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Esta mañana en el programa Hoy por hoy de la Cadena SER, la periodista Pepa Bueno ha entrevistado a Alfredo Pérez Rubalcaba. En dicha intervención ha mencionado asuntos de interés como la Vía Nanclares, una de las soluciones que ofreció el gobierno de José Luis Zapatero a los presos y presas de ETA.
Sin embargo, el tema que más nos ha llamado la atención y en el que queremos hacer especial hincapié es el de la memoria. A partir del minuto 09:00 de la entrevista ha dicho:
«Impedir que alguien pueda escribir la historia de otra manera. Y es que hay gente que lo está intentando. Esta misma escena de la entrega de las armas de la que estamos hablando, tiene parte de eso (…) Es decir, va a haber una escenificación porque ETA parece decirnos ‘mirad qué buena soy que voy a entregar las armas’ y por eso hay que decir que no, hombre, que no: que las entregáis porque no tenéis más remedio. No vengáis con cuentos. Pues debajo de esa escenificación existe la voluntad de hacer como que no hubo una derrota, sino que fue una decisión magnánima de los terroristas que dejaron de matar, nos dejaron de matar, porque quisieron. Y esto es lo que no se puede consentir«.
Aquí podéis escuchar la entrevista completa: ENTREVISTA
Parece como si las palabras de Pérez Rubalcaba estuvieran dirigidas también hacia iniciativas como las que este fin de semana ha celebrado en Biarritz el 18 de marzo el Foro Social Bake Bidea: «El desarme al servicio del proceso de paz«. Tal y como informa EITB, uno de los participantes, Mixel Berhokohirigoin –hasta hace poco conocido por ser el presidente de la organización de agricultores de Iparralde, Euskal Herriko Laborantza Ganbara-, «ha señalado que hablarán con los participantes en el desarme y con la Comisión Internacional de Verificación para definir cómo se llevará a cabo el desarme el próximo 8 de abril. A partir de ese día, ETA «ya no será una organización armada ni un obstáculo para poder avanzar en el camino a la paz«.
Resulta cuanto menos curioso que cuando no son ‘expertos en resolución de conflictos’
-todos de tierras lejanas- son ciudadanos de Iparralde quienes tratan de liderar un ‘proceso de paz’ que parece más una ficción que una realidad. ¿Dónde estaban estos ciudadanos de Iparralde cuando ETA asesinaba? ¿Se manifestaron en algún momento en su contra? ¿Ya que los tenían tan cerca, trataron en algún momento de convencerles de ‘la paz era el camino’? ¿Para dónde miró Kofi Annan cuando siendo presidente de la ONU desde Euskal Herria se le trasladó la preocupación por lo que aquí ocurría?
Lejos de las palabras que se escucharon en el foro de Biarritz -«la sociedad civil quiere involucrarse en el proceso de paz», «son conscientes de que el desarme es la clave del proceso»-, están las de Rubalcaba: «ETA llega cinco años tarde, está fuera del mundo».
Ayer informamos someramente de lo que fue el acto In Memoriam, 2017 organizado por la Fundación Fernando Buesa. Ya comentamos la intervención que ofreció Iñaki García Arrizabalaga, hijo de la víctima del terrorismo José Manuel García Cordero asesinado el 23 de octubre de 1980 fue estupenda.

José Antonio Pérez Pérez, historiador del Instituto Valentín de Foronda, ofrece este relato sobre el impacto que causó en su vida el asesinato de José María Ryan Murua el 7 de febrero de 1981.
Ayer, 4 de febrero, un grupo de ciudadan@s vasc@s realizaron un pequeño recorrido por algunas calles de Bilbao recordando a un grupo de víctimas del terrorismo.




En enero de 1999, hace casi 20 años, la izquierda abertzale convocó una manifestación Por los derechos de los presos vascos. En principio, podría ser ‘una manifestación más’, pero en un entorno de tregua de ETA, esta manifestación tuvo como novedad contar con el apoyo de todos los partidos y grupos sociales del Pacto de Lizarra. Pasado el tiempo, se podría valorar como una exitosa maniobra de la izquierda abertzale propiciada por los mayores entusiastas de aquel famoso Pacto.

Es posible que este gesto le costara mucho, entre propios y entre relativamente cercanos que ya vieron la ocasión perfecta para desacreditar a la organización pacifista. Pero, cualquiera podría reconocer que fue la organización con una motivación más humana y ética de cuantos allí se reunieron. Esta es la
circunstancias desde que se produjo la primera muerte, la de José Pardines, hasta la última, la de Jean Serge Nerín. Somos muchas personas las que pensamos que no, que no estuvo a la altura, que no reaccionó como hubiera hecho una sociedad sana, que no se rebeló con la firmeza que lo requerían todas las atrocidades que se cometieron.