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Nota de prensa de Gogoan, por una memoria digna sobre política penitenciaria y convivencia

Desde Gogoan, por una memoria digna pedimos una política penitenciaria humanitaria orientada a la reinserción de los presos de ETA y pedimos pasos de estos a favor de la deslegitimación de la violencia y por el reconocimiento del daño injusto causado.

A nuestro juicio, se debería practicar una política penitenciaria humanitaria que de manera incondicional acabara con la pena añadida que supone la política de alejamiento y se debería dar un tratamiento humanitario a los presos enfermos graves adecuado a sus enfermedades, sin esperar, en ningún caso, a agravamientos irreparables de su situación.

Asimismo, consideramos un paso importante para la convivencia que estos presos reconozcan el daño causado y deslegitimen el uso de la violencia. En nuestra opinión, el modelo de la vía Nanclares constituye un ejemplo importante ya que estos presos han caminado por esta senda desde el convencimiento de que empatizar con el dolor de las víctimas, acercase a ellas, a sus vivencias es una aportación muy valiosa para la recuperación de la convivencia.

La vía Nanclares es una referencia determinante para entender la deslegitimación del uso de la violencia y, también, como camino para mejorar la convivencia. Reconocer la injusticia del daño causado, sin más matices que la cercanía a la víctimas, es un elemento central para el futuro.

En este sentido, opinamos que colectivos como Sare, Etxerat o Kalera mantienen un enfoque sesgado, que junto a reivindicaciones parciales compartibles, amparan tratar a los presos como si fueran mártires. Estas asociaciones siguen manteniendo una épica en torno a los presos, como si estos no hubieran generado un daño enorme en las víctimas, en su entorno familiar, social y político y en el conjunto de la sociedad.

Reivindicar los derechos de las 270 personas presas no implica avalar su ideario, ni mucho menos implica avalar la teoría del conflicto, que enmarca en un enfrentamiento militar lo que ha sido una agresión a la sociedad. Matar al que piensa diferente no tuvo ninguna justificación, y recibir con honores a un preso supone una doble victimización para las víctimas, porque humilla la memoria de las personas damnificadas después de tantos años de violencia.

Una apuesta coherente por la convivencia también implica una apuesta integral y completa de los derechos humanos, y sin duda el respeto a la memoria de las víctimas está entre esos derechos.

10 de enero de 2019