Librería Cámara de Bilbao (calle Euskalduna) el libro ‘Un gesto que hizo sonar el silencio«. ¡Menos mal que quedan ‘librerías de autor’!
Tras el anuncio del cese de la actividad armada de ETA, se han publicado muchos libros -«Nuestras guerras. Relatos sobre los conflictos vascos», «El eco de los disparos» o el best seller «Patria»- e, incluso, producido algún documental -«El final de ETA»- sobre el problema de la violencia.
No vamos a entrar en la recurrente polémica sobre si los escritores en euskera y los escritores vascos en general hincaban o no hincaban suficientemente el diente al problema de la violencia y al terrorismo, más concretamente. ¿Y los cocineros? ¿Y los actores? ¿Y los cantantes? Bueno, los
cantantes… todos recordamos aún a Imanol Larzabal y el calvario que sufrió por manifestarse abiertamente contrario a ETA y a su violencia. Es muy posible que si no hubiera sido de «los pocos», si la mayoría de la sociedad hubiera hecho lo que él hizo, las cosas habrían sido muy diferentes. Pero… fue de «los pocos».
Algo parecido ocurrió con una parte de la sociedad que decidió decir BASTA. Toda la ciudadanía tuvo la oportunidad de sumarse, pero fueron «unos pocos». Su memoria, la memoria de la gente de Gesto por la Paz o de Denon Artean-Paz y Reconciliación, está recogida en un maravilloso libro titulado ‘Un gesto que hizo sonar el silencio‘.




Es de suponer que los gestores de la editorial Tusquets estarán encantados con todas las personas que nos empeñamos en decir algo sobre ‘Patria’, el libro de Fernando Aramburu. Algo parecido le ocurrió a Julio Medem con ‘La pelota vasca’; se habló tanto de ella que los productores estarían felices con la polémica creada. Bueno, que no se diga que, entre todas, no ‘impulsamos la creación’.
No queremos terminar sin comentar la referencia de Zaldua a la «escasa presencia de la vida colectiva y asociativa en la novela»: prácticamente, sólo menciona a Gestoras Pro Amnistía y al Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (COVITE). Y manifiesta su extrañeza porque no hubiera ni una sola referencia a
Un día como hoy de diferentes años, el destino unió a dos personas a causa de lo que denominamos ‘la violencia específica generada en Euskal Herria’, José María Prieto Rodríguez, miembro de Iraultza y Aquilino Joaquín Vasco Álvarez, militar retirado que vivía en Madrid.
El 31 de marzo de 1984, José María Prieto Rodríguez, miembro de Iraultza -grupo terrorista cercano a ETA- murió después de unos días ingresado en el hospital de Basurto a causa de las graves heridas ocasionadas por la explosión del artefacto que él mismo y su compañero de comando, José María Orbezua, manipulaban en pleno centro de Bilbao.
Sin embargo, el tema que más nos ha llamado la atención y en el que queremos hacer especial hincapié es el de la memoria. A partir del minuto 09:00 de la entrevista ha dicho:
-todos de tierras lejanas- son ciudadanos de Iparralde quienes tratan de liderar un ‘proceso de paz’ que parece más una ficción que una realidad. ¿Dónde estaban estos ciudadanos de Iparralde cuando ETA asesinaba? ¿Se manifestaron en algún momento en su contra? ¿Ya que los tenían tan cerca, trataron en algún momento de convencerles de ‘la paz era el camino’? ¿Para dónde miró Kofi Annan cuando siendo presidente de la ONU desde Euskal Herria se le trasladó la preocupación por lo que aquí ocurría?
Ayer informamos someramente de lo que fue el acto In Memoriam, 2017 organizado por la Fundación Fernando Buesa. Ya comentamos la intervención que ofreció Iñaki García Arrizabalaga, hijo de la víctima del terrorismo José Manuel García Cordero asesinado el 23 de octubre de 1980 fue estupenda.

José Antonio Pérez Pérez, historiador del Instituto Valentín de Foronda, ofrece este relato sobre el impacto que causó en su vida el asesinato de José María Ryan Murua el 7 de febrero de 1981.
Ayer, 4 de febrero, un grupo de ciudadan@s vasc@s realizaron un pequeño recorrido por algunas calles de Bilbao recordando a un grupo de víctimas del terrorismo.