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asesinatos, Bilbao, Domingo Duran Díaz, ETA, GAL, guardia civil, José Manuel Alba Morales, José María Aguirre Larraona, Luis Alberto Sánchez García, político, policía nacional, Rafael Leiva Toro, Santiago Brouard, terrorismo
Ayer, 4 de febrero, un grupo de ciudadan@s vasc@s realizaron un pequeño recorrido por algunas calles de Bilbao recordando a un grupo de víctimas del terrorismo.
En tan solo cuatro puntos muy cercanos, recordaron a un guardia civil, un civil, un ertzaina, un político y dos policías nacionales. A través de ellos, quisieron recordar a todas las víctimas de 50 años de terror.
- José Manuel Alba Morales, guardia civil, y Luis Alberto Sánchez García, civil, asesinados por ETA en Uribitarte el 2 de septiembre de 1990.
- José María Aguirre Larraona, ertzaina, aesinado por ETA en la plaza que lleva su nombre el 13 de octubre de 1997.
- Santiago Brouard Pérez, político, asesinado por los GAL en su consulta de médico el 20 de noviembre de 1984.
- Rafael Leiva Toro y Domingo Durán Díez (este murió ocho años después del atentado) asesinados por ETA en el atentado del 13 de enero de 1995 perpetrado contra las oficina del DNI en Juan de Ajuriaguerra.
En cada parada, leyeron un pequeño recordatorio de cada uno de ellos.
Su viuda declaró que Domingo nunca tuyo odio hacia los que lo dejaron tetrapléjico, aunque sí sentía impotencia por no poder valerse por sí mismo. Y que lo que él quería ‘es sentirse recordado’.




En enero de 1999, hace casi 20 años, la izquierda abertzale convocó una manifestación Por los derechos de los presos vascos. En principio, podría ser ‘una manifestación más’, pero en un entorno de tregua de ETA, esta manifestación tuvo como novedad contar con el apoyo de todos los partidos y grupos sociales del Pacto de Lizarra. Pasado el tiempo, se podría valorar como una exitosa maniobra de la izquierda abertzale propiciada por los mayores entusiastas de aquel famoso Pacto.

Es posible que este gesto le costara mucho, entre propios y entre relativamente cercanos que ya vieron la ocasión perfecta para desacreditar a la organización pacifista. Pero, cualquiera podría reconocer que fue la organización con una motivación más humana y ética de cuantos allí se reunieron. Esta es la
circunstancias desde que se produjo la primera muerte, la de José Pardines, hasta la última, la de Jean Serge Nerín. Somos muchas personas las que pensamos que no, que no estuvo a la altura, que no reaccionó como hubiera hecho una sociedad sana, que no se rebeló con la firmeza que lo requerían todas las atrocidades que se cometieron.


El asesinato de Ernest Lluch me sobrecogió, no sólo porque era un objetivo ‘raro’. Cada persona guarda un recuerdo, una imagen, de los sucesos que le impactan. Yo imaginé a aquel hombre tirado en un garaje, junto a su coche, tiempo y tiempo sin que nadie lo viera… y me sobrecogí. Esa imagen era como el paraguas de López de Lacalle o la barra de pan de Zamarreño.

Han pasado cinco años desde que ETA anunció el «cese definitivo de su actividad armada». Te invitamos a que escuches el programa especial que ha realizado