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Ana Rosa Gómez Moral, COVITE, crítica literaria, Editorial Tusquets, Fernando Aramburu, Gesto por la Paz, Gestoras pro Amnistía, Ibán Zaldua, Julio Medem, La pelota vasca, Mariano Rajoy, Mario Vargas Llosa, novela, Patria, Premio Nobel, Un gesto que hizo sonar el silencio, Viento Sur
Es de suponer que los gestores de la editorial Tusquets estarán encantados con todas las personas que nos empeñamos en decir algo sobre ‘Patria’, el libro de Fernando Aramburu. Algo parecido le ocurrió a Julio Medem con ‘La pelota vasca’; se habló tanto de ella que los productores estarían felices con la polémica creada. Bueno, que no se diga que, entre todas, no ‘impulsamos la creación’.
A estas alturas tratar de añadir ‘algo’ sobre el libro seguro que resulta repetitivo; por eso, es mejor centrase en lo que ya se ha dicho. En este sentido, recomendamos la lectura de la crítica de Ibán Zaldua en Viento Sur: ‘La literatura, ¿sirve para algo? Una crítica de Patria, de Fernando Aramburu‘. Es fundamentalmente una crítica literaria que, muchas de las personas que han leído el libro, compartirán. Menciona el barroquismo de su prosa; considera que «los personajes son, en lo fundamental, estereotipos, reconocibles inmediatamente, y apenas cambian a lo largo de la obra»; afirma que hay un cierto décalage temporal, una especie de anacronismos a lo largo de la novela; etc. En general, una buena crítica.
Aunque Zaldúa termina diciendo que «la mejor literatura, la que (creo yo) más acaba sirviendo para algo más, es la que se escribe como si no fuera a servir para nada», él mismo reconoce que «el hecho de que muchos vascos, entre ellos muchos abertzales, hayan leído la novela y hayan rememorado, a través de ella, lo que han sufrido las víctimas en este país, me parece un buen síntoma, al menos desde el punto de vista social. Lo mismo podría decirse de que alguien como el presidente Rajoy haya recomendado la lectura de una novela en la que las torturas llevadas a cabo por las fuerzas de seguridad del estado aparezcan como un hecho habitual. En ese sentido, no dudo de que la novela tenga alguna capacidad para contribuir al proceso de paz, reconciliación y memoria por el que tiene que pasar este país.»
No queremos terminar sin comentar la referencia de Zaldua a la «escasa presencia de la vida colectiva y asociativa en la novela»: prácticamente, sólo menciona a Gestoras Pro Amnistía y al Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (COVITE). Y manifiesta su extrañeza porque no hubiera ni una sola referencia a Gesto por la Paz. ¿Pasó Aramburu demasiados años en Alemania o es otra cosa? Lo mismo ocurre con el artículo del nobel Vargas Llosa El País de los callados que más bien parece un artículo subvencionado por Tusquets para lanzar las ventas de ‘Patria’. Este Premio Nobel no sabe -y quizás tampoco Aramburu- que hubo gente en Euskal Herria que rompió con el silencio cobarde también en pueblos muy similares al descrito en la novela. Desde aquí, les recomendamos la lectura del libro de Ana Rosa Gómez Moral Un gesto que hizo sonar el silencio.
Si a Vargas Llosa «Patria» le hizo vivir lo que dice, agárrese.
Un día como hoy de diferentes años, el destino unió a dos personas a causa de lo que denominamos ‘la violencia específica generada en Euskal Herria’, José María Prieto Rodríguez, miembro de Iraultza y Aquilino Joaquín Vasco Álvarez, militar retirado que vivía en Madrid.
El 31 de marzo de 1984, José María Prieto Rodríguez, miembro de Iraultza -grupo terrorista cercano a ETA- murió después de unos días ingresado en el hospital de Basurto a causa de las graves heridas ocasionadas por la explosión del artefacto que él mismo y su compañero de comando, José María Orbezua, manipulaban en pleno centro de Bilbao.
Sin embargo, el tema que más nos ha llamado la atención y en el que queremos hacer especial hincapié es el de la memoria. A partir del minuto 09:00 de la entrevista ha dicho:
-todos de tierras lejanas- son ciudadanos de Iparralde quienes tratan de liderar un ‘proceso de paz’ que parece más una ficción que una realidad. ¿Dónde estaban estos ciudadanos de Iparralde cuando ETA asesinaba? ¿Se manifestaron en algún momento en su contra? ¿Ya que los tenían tan cerca, trataron en algún momento de convencerles de ‘la paz era el camino’? ¿Para dónde miró Kofi Annan cuando siendo presidente de la ONU desde Euskal Herria se le trasladó la preocupación por lo que aquí ocurría?
Ayer informamos someramente de lo que fue el acto In Memoriam, 2017 organizado por la Fundación Fernando Buesa. Ya comentamos la intervención que ofreció Iñaki García Arrizabalaga, hijo de la víctima del terrorismo José Manuel García Cordero asesinado el 23 de octubre de 1980 fue estupenda.

Ayer, 4 de febrero, un grupo de ciudadan@s vasc@s realizaron un pequeño recorrido por algunas calles de Bilbao recordando a un grupo de víctimas del terrorismo.
En enero de 1999, hace casi 20 años, la izquierda abertzale convocó una manifestación Por los derechos de los presos vascos. En principio, podría ser ‘una manifestación más’, pero en un entorno de tregua de ETA, esta manifestación tuvo como novedad contar con el apoyo de todos los partidos y grupos sociales del Pacto de Lizarra. Pasado el tiempo, se podría valorar como una exitosa maniobra de la izquierda abertzale propiciada por los mayores entusiastas de aquel famoso Pacto.

Es posible que este gesto le costara mucho, entre propios y entre relativamente cercanos que ya vieron la ocasión perfecta para desacreditar a la organización pacifista. Pero, cualquiera podría reconocer que fue la organización con una motivación más humana y ética de cuantos allí se reunieron. Esta es la
circunstancias desde que se produjo la primera muerte, la de José Pardines, hasta la última, la de Jean Serge Nerín. Somos muchas personas las que pensamos que no, que no estuvo a la altura, que no reaccionó como hubiera hecho una sociedad sana, que no se rebeló con la firmeza que lo requerían todas las atrocidades que se cometieron.